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Jaime Bayly entre autobiografía y autoficción[1]

Angelo Morino

 

Jaime Bayly debuta como escritor en 1994, publicando la novela No se lo digas a nadie. Quien se hace cargo de su presentación es la histórica editorial Seix Barral, de Barcelona, responsable de la difusión de tantos ilustres escritores españoles e hispanoamericanos. En ese momento, Jaime Bayly tiene veintinueve años y ningún precedente en el mundo de la literatura. Es cierto que en Perú, su país natal, es una figura conocida, como periodista y conductor televisivo. Pero, si es inmediatamente recibido en el catálogo de una prestigiosa editorial de ultramar, es gracias al apoyo de un nombre eminente: el de su compatriota Mario Vargas Llosa. Quien, leída la novela aún inédita y habiendo quedado muy impresionado, lo recomendó a importantes directores editoriales. Y este primer parecer favorable habría hallado su confirmación en la acogida tributada por los lectores al joven debutante. Sólo en los primeros dos años, desde mayo de 1994 a marzo de 1996, son once las ediciones de No se lo digas a nadie que se suceden a un ritmo sostenido. Hasta el punto que Jaime Bayly adquiere una rápida notoriedad en todos los países de lengua española, mientras sobre su novela se rueda un film - en 1998, bajo la dirección de Francisco J. Lombardi - y comienza también a ser traducido a otros idiomas. Además, en 1997 su cuarto título publicado - La noche es virgen - recibe el importante premio Herralde para la narrativa, unificándose así el reconocimiento de la crítica y la aprobación del público.

A determinar el éxito de No se lo digas a nadie contribuyeron el ritmo siempre apremiante, con predominio de la acción sobre la descripción y con diálogos veloces, modelados sobre el habla corriente. De todos modos, más allá de la habilidad narrativa, el argumento tuvo seguramente su lugar en captar la atención y crear un cierto halo de escándalo alrededor del libro y de su autor. No son tan numerosas las novelas de temática homosexual que provienen de la América de lengua española y mucho menos si se resuelven evitando complejos ejercicios de escritura que, a menudo, concluyen por neutralizar el contenido. Pero, en No se lo digas a nadie, no se trata sólo de la temática: también el punto de vista al cual la narración se atiene es el homosexual. Por otra parte, sea en las entrevistas, sea en la vida pública sucesiva al debut literario, Jaime Bayly jamás se ha mostrado, a tal propósito, reticente. Y no es - ésta - una de las posiciones más fáciles de asumir, sobre todo proviniendo de lugares donde la tolerancia no es moneda corriente. Tiene razón Roberto Bolaño cuando afirma, justamente y refiriéndose a Jaime Bayly: "Hay que ser muy valiente para escribir sobre la homosexualidad en Perú. Hay que ser muy valiente para escribir desde la homosexualidad en Perú. Sobre todo si uno lo hace sin pedir perdón a nadie, ni a la derecha ni a la izquierda, que en este punto se parecen como dos gotas de agua o como Pili y Mili".[2] Cierto es que, más allá de la temática tratada, No se lo digas a nadie nada tiene que ver con aquella narrativa hispanoamericana, de tonalidades entre realidad y magia, cuyo referente es Gabriel García Márquez y que amplia difusión ha tenido incluso en Europa. No sorprende que la novela haya recibido la aprobación de Mario Vargas Llosa, escritor de una prosa más seca, atenta a los modos de un realismo tradicionalmente entendido.

En No se lo digas a nadie, narradas en tercera persona, se tratan las vicisitudes de un joven de buena familia: Joaquín Camino. La historia transcurre en Lima, pero con aperturas hacia otras ciudades más cosmopolitas, como Nueva York, Madrid o Miami. La obra se presenta dividida en tres partes y catorce capítulos de distinta extensión, cada uno de los cuales ilustra un determinado momento de vida del protagonista. En cuanto al período en el que se desarrolla la acción, se trata sobre todo de los oscuros años 80, con un Perú presa del terrorismo que ha cundido incluso en la capital. Comienza en un día de verano y Joaquín Camino acaba de concluir el quinto grado. Luego, sobre el último capítulo, si bien no sea indicada con excesiva claridad, la edad es aproximadamente de veinticinco años. Con semejante protagonista, retratado mientras se educa para vivir en el mundo, No se lo digas a nadie se presenta según ese género narrativo - de antigua ascendencia - conocido como "novela de formación".[3] Si no fuera porque, siendo el protagonista homosexual, la suya es inevitablemente una formación siempre postergada y, privada del canónico final, la novela asume una forma abierta. Hasta tal punto que No se lo digas a nadie se resuelve alejándose de la tradicional estructura de la novela de formación para representar, más bien, una adaptación.

Siguiendo los pasos de célebres predecesores - de Wilhelm Meister a Felix Krull y otros más -, también Joaquín Camino es un héroe que crece confrontándose con cuanto halla a su alrededor. Un héroe que apunta a elaborar un conocimiento crítico de la realidad y que, en la sucesión de los años, afronta una serie de pruebas con el fin de identificar su lugar en el mundo. Encuentra la oposición de sus padres que lo querrían diferente a como él se siente. Se enfrenta con sus compañeros de la escuela y, más adelante, con figuras relacionadas a su ambiente de trabajo. Vive su iniciación relacional que se determina a través de los sentidos y sentimientos. Pero, a diferencia de sus antepasados, el personaje de Jaime Bayly se mueve circundado por especiales obstáculos y especial hostilidad, sin un modelo al cual adecuarse. Así, anhelando vivir según su deseo, Joaquín Camino no tiene salida. Se aleja de una patria adversa y se traslada al más acogedor clima de Miami. Pero ni siquiera aquí su recorrido puede concluirse: la homosexualidad comporta un viaje que termina sólo para volver a empezar y una identidad en devenir continuo.[4] Por lo tanto, no hay que sorprenderse si, en la última página, Joaquín Camino es descrito mientras sube "por el puente de Key Biscayne" para contemplar el mar, "mordiéndose los dientes para no llorar".[5] Y no se piense en gusto por el melodrama o el énfasis, tan frecuente en novelas de tradicional estructura sobre lastimosas vidas homosexuales.

Con Wilhelm Meister o con Felix Krull, la aventura se cierra en la alcanzada madurez del héroe. Con Joaquín Camino, en cambio, un largo e incierto camino queda todavía por recorrer. Por otra parte, no ha habido padres o maestros generosos en consejos y sugerencias que hayan puesto su experiencia al servicio del joven. Es más, el mundo de padres y maestros es justamente contra el cual el protagonista se mueve, no sabiendo cómo liberarse. A su alrededor, hay un Perú representado como lugar de prejuicio racial y sexual, donde una minoría acomodada, de piel blanca, vive en la prevaricación de quien sea percibido como diferente. Por lo que respecta a la homofobia en particular, Alfonso - primero amigo y después amante de Joaquín Camino - sintetiza: "En este país hay ciertas cosas que no se deben hablar, y nuestra debilidad por los hombres es una de esas cosas. En el Perú puedes ser coquero, ladrón o mujeriego, pero no te puedes dar el lujo de ser maricón".[6] No se lo digas a nadie, refiere el título de la novela, aclarando inmediatamente así la regla según la cual un homosexual debe comportarse en cuadros semejantes al puesto en escena. Con todo, en ésta como en sus sucesivas novelas, Jaime Bayly no se deja arrastrar a fáciles victimismos o a obvias denuncias. Joaquín Camino tampoco es un personaje representado a merced de dilemas o laceraciones sobre serlo o no. Al contrario, el suyo es un retrato tomado de afuera, resuelto en superficie, a la manera di cierta narrativa que pretende ser objetiva y rechaza los sondeos en la psicología. Positivos o negativos, los sentimiento de Joaquín Camino - y de todos los que están a su alrededor - son deducibles sólo por las acciones efectuadas y por las palabras pronunciadas. No hay evaluación que sea explícitamente formulada, ninguna apreciación de orden didascálico incluida para orientar, ninguna indagación allí, donde es ya elocuente lo que el ojo se limita a captar. Y, en esto, Jaime Bayly parece haber asimilado muy bien la lección no sólo de Mario Vargas Llosa sino también de Manuel Puig, otro escritor hispanoamericano experto en la narración indirecta.[7]

Al comienzo de No se lo digas a nadie, una nota señala: "Las historias que aquí se narran sólo ocurrieron en la imaginación del autor; cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia".[8] En general, tal cautela, más que alejar la sospecha de dependencia de los personajes de la novela con personas del mundo real, tiene el efecto de aumentarla. Es justamente lo que sucede en No se lo digas a nadie, incluso porque son numerosos los rasgos que Joaquín Camino comparte con Jaime Bayly. Ambos de nacionalidad peruana, criados en familias adineradas, trabajan, primero, como periodistas y, luego, como presentadores televisivos. Ambos son homosexuales, pero se encuentran manteniendo relaciones amorosas con una muchacha de su ambiente. A propósito, ya la breve nota biográfica de la solapa del libro en la primera edición de la novela, informaba que el autor estaba casado y tenía una hija. En cuanto a Joaquín Camino, aunque estimulado por una sensibilidad homoerótica que no concede amplios espacios a otras experiencias, en un capítulo tiene una breve relación con su coetánea Alexandra. La de Jaime Bayly es - sí - una novela redactada en tercera persona, que evita tonos confesionales y toma distancias de todo lo relatado. Pero, ya desde los primeros capítulos, es clara la impresión de encontrarse frente a materiales muy cercanos a quien escribe. Y no sólo a causa de la temática homosexual que remite a un escritor homosexual. Más allá de cualquier forma de distanciamiento interpuesto, es como si en No se lo digas a nadie hubieran sido recuperadas y elaboradas precisas experiencias personales. Por otra parte, la impresión no se agota en la novela del debut. Es más, está destinada a crecer y a reforzarse con los títulos aparecidos posteriormente. En Los últimos días de "La Prensa" (1996) y La mujer de mi hermano (2002), parece que ha habido una más activa reelaboración de materiales autobiográficos. Cierto es que la primera de estas dos novelas remite a los años transcurridos por el jovencísimo Jaime Bayly como periodista en el diario "La Prensa". Pero el recuerdo se traduce en el cuadro de un determinato ambiente, reduciendo al joven Diego al papel de testigo. Pero no es éste el caso desde Fue ayer y no me acuerdo (1995) y La noche es virgen (1997) hasta Yo amo a mi mami (1999), Los amigos que perdí (2000) y los versos de Aquí no hay poesía (2001). En cada uno de estos títulos, perdura la semejanza del protagonista con Jaime Bayly. Pero, aquí, hay también otros personajes que, ya presentes en No se lo digas a nadie, vuelven con rasgos similares.

Desde la primera novela, sucede que las madres de los jóvenes protagonistas homosexuales están caracterizadas por un exceso de religiosidad y que los padres destacan por su rudeza. De aquí el rechazo hacia la familia, común a Joaquín Camino y a sus sucesores, todos precozmente iniciados en una actividad, en ambientes periodísticos y televisivos, que los vuelven económicamente independientes. Además, en su educación sentimental y sexual, se produce el encuentro con un actor de muy buena presencia física, con quien viven un amor secreto. Y varias veces, no obstante sus pulsiones, estos protagonistas se encuentran todos atraídos por una joven - Alexandra, Micaela o Melanie - con la que se dejan comprometer sentimentalmente. En cuanto a la ambientación, es siempre Lima con sus familias habituales, compactas en la defensa de privilegios que sólo la riqueza asegura. Pero, al mismo tiempo, la nueva propuesta de cada elemento implica la introducción de alguna variante no especialmente significativa. Por ejemplo, el actor del cual se enamora el protagonista de Fue ayer y no me acuerdo remite, sea al Gonzalo Guzmán de No se lo digas a nadie, sea al Sebastián de Los amigos que perdí, aunque por momentos diverja. El Mariano de La noche es virgen recuerda, sea a un personaje presente entre líneas en No se lo digas nadie, sea al Manolo de Fue ayer y no me acuerdo, pero no es exactamente el mismo. Hay un aire de familia entre Alexandra, Micaela y Melanie, que se trasladan todas a Estados Unidos, pero una a Boston, la otra a Austin y la tercera a Nueva York. Son - éstas y otras - variantes que no diferencian sustancialmente a un personaje de otro, pero que sugieren la dependencia de un mismo modelo. Como si se hubiera querido evitar la copia fiel, en modo de hacer valer siempre il principio según el cual "cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia". Pero, entre tantas pequeñas divergencias, hay una de tenor completamente diferente que remite a Jaime Bayly y a Joaquín Camino. Porque - en la realidad - el primero es un escritor, mientras - en la novela - el segundo no lo es ni pretende llegar a serlo. Es más, por este último, los libros mismos son objetos prescindibles, que no aparecen ni entre sus manos, ni en torno a él. Diferente es el protagonista de la novela inmediatamente sucesiva: el Gabriel de Fue ayer y no me acuerdo: refiriendo de sí en primera persona, declara que querría llegar a ser escritor. Pero Fue ayer y no me acuerdo es, sobre todo, el relato detallado de una dependencia de la cocaína en buena parte determinada por la dificultad de conducir una vida homosexual. El tema tampoco es ajeno a las vicisitudes de Joaquín Camino, aunque no ocupa un lugar central. De todos modos, si al final Gabriel se libera de la cocaína, es también porque se obliga a "escribir todas las mañanas"[9] y, así, afrontar la que para él es una vocación. En cuanto al Manuel del sucesivo Los amigos que perdí, es el caso de un joven escritor que, siempre en primera persona, se retrata abandonado por los amigos más queridos. Manuel ha publicado novelas de éxito, ha llegado a ser un personaje conocido, pero el remordimiento lo atormenta. Habiendo retratado indiscretamente a los que más amaba, éstos - ¿realidad o ficción? - se sienten traicionados y se alejan. Después del retrato externo de Joaquín Camino, se subsiguen otros personajes que remiten a Jaime Bayly no sólo porque son peruanos o con disponibilidad económica, homosexuales o conductores televisivos, enamorados de un apuesto actor o atraídos por una muchacha. Ahora, los nuevos protagonistas de Fue ayer y no me acuerdo y de Los amigos que perdí escriben sobre sí mimos y quedan directamente implicados en lo que están narrando. Una situación completamente diferente a la de Joaquín Camino en No se lo digas a nadie.

En el 2004, once años y nueve títulos después de su debut, Jaime Bayly publica una nueva, extensa narración en primera persona: El huracán lleva tu nombre. También aquí el protagonista es un conductor televisivo, ex toxicodependiente, que querría llegar a ser escritor de novelas. Y también aquí, impidiendo su vocación, están la vida en una ciudad hostil como Lima y el mismo trabajo que efectúa. Homosexual en un lugar y en un ambiente que tolera la homosexualidad sólo para burlarse, también él sueña irse. La ocasión se presenta como consecuencia de su relación amorosa establecida - primero en el entusiasmo, luego entre dudas siempre mayores - con Sofía. Ella es una joven bella y entusiasta, que piensa asistir a una maestría en Estados Unidos y que logra involucrar en sus programas a su indeciso enamorado. En un primer momento, se pasa por Miami y por el huracán que se abate sobre la ciudad y que, desde el título, se relaciona con el ímpetu de Sofía. Pero más adelante la acción se traslada a Washington, donde comienza a tomar cuerpo la novela largamente postergada. Así, a la crónica de un amor difícil, se entreteje otra: la de las mañanas y las tardes en las que el protagonista de El huracán lleva tu nombre se dedica a su proyecto. En Lima, el futuro se imaginaba en estos términos: "Me veo, sí, escribiendo con rabia los peores recuerdos que llevo en el corazón, novelando la guerra que he librado con mis padres desde niño, las heridas y las cicatrices que han quedado abiertas por ser bisexual en la familia equivocada y en la ciudad equivocada".[10] Pero, con el pasar de los meses, en Washington, alrededor de la novela en ciernes, crece el recelo de todos los que habrían podido ser retratados, hasta el punto que - para impedir su publicación - estalla una guerra familiar. En tanto, Sofía queda embarazada y su gravidez, en un primer momento obstaculizada por su compañero que a la paternidad y al matrimonio preferiría una vida más libre, de homosexual, es finalmente aceptada y prosigue junto a la redacción de la novela.

Dejando por un momento de lado el epílogo "Diez años después", El huracán lleva tu nombre se concluye con el nacimiento de una niña y, en el mismo día, con la afirmación de un nuevo escritor. Regresando de la clínica donde Sofía ha dado a luz a María Gracia, el protagonista recibe un fax con el que una conocida editorial española le anuncia que desea publicar su novela. La buena noticia llega en "una carta con el sello de Seix Barral" y la firma "Pere Gimferrer, legendario poeta catalán y director" de la misma editorial.[11] Algunos meses antes, en Madrid, la primera redacción de la novela había sido puesta en manos de Mario Vargas Llosa, padre de un amigo de Gabriel Barrios. El conocido escritor, después de haberla leído, había sugerido oportunas modificaciones. Pero, sobre todo, había prometido hablar de ella "con Beatriz de Moura, de Tusquets, y con Pere Gimferrer, de Seix Barral".[12] A todo esto no falta un final feliz proyectado en los años futuros, porque - esta vez en el epílogo - el protagonista resume: "He publicado otros libros, he ganado un par de premios de cierto prestigio, la crítica no ha sido despiadada conmigo y ha creído ver algunos méritos en mis libros, y puedo vivir modestamente, sin lujos, pero sin grandes privaciones, con el dinero que gano escribiendo. Me considero un hombre afortunado: gozo de buena salud y me gano la vida haciendo lo que más me gusta, que es escribir".[13] A esta altura, es difícil no creer que, quien así se expresa, no sea la voz del mismo Jaime Bayly, tanto semeja su trayectoria de vida a la referida en este final.

En El huracán lleva tu nombre no faltan elementos concertados para avalar una exacta coincidencia con la realidad. En primer lugar, aparece una serie de nombres de personas que existen en el mundo y con las cuales Jaime Bayly está relacionado. Está el nombre de Mario Vargas Llosa, indicado como responsable de la publicación de la novela escrita en Washington. Pero, aunque fugazmente, aparecen también los de Patricia y Álvaro, respectivamente mujer e hijo del escritor. En Madrid, mientras todos están reunidos para cenar, el protagonista de El huracán lleva tu nombre reflexiona: "Mi familia no es la gente que arbitrariamente me impuso la naturaleza, sino las personas que me quieren bien y me hacen feliz, que no siempre son las mismas que llevan mi sangre, y por eso me siento en familia esta noche con los Vargas Losa en un restaurante lleno de humo en Madrid".[14] Pero no es éste el único caso porque, formando parte de la familia de elección, están también los nombres de Carlos Alberto Montaner y de su hija Gina, ambos conocidos periodistas. Así como aparecen los del "gran escritor chileno"[15] Jorge Edwards, profesor de un curso al que Sofía asiste, del poeta y ensayista mexicano Octavio Paz, entrevisto en el Hotel Palace de Madrid, y del director de "Expreso" de Lima, Manuel D'Ornellas, amigo de familia. Y, más allá de los cuatro epígrafes de apertura, se encuentra el nombre del amigo y "gran maestro"[16] Roberto Bolaño, prematuramente desaparecido en el 2003, mientras se concluía El huracán lleva tu nombre. Por otra parte, son numerosas las señales según las cuales la novela al centro de El huracán lleva tu nombre - cuyo título en ningún momento es indicado - sería la del debut de Jaime Bayly. En el fax de aceptación, resulta implicada la misma Seix Barral - y su director editorial Pere Gimferrer - donde apareció No se lo digas a nadie. Además, se quiere que la novela sea el fruto de una labor que "sirve de terapia", porque quien lo escribe recorre y expone lo que sus padres "ahogaron con esa mezcla tan perniciosa de homofobia y celo religioso".[17] Y es también un "libelo gay", inspirado en la vida de su autor, que, dándole forma, se ha "convenientemente agazapado tras la ficción".[18] Todo esto coincide con circunstancias y contenidos reconocibles en los orígenes de No se lo digas a nadie. En cambio, una divergencia entre Joaquín Camino y el protagonista de El huracán lleva tu nombre es la más activa vida sexual del primero. Porque, en Washington, en la imposibilidad de vivir junto a Sofía según su propio deseo, se aclara: "Mi vida sexual es la que escribo en la computadora tecleando con más rabia de la que quisiera, rogando que Sofía no llegue todavía, que se demore un poco más".[19] De todas maneras, no son éstos los únicos datos que sugieren que, con El huracán lleva tu nombre, Jaime Bayly haya querido contar su historia secreta y la de No se lo digas a nadie. Una historia que, entre coincidencias y divergencias, se vislumbraba ya en Fue ayer y no me acuerdo o en Los amigos que perdí. Pero que, ahora, habría sido retomada con el intento de resolverla - más bien que en una novela - en una narración autobiográfica cronometrada con precisión.

Todo lo relatado en El huracán lleva tu nombre obedece a fechas implícitas y, paso a paso, conduce hasta el 1994: año en que No se lo digas a nadie aparece en comercio. La primera remisión corresponde al momento en el que la acción se traslada fuera de los confines de Perú. Si bien secundado por Sofía, el protagonista toma una decisión autónoma cuando abandona Lima. Como presentator televisivo, su actitud es la de escarnio y denuncia del "japonés felón"[20], jefe del gobierno. Así, cuando el presidente de origen nipónico Alberto Fujimori - que tal es el nombre al que se alude en el apelativo - disuelve el parlamento y asume plenos poderes, ya no hay lugar a dudas. Al día siguiente, antes que doblegarse a quien de hecho es ya un dictador, el protagonista vuela a Miami, donde esperará reunirse con Sofía, para proseguir, al final del verano, hacia Washington. En concomitancia con tal evento, ocurrido en la noche entre el 5 y 6 de abril de 1992, el alejamiento de Perú lleva al 7 de abril. Pero, queriéndose remontar a las fechas que llevan hacia 1994 y a la aparición de No se lo digas a nadie, éste es sólo el primer paso. El huracán Andrew, que enviste Florida del sud cuando los dos jóvenes se han reunido en Miami, permite proseguir esta reconstrucción temporal. Del 7 de abril de 1992 se pasa al 24 de agosto del mismo año, día recordado justamente por las desvastaciones en la zona. Entonces, los sucesivos meses de otoño e invierno en Washington - dedicados a escribir la novela sin título - serán los del 1992 y luego del 1993. Llegando al término de su labor narrativa, ahora es el comienzo de la sucesiva primavera. En efecto, entre mil y más dudas, el protagonista y Sofía se casan "un miércoles a principios de marzo"[21] y, poco después, parten para el viaje de bodas hacia Londres, París y Madrid. Y es en tal circunstancia en que se recuerda: "Estoy contento porque, en medio de tantas tribulaciones, he terminado el primer borrador de mi novela, que ahora llevo impreso conmigo, con la intención de corregirlo durante la luna de miel".[22] Es el mismo borrador que, en Madrid, en un día del ya inevitabile abril de 1993, es entregado a Mario Vargas Llosa. Pero, queriendo explicitar fechas, es útil también la evolución del embarazo de Sofía, que queda encinta - a tal propósito El huracán lleva tu nombre no da lugar a dudas - en un atardecer a fines de noviembre: el que cierra 1992. De aquí, transcurridos los regulares nueve meses, con el nacimiento de María Gracia y con el fax de Seix Barral, se está en agosto de 1993. En cuanto a la aparición de No se lo digas a nadie, ya se ha indicado: es mayo de 1994. Mismo mes y mismo año en los cuales, considerados los tiempos editoriales de rigor, sería puesta en circulación la novela de la cual se narra en El huracán lleva tu nombre. Que las vicisitudes de Jaime Bayly coincidan o no con las de su protagonista, sobre un punto ciertamente no divergen. Persona y personaje publican una novela en el mismo año, gracias a la intervención del mismo acreditado escritor y en la misma editorial. Se llega a la conclusión de que, en ambos casos, las novelas tienen también igual título. Así también se llegaría a concluir que el protagonista de El huracán lleva tu nombre, no es otro que el mismo Jaime Bayly. Si no fuera que el autor de una novela tan semejante a No se lo digas a nadie, es alguien que se llama Gabriel Barrios y no Jaime Bayly.

Una narración autobiográfica requiere, antes que nada, que se escriba a partir del propio nombre, explícitamente indicado o implícitamente deducible.[23] No es éste el caso de El huracán lleva tu nombre, si bien valga la pena señalar una semejanza de orden fonético entre Gabriel Barrios y Jaime Bayly. Pretendida o casual, una asonancia acerca los nombres Gabriel y Jaime, mientras una aliteración interviene entre los apellidos Barrios y Bayly. Pero, en su conjunto, es un hecho: los nombres de El huracán lleva tu nombre funcionan según un régimen mixto. Por una parte, hay algunos que no encuentran su correspodiente en la realidad, como los del mismo Gabriel Barrios, de su compañera Sofía Edwards, de la hija María Gracia y de todos sus familiares. Por otra, están aquellos - ya señalados - que remiten directamente al mundo real. De todos modos, en el primer caso, no parece que pueda tratarse de nombres imaginarios porque, entonces, designarían personajes de ficción. Y, deseando limitarse aun sólo a Gabriel Barrios, demasiadas coincidencias remiten a la persona de Jaime Bayly. Resulta más oportuno considerarlos nombres sustituidos, que representan una situación intermedia entre los reales y los imaginarios.[24] Porque nombres sustituidos serían aquellos con los cuales se presume que quedan designadas personas que, en la vida, se llaman de otra manera.

En cuanto a los motivos que justifican tal régimen mixto, personas como Mario Vargas Llosa o Roberto Bolaño no quedan implicadas en acciones que puedan ser consideradas indecorosas. En El huracán lleva tu nombre interpretan el mismo papel que tienen en la realidad: guían a Jaime Bayly en su trayectoria de escritor. Quienquiera lleve un nombre sustituido, en cambio, es personaje observado con ojo crítico y, en todo caso, expuesto al escarnio. Recuérdese la nota en la apertura de No se lo digas a nadie, con la cual Jaime Bayly - ahora resulta claro - se precavía de quien no hubiera aprobado el encontrarse reflejado en su novela. Recuérdese también al Manuel de Los amigos que perdí, abandonado por sus camaradas que lo retuvieron culpable de haberlos transformado en personajes demasiado reconocibles. La narración autobiográfica lleva a la escena la vida privada de quien la cuenta, pero la vida privada de un individuo, entrando en contacto con la ajena, es una compropiedad. En cuanto tal, no siempre existe recíproco consenso - entre quien cuenta y quien es contado - en la exposición de determinados eventos. Además porque al narrar de sí mismo se mezcla frecuentemente una voluntad de revancha, si no de venganza, que se traduce en tonos despiadados y en caricaturas feroces. En cuanto a los tonos, valga este ejemplo. Mientras se está encaminando hacia el tribunal donde un juez de paz lo unirá en matrimonio a Sofía, Gabriel Barrios no duda. Invadido por el rencor, reducido a "un atado de nervios",[25] prisionero de las circunstancias, declara a su compañera: "Algún día me voy a vengar escribiendo todo esto".[26] De todos modos, sustituir el propio nombre y los de las personas con las que se está relacionado no es un gesto que se cumpla sin consecuencias. Procediendo así, todo desplazamiento de la autobiografía a la autoficción se justifica.[27]

En lugar de una nota preliminar, al inicio de El huracán lleva tu nombre se lee: "A Camila, mi hija, que me enseñó a amar".[28] La dedicatoria permite identificar el nombre sustituido de María Gracia al real de Camila, pero, sobre todo, se adecúa a la historia. Antes del epílogo, con el fax de Seix Barral entre las manos, Gabriel Barrios así se despide: "Me emociono y siento que es el primero de los muchos milagros que María Gracia ha venido a hacer en mi vida. Ahora soy padre y van a publicar mi novela en España. Es el día más memorable. Por eso estoy llorando en la cocina. Todo te lo debo a ti, María Gracia, amor de mi vida".[29] Pero a no adecuarse a lo narrado en El huracán lleva tu nombre, es la dedicatoria con la que se abre La mujer de mi hermano, aparecida sólo dos años antes: "A mis hijas".[30] Y yendo aún más atrás hasta Yo amo a mi mami, es necesario tomar nota de otra dedicatoria: "Este libro es para Sandra, Camila y Paola, con todo mi amor".[31] Aceptando que el primer nombre es el real sustituido con Sofía, Jaime Bayly se revela padre de dos hijas - Camila y Paola - y no de una sola, como El huracán lleva tu nombre induce a creer. Lo que lleva a poner en alarma: acaso, lo narrado por Gabriel Barrios no debe ser considerado una narración autobiográfica o, al menos, no en los términos habituales.

En el 2005, Jaime Bayly publica una nueva novela: Y de repente, un ángel. Es la historia de un escritor poco dado a la higiene de sí mismo y de su casa,[32] que decide tomar una doméstica para remediar tal negligencia. También aquí, en la dedicatoria se subraya la existencia de varias hijas: "Para Victoria Mercedes Méndez Valenzuela, que cuida a mis hijas como si fueran suyas".[33] Es cierto que El huracán lleva tu nombre se concluye con el nacimiento de María Gracia y que, de ahí en adelante, nada impediría a Gabriel Barrios y a Sofía concebir otra hija. Pero se da el caso que, en el epílogo donde quedan comprendidos los sucesivos diez años, no se nombra un evento de este tipo. Es más, en cuanto a Sofía, ya separada de Gabriel Barrios y establecida en París con su ex novio francés, se puntualiza: "Está casada con Laurent, vive en una casa muy linda, no tiene obligación de trabajar y se dedica a cuidar a sus hijos: María Gracia, nuestra hija, y los mellizos Dominique e Isabella, que nacieron hace cuatro años y cuyo padre es Laurent".[34] Junto a la sustitución de nombres - de Jaime Bayly a Gabriel Barrios, de Sandra a Sofía, de Camila a María Gracia -, alguna otra cosa ha tenido lugar, que ha producido el alejamiento de los canónicos territorios de la autobiografía. Por otra parte, permaneciendo en tema de dedicatorias, hay aún otra en divergencia respecto a la realidad. Al comienzo de Los amigos que perdí, se lee: "A mi padre, el amigo que no perdí".[35] ¿Cómo conciliar la figura que semejante dedicatoria sugiere con los padres retratados a partir de No se lo digas a nadie? Todos violentos, todos prevaricadores, todos empeñados en pretender pruebas de virilidad de un hijo demasiado diferente a como ellos lo hubieran querido. Todos animados por sentimientos en que la amistad tiene muy poco espacio.

No obstante sus apariencias, El huracán lleva tu nombre no debe ser considerada la puntual y secreta historia de No se lo digas a nadie. En un extenso informe sobre su actividad literaria, Jaime Bayly dice: "A los veinticinco años me propuse escribir seriamente y por eso dejé la televisión y me fui a vivir a Madrid. En esa hermosa ciudad comencé a escribir mi primera novela, No se lo digas a nadie. Vivía en el piso de unos peruanos hospitalarios que me alquilaron un cuarto. Todas las mañanas, caminaba bien abrigado hasta la biblioteca pública más cercana, me refugiaba en la sección infantil, que a esas horas solía estar desierta, y escribía a mano, en un cuaderno de aspecto escolar, los primeros capítulos de esa novela. Horas más tarde, cuando me moría de hambre, salía con mi cuaderno secreto y me sentía feliz. No quería volver a la televisión. Quería seguir escribiendo el resto de mi vida. Fue allí, en Madrid, donde me sentí por primera vez un escritor".[36] Es verdad que, en la continuación de su informe, Jaime Bayly narra haber interrumpido la redacción de la novela y de haberla retomado dos años más tarde, mientras residía en "Washington con Sandra, la mujer más noble y hermosa que he conocido". Entonces, también aquí, sería el caso de una variante no sustancial, esta vez respecto a los hechos de la relidad. No serían sustanciales otras variantes que - más adelante en el mismo informe, en entrevistas o en otros textos adicionales - se manifiestan. Pero a esta altura, no interesa determinar el grado de veracidad con el cual un cierto momento de vida ha sido reconstruido en El huracán lleva tu nombre. Siendo el personaje Gabriel Barrios y no la persona Jaime Bayly a decir yo y a contar, todo desplazamiento de un proyecto autobiográfico a un proyecto novelesco queda ampliamente justificado.

Historia secreta de No se lo digas a nadie, El huracán lleva tu nombre lo es a un nivel más profundo que el anecdótico. En tal sentido, tiene razón Gabriel Barrios cuando afirma escribir una novela que a él le "sirve de terapia",[37] "un libelo gay" donde se ha "convenientemente agazapado tras la ficción".[38] Como ha sido señalado ya, todo remite de la novela sin título redactada en Washington a No se lo digas a nadie. Por lo demás, oportunamente escondido detrás de Gabriel Barrios, Jaime Bayly parece que se atuvo al mismo régimen mixto que gobierna los nombres, un poco reproduciendo la realidad y un poco sustituyéndola. Incluso porque, ¿cómo contar la propia vida sin ceder a la tentación de transformarla - al menos en parte - en una novela? ¿Cómo resignarse a exponer cotidianas llanezas cuando, escribiendo, es tan fácil corregirlas con unos toques de extraordinario? Autobiografía y autoficción son géneros narrativos entre los que interviene una línea divisoria mucho menos clara de lo que se podría creer. Porque, en mayor o menor medida, más o menos intencionalmente, todo autobiografía es también una autoficción. Porque escribir la historia de la propia vida confina siempre, por un motivo o por otro, con el escribir la novela de la propia vida.

En el final de Fue ayer y no me acuerdo, el protagonista, decidido ya a no usar más cocaína y a vivir su sexualidad a la luz del día, escribe una larga carta a sus padres. Entre otras cosas, afirma: "He descubierto a golpes que hay homosexuales decentes e indecentes; que los hay buenos, sensibles y generosos como los hay egoístas, vulgares y tontos. Es igual que el mundo heterosexual: hay gente buena y gente mala, gente culta e ignorante, gente avara y generosa. Yo quiero ser un hombre decente. Sólo podré serlo si aprendo a quererme y respetarme como soy. No puedo ser una buena persona, no puedo querer bien a los demás, si no acepto mi homosexualidad".[39] De No se lo digas a nadie a El huracán lleva tu nombre, la obra de Jaime Bayly gira alrededor de este tema: la asunción y reivindicación de la homosexualidad como legítima modalidad del vivir. Pero, al inicio, Joaquín Camino es un héroe que no logra cerrar su trayectoria como Wilhelm Meister o Felix Krull. Al grado que su aventura, si por ciertos aspectos está emparentada con las de las novelas de formación, por otros, remite a aquellas sobre las cuales están estructuradas las novelas picarescas y cierta descendencia suya. En fin, que gracias a la ironía de la que Jaime Bayly sabe hacer buen uso, Joaquín Camino es también un simpático canalla, que aspira a obtener provecho de las situaciones y pasa a través del mundo cambiando continuamente de piel. Pero si No se lo digas a nadie es anómalo en cuanto novela de formación, no sucede así a El huracán lleva tu nombre, donde un recorrido formativo en la más clásica de las tradiciones logra contarla.

En Washington, frente a las insistencias de Sofía para que asista a los cursos de una maestría, Gabriel Barrios anota: "Yo no sueño con ese diploma, sino con una novela que me afirme como escritor, avergüence a mis padres por cucufatos e intolerantes, y sea una forma de venganza y redención, que me libere de las culpas del pasado y me permita salir del armario y revelar, entre las sombras borrosas de la ficción, al bisexual torturado que habita en mí y que el público que me festejaba en la televisión ignoraba casi por completo".[40] Por otra parte, desde el principio, cuando todavía vive en Lima, el objetivo de Gabriel Barrios es el de llegar a ser "un escritor y no un periodista de televisión que entrevista gente famosa como si le importase, cuando en realidad sólo le importa cobrar su sueldo y salir en los periódicos".[41] En su trayectoria, no falta tampoco la figura de un maestro - si no de un padre electivo - que lo acompañe y le dé el ejemplo. Aún antes de conocerlo personalmente en Madrid, Gabriel Barrios considera a Mario Vargas Llosa "uno de mis grandes héroes literarios, a quien admiro no sólo como creador de ficciones, sino como agitador intelectual, como un pensador que no teme ir a contracorriente y desafiar los tópicos".[42] Pero, sobre todo, el final de El huracán lleva tu nombre - primero con el fax de Seix Barral y después con los "Diez años después" del epílogo - indica cómo, si bien el protagonista sea homosexual al par de Joaquín Camino, esta vez no encuentre efímera escapatoria en una fuga a Miami. Gabriel Barrios cede al espíritu de venganza que comporta escribir una novela sobre su vida, exponiendo a público ludibrio a los responsables de sus complejos de culpa. Pero, según él, la literatura vale como redención personal y, en tanto, como afirmación de una homosexualidad vivida en los términos de un derecho. Su recorrido formativo no podía concluir mejor. Ni siquiera el amor más rosa falta en este final: se llama Martín y es argentino. Sobre él, en las últimas frases del epílogo, un Gabriel Barrios ya encaminado hacia los cuarenta confía: "Es muy joven, trece años más que yo, y tiene un cuerpo muy alto y delgado que yo encuentro bellísimo. Martín dice que quiere ser escritor. Está escribiendo una novela. Mientras tanto, colabora en una revista de modas, me promete que irá pronto al gimnasio y me enseñará a patinar".[43] Y mientras en el mismo 2004 en el que aparece El huracán lleva tu nombre, llega también un libro intitulado Mi amado Mister B.[44] Se narran allí los amores de Martín Alcorta, un joven periodista, con Felipe Brown, famoso escritor de nacionalidad peruana. Pero, esta vez, el texto no lleva la firma de Jaime Bayly, como se habría podido esperar. El libro es la ópera prima del argentino Luis Corbacho, cuyo nombre sustituido Martín Alcorta se presume tendrá que ver con el de Martín con quien se confiaba Gabriel Barrios. En fin, Jaime Bayly ha hecho escuela y, después de haber transformado continuamente a personas de su vida en personajes de sus novelas, es él mismo a ser objeto de una historia entre autobiografía y autoficción.

 






Notas


[1] Este artículo ha aparecido - con el título La storia segreta di un romanzo - como posfacción a la traducción italiana de El huracán lleva tu nombre (L'uragano ha il tuo nome, Sellerio, Palermo 2006). Lo propongo aquí con alguna modificación y algún añadido, traducido al español por Silvia Gambarotto.

[2] Roberto Bolaño, Entre paréntesis, Anagrama, Barcelona 2004, p. 303.

[3] De la amplia bibliografía sobre el Bildungroman, véase especialmente Franco Moretti, Il romanzo di formazione, Einaudi, Torino 1999.

[4] Sobre éste y otros aspectos de la vida de un homosexual, véase en particular Didier Eribon, Réflexions sur la question gay, Fayard, Paris 1999.

[5] Jaime Bayly, No se lo digas a nadie, Seix Barral, Barcelona 1996, p. 358.

[6] Ibid., p. 140.

[7] Reforzando la impresión de esta preferencia, en El huracán lleva tu nombre, se puede individualizar la cita del título de la última novela de Manuel Puig: Cae la noche tropical (1988). Como un homenaje o un gesto de admiración hacia un narrador preferido. En efecto, cuando el huracán Andrew está acercándose a Miami, se lee: "Cae la noche tropical y se instala una quietud desusada que parece presagiar el desastre mayor" (El huracán lleva tu nombre, Planeta, Barcelona 2004, p. 138).

[8] Op. cit., p. 6.

[9] Jaime Bayly, Fue ayer y no me acuerdo, Seix Barral, Barcelona 1995, p. 298.

[10] Op. cit., p. 134.

[11] Ibid., p. 457.

[12] Ibid., p. 407.

[13] Ibid., p. 460.

[14] Ibid., p. 408.

[15] Ibid., p. 160.

[16] Ibid., p. 81.

[17] Ibid., p. 184.

[18] Ibid., p. 407.

[19] Ibid., p. 185.

[20] Ibid., p. 91.

[21] Ibid., p. 274.

[22] Ibid., p. 394.

[23] A tal propósito, véase Philippe Lejeune, Le pacte autobiographique, Seuil, Paris 1975, pp. 13-46.

[24] Sobre nombres reales, imaginarios y sustituidos, véase Philippe Lejeune, Moi aussi, Seuil, Paris 1986, p. 35-36.

[25] Op. cit., p. 353.

[26] Ibid..

[27] Con autoficción se entenderá esa forma de la literatura del yo en que proyecto autobiográfico y proyecto novelesco se funden, en modo que la realidad del yo mismo es "sentida (o sospechada) como ficción". Véase Philippe Forest, Le Roman du Je, Pleins feux, Paris 2001.

[28] Ibid., p. 5.

[29] Ibid., pp. 457-58.

[30] Jaime Bayly, La mujer de mi hermano, Planeta, Barcelona 2002, p. 5.

[31] Jaime Bayly, Yo amo a mi mami, Anagrama, Barcelona 1999, p. 7.

[32] El escaso cuidado de sí mismo y de la propia casa es un rasgo que caracteriza frecuentemente a los protagonistas escritores de libros en Jaime Bayly. Desde este punto de vista, el de Y de repente, un ángel resulta muy cercano al Gabriel Barrios de El huracán lleva tu nombre. Lo que es una enésima comprobación de la similitud de personajes y situaciones que se observa de un título a otro en Jaime Bayly.

[33] Jaime Bayly, Y de repente, un ángel, Planeta, Barcelona 2005, p. 5. En todo caso, el nombre real Victoria Mercedes Méndez Valenzuela echa sombras de duda sobre otros eventos narrados en El huracán lleva tu nombre. Si bien nada impide que una gobernanta de lengua materna española viva y desarrolle su actividad en París, esto lleva a pensar que, acaso, es sólo la Sofía de Gabriel Barrios - y no la Sandra de Jaime Bayly - la que se casó con un francés y se trasladó a vivir en la Ciudad Luz.

[34] Op. cit., p. 461.

[35] Jaime Bayly, Los amigos que perdí, Anagrama, Barcelona 2000, p. 7.

[36] Véase http://www.zonacronica.org/index.php?option=com_content&task=view&id=91&Itemid=42.

[37] Op. cit., p. 184.

[38] Ibid., p. 407.

[39] Op. cit., p. 301.

[40] Op. cit., p. 134.

[41] Ibid., p. 41.

[42] Ibid., p. 406.

[43] Ibid., pp.461-62.

[44] Luis Corbacho, Mi amado Mister B., Planeta, Santiago de Chile 2004.





— per citare questo articolo:

Artifara, n. 6, (gennaio - dicembre 2006), sezione Monographica, http://www.artifara.com/rivista6/testi/bayly.asp


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ISSN: 1594-378X



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