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El léxico de marinería: una fuente de la germanía y de la picaresca

Beatriz Sanz Alonso

 

La trascendencia, preponderancia y protagonismo del mar y la marinería eran obvios en la Sevilla de los siglos XVI y XVII.

Sevilla era una de las ciudades más pobladas y animadas del mundo (aproximadamente 150.000 habitantes a finales del XVI), que se convirtió en la babilonia de España, paraíso del hampa y la delincuencia[1]. Fue el asiento de los mayores contrastes sociales, vitales y económicos; y la ciudad donde vivían más rufianes, putas, valentones, bravos y ladrones de toda índole y catadura, que rehuían y rehusaban la sociedad española, creando una microsociedad paralela y marginal con sus propios valores y jerarquías. Era, en conclusión, una ciudad paradójica, emporio de toda riqueza y de toda miseria y depravación.


Esa rufianesca, la “gente de heria y pendón verde”, frecuentaba los bodegones y garitos de juego; se reunían en el Patio de los Naranjos y en las gradas de la catedral, en el claustro de las iglesias, en el matadero, en el Campo de Tabladas, en la cárcel y en las mancebías. En las gradas de la catedral no sólo se refugiaban los rufianes, jácaros, izas, ... y urdían sus desmanes, sino también cerraban en ellas sus tratos los mercaderes, se publicaban las Ordenanzas, se pregonaban los edictos, etc.

Pero las zonas más cultivadas por los germanos eran el Arenal y el Compás. El Compás estaba entre el Arenal y la antigua muralla, la Torre del Oro. Su mancebía fue la más dotada, famosa y concurrida de la ciudad.

A la mancebía del Compás se accedía por una trasera grande, el golpe, y dentro, en torno al patio, estaban las boticas de las izas, marcas, marquisas, rabizas, colipoterras, maletas, yeguas...

El Arenal de Sevilla estaba junto al puerto. Era también zona de gran afluencia de malhechores y todo género de gente de mal vivir que, en número extraordinario, circulaba por esta zona, pespunteados por una innúmera cohorte de mendigos y pedigüeños que acosaban -y avizoraban- casas, iglesias y viandantes.

Toda la mosconería germanesca venía a la miel de las riquezas sevillanas, sobre todo las que llegaban de América.


Tras el descubrimiento del mundo nuevo, la corona castellana necesitaba designar una ciudad como cabecera y base de todo su tráfico marítimo con las Indias[2]. Debía ser una ciudad con puerto importante, preferentemente interior -para prevenir piraterías, ataques y contrabando-, y situada en la derrota más corta hacia las Indias. Todo ello convenía a Sevilla, y en 1503 se creó en la ciudad la Casa de la Contratación.

En el s. XVII Sevilla ya tenía una Universidad de mareantes, de la que era diputado, entre otros, Tomé Cano cuando en 1611 escribió su Arte para fabricar naos, con la intención de renovar la flota española que quedó malparada tras el desastre de la guerra contra Inglaterra[3].

Es tanto el tráfico naval y de tan preciosas y preciadas mercaderías, que desde finales del XVI se crea una gran Armada guardacostas para evitar y perseguir el corsarismo. De hecho, ya desde mediados del XVI había en activo dos armadas guardacostas en el sur, la Armada del Reino de Granada y la Armada guardacostas de Andalucía, cuyo centro era la Casa de la Contratación de Sevilla. A esta segunda armada, la corona castellana confió la protección de los navíos que hacían la carrera de Indias, sobre todo aquellos que venían cargados de metales preciosos[4].


Así pues, durante los siglos XVI y XVII Sevilla era centro y sede de toda clase de naos, navíos, galeras, galeones, barcas, chalupas y todo lo que pudiera hacerse a la mar[5].

Congregaba a marineros, mareantes, carpinteros, cordoneros, armadores, calafateadores, gente de guerra, gente de remo, pilotos, cómitres y un sinnúmero de personas vinculadas directa o indirectamente con la navegación y la marinería. Es decir, Sevilla era una ciudad marinera.

Y en una ciudad articulada en torno al tráfico marítimo, del que vivía buena parte de la población, y entre un amplísimo grupo social marginal de jaques y ladrones que muchas veces pagaban sus delitos con las galeras, necesariamente tiene que haber mútiples referencias a lo marinero. Ello en metáforas de la germanía, pues los germanos, en palabras de Cristóbal de Chaves[6], “no ay cosa criada en este mundo que no le tengan puesto otro nonbre diferente del que tiene; y es afrenta entre ellos nonbrar las cosas por su propio nonbre”.


El léxico que presentamos aparece en obras germanescas y picarescas, pues es fundamental la germanía en la picaresca española.


1. Podemos dividir los términos de germanía relacionados con la marinería en cuatro campos léxicos: embarcaciones, navegación, artes y aparejos de pesca, y otros términos relacionados con la navegación.

1.1. Léxico referido a embarcaciones

Dentro del primer campo, el de las embarcaciones, destaca sobre todas las otras referencias el navío, o sea ‘el cuerpo’ o ‘la propia persona’[7]. Veamos algunas ocurrencias[8]:


Ac. 1: ‘cuerpo’: "Y sin pasar sorna en puerto/ ni dar el nauío a la piltra...". (Hill, 74)
. "Gástese mi rancho todo,/ aunque me quede sin rancho,/ pues mi navío y rodancho/ á tan buen gusto acomodo". (Carcel, 104). Acepción que encontramos también en Hill (47, 59,..) y en Fiel (I, 243).
Ac. 2: ‘persona’: "Son dos sogas que le habían dado cabo a este navichuelo recién llegado al agua de la corte". (Guía, 53)

El cuerpo también se llama nave:


. “Pilla azuelos y varales,/ (...)/ mete velas a la nave,/ por timón lleua el oydo./ Vase el rufo a mariscar". (Hill, 64)
. "A qué puerto irá mi naue/ sin alma y sin Catalina;/ pues mi biuir es torneo/ en pensar que te perdía". (Hill, 76),

se llama balandrán:


"Al muñeco Rompegalas/ y al mozo del Cardenal,/ por mirones de la Roma/ les sacudí el balandrán". (Hill, 205),

y se denomina barca:


"Después, en cabo de Palos,/ dio el pobrete con su barca,/ y hecho racimo con pies/se meció de mala gana". (Bailes, 1262)

Cuando se juntan varios rufianes y ladrones forman la esquifada -o cherinola esquifada-:


"Aquí tienen sus bateles,/ aquí hinchen su esquifada/ gran runfla de espadachines,...". (Hill, 68; también en Hidalgo).
. "Los maestros de las chanças,/ los desflorados y macos,/ la cherinola esquifada". (Hill, 83; también en Hidalgo y Salillas, 41),

o el batel:


"Aquí tienen sus bateles,/ aquí hinchen su esquifada/ gran runfla de espadachines,...". (Hill, 68; también en Hidalgo),

y constituyen la caleta (< cala ‘ensenada, fondeadero’):


"Introdújome en caleta/ con cartas de no sé dónde;/ o el achaque daba lumbre,/ o cobraba dellas portes". ( Jac. 1226)

Los rufianes son los corchapines:


"No ay corchapín que nauegue/ de buen pelo o de mal traje,/ que no me rinda su gaje,/ ni marquiça que le niegue/ a mi marca vassallage". (Hill, 34)
"Pasteles tengo, mancebitos hampos;/ mas no son para ellos, cochapines". (Rufián, 146). También en Hill (36),

son los bergantines[9]:


"No te faltarán coymeras/ que te aconsejen que quieras/ uno desos corchapines;/ mas yo daré vergantines/ si el juego sale de veras". (Hill, 36),

y , sobre todo, son la carda ‘el hampa’ o la gente de la carda[10]:


Carda: "El árbol más copetudo tiene muchos pedazos en las zapaterías, algunos zoquetes en las cardas...". (Torres, 110)

Oficial de la carda: "Anduve por todo él gastando lo que no tenía, hecho un muy gentil pícaro de donde di en acompañarme de otros como yo; y de uno en otro escalón salí muy gentil oficial de la carda". (Guzmán, 633). También en Hill ( 92).
Gente de la carda: "Huyó la gente de la carda". (Estebanillo, 1739). También en B. dram. (53), P. sat. (609, 1021), Hora (224) y Torres (110).

De la voz carda deriva cardo ‘mancebo de la carda’:


"Aquí vive el pimiento y la mostaça,/ colérica muger, que no se aplaca/ sin muchos tumbos de limeta o taza./ Aquí se logra la cansada vaca;/ aquí festexa el cardo a la pimienta,/ y al pulpo el labrador al campo saca". (Pícaro, 309)
"Di, ¿quién te hizo enconía?/ ¡Por vida de mi çuardo!/ que al briar de Santa María,/ ni la mar no le valdría/ ni avn lo hueco del cardo". (Reinosa, 66)

El comercio y la defensa por mar se apoyaba en los galeones, soberbios y principales bajeles de vela que prestan el nombre a los germanos para designar a los jayanes tenidos y a las prostitutas de postín:


Ac. 1: ‘jayán tenido’: "Que, como ya hubiese número de veinte y seis galeones y trujésemos inquieta la cárcel, temió el alcaide no le hiciésemos algún guzpátaro". (Guzmán, 875)
Ac. 2: ‘puta de postín’: "Galeón tusona/ ten desde luego/ la carrera de Indias/ por tu paseo". (Bailes, 1278)

En la vida rufianesca tres partes del cuerpo son fundamentales: las manos -para robar, pelear, etc.-, los pies -sobre todo cuando hay que huír- y, lógicamente, los órganos sexuales. Para todos ellos hay metáforas relacionadas con la navegación.

Y así el pie será el esquife:


"... dos patas, dos esquifes con juanetes;/ por manos dos cazones y diez gatos;/ en el mirar trescientos garabatos". (P. sat.),

mientras que el frojolón[11] y el bajel[12] designan el pene:


"Mal le haga Dios a quien no's lo metiere todo (...) ¡Y mirá como desarmo! ¡Tal frojolón no tenéis!" (Lozana, 164)
"Mas en esta hora piensa tomar puerto mi presuroso bajel". (Justina, 765)


Los rufianes vivían del dinero que ganaban sus prostitutas o fragatas:


" Pues que somos fragatas,/ hoy le sitiemos. Para darles caverna/ me sobra sebo". (B. dram, 34)
"No ay miedo que se escape/ de aquestas quatro fragatas;/ aunque sitiado me tienen/ yo me voy de boga arrancada". (B. dram. 7)


Pero sobre todas las embarcaciones, la voz más productiva en germanía ha sido gura[13] ‘la galera’. Ello es lógico si pensamos que eran muchos los jácaros, jayanes, bravos y ladrones de todo tipo que pagaban sus delitos con la condena a galeras[14].

Las galeras, como todos los navíos, tenían su organización interna. A principios del XVI aparece la figura del capitán, mando superior y único de la galera. Con ello, los de piloto y cómitre se convierten en cargos técnicos encargados, respectivamente, de dirigir la navegación y dirigir la propulsión rémica que hacía la gente de remo. Subordinados al capitán estaban los aventajados, que eran caballeros combatientes con experiencia marinera, y los entretenidos, también caballeros combatientes, pero bisoños. Los condestables eran los responsables del uso, conservación y vigilancia de la artillería. La gente de remo era la chusma[15], que se divide en buenas boyas, o remeros contratados a sueldo con un contrato a término, y los galeotes[16]: forzados y esclavos.

Las galeras son las guras o gurapas:


Gura: "Son también bienhechoras nuestras las socorridas que de su sudor nos socorren, así en la trena como en las guras". (Rinconete, 82)

Gurapas: "No han padecido sino cuatro en el finibusterrae, y obra de treinta envesados y de sesenta en gurapas". (Rinconete, 74). Es voz que aparece también en Hidalgo, en Hill (65, 70...), Bailes (1272), Urdemalas (288), Isabel (575), Corte (21) y B. dram. (259).

De dicha palabra árabe deriva también gura, término genérico para designar alguaciles, corchetes y oficiales de la justicia:


"Me llevaron preso y entregaron a la guardia (...); y viendo que mi amo se volvió a Bruselas y me dejó triste y desamparado en poder de la gura, me acabé de desmayar". (Estebanillo, 1780). Voz que también está en Hidalgo, en Isabel (574), Moro (626) y Hill (41).

Otros derivados son guro ‘alguacil’, guro del grado ‘el juez’ y gurón ‘alcaide de la cárcel’:


"El procurador que nos defiende del guro". (Rinconete, 82)
"Yo que fui norte de guros,/ enseñando a navegar/ a las godeñas en ansias,/ a los buzos en afán". (Jac. poe., 352). Palabra que se recoge también Hidalgo, Jac. (1229), Bailes (1283), Hill (22, 58) y Viaje (301-302).

"Apeló por él su alibio/ a los guros de los grados,/ van a hacer relación/ y confirman, sin embargo". (Hill, 90)

"Notifican la sentencia/ al birlo y iaque Maladros./ Óyela, acude el gurón/ auiéndole dado el bramo". (Hill, 90)

Quizá también tenga relación con los navíos la voz barcel ‘cárcel’, que es, posiblemente, un cruce de significantes y significados de barca y cárcel:


"Vos entrujad el cayrón,/ no demos en el barzel,/ que hago voto solene/ que pueden doblar por él". (Hill, 29). También en Covarrubias.

Dentro de la embarcación, el lugar en que se alojan los marineros es el rancho[17], metáfora común que va a dos campos léxicos, el marinero y, como era de esperar, la germanía, en la que se usa con dos acepciones: ‘el calabozo’ y ‘el espacio del calabozo que corresponde a cada preso’:


Ac. 1: ‘calabozo’: "En mi rancho los hay. Si esto me gana, me voy a mi rancho y me cubro la delantera con una hoja de higuera".
"... por el contrario, si confiesa, no le admiten en su alojamiento, que llaman rancho, y trátanlo de manera que se viene a acomodar con la peor jente de la prisión". (Relación). También en Hill (90).
Ac. 2: Espacio del calabozo que corresponde a cada preso': "... los quales por cada rancho que es lo que ocupa una cama rodeada de una frasada o guadamesil por delante [le paguen] sinco o sies reales por cada mes". (Relación)
"Nos encerraron en la prisión. (...) Como yo fui a mi rancho, hallé a Pedroso echado". (Pasamonte, 12)

Ningún barco podía navegar sin la arboladura. Los navíos, galeones, bajeles y fragatas germanescos no eran una excepción, por ello el árbol designa el cuerpo, como vemos en:


"A todo presente el árbol/ ya vasido de mi vida,/ y plántenlo en la salud/ que dizen Santa María". (Hill, 77)
"La red con que curo el árbol/ mil guzpátaros tenía". ( Hill, 73); también en Hidalgo.

Agobiar el árbol: ‘doblar, agachar el cuerpo': "Gregorio, agobiando el árbol,/ temblando sin ser de frío/ y con el calco en la tierra/ haziendo sonsonetillo...". (Hill, 209). En Hidalgo arbolado ‘crecido, levantado’.



1. 2. Campo léxico de la navegación

Todas estas galeras, navíos, fragatas, naos, fustillas, bajeles, guras, etc. seguían diversos derroteros y rumbos, bien en cada ciudad o villa, bien de una parte a otra. Durante su singladura los de la vida airada arribaban a diversos puertos, pero no fondeaban en todos, pues eran innúmeras las posadas, tabernas, pueblos, ventas, mancebías, etc. en que podrían varar sus embarcaciones. Cuatro eran las grandes zonas de germanía en los siglos XVI y XVII: la castellana vieja -con centros en Valladolid y Medina del Campo-, la de la nueva Castilla -con eje en Toledo y en el Madrid de la corte-, la valenciana -posterior a las otras tres- y, sobre todas ellas, la andaluza -cuyo puerto principal era Sevilla y algunos atolones próximos-. Putas y rufianes de toda índole debían estar en continuo movimiento huyendo de la justicia, de las venganzas, de las deudas de juego, etc. Con lo que las mercaderías germanescas se renovaban continuamente en los centros citados. Por ello son numerosas las metáforas relativas al navegar. La primera de ellas está referida, por supuesto, al rumbo. Era tan importante tomar una dirección o mudarla, que rumbo tiene cinco acepciones distintas. La primera, significa ‘la vida airada, ‘la fanfarronería’:


"El cual, como estaba hecho al trato de las almadrabas, donde se ejercita todo género de rumbo y jácara,...".
(Fregona, 182)
"¡Basta señor Ganchoso!/ O logue luenga, y téngase por dicho,/ que entrevo la flor y todo rumbo". (Rufián, 111);

la segunda, el ‘peligro’ y ‘la discusión’:


"El rufo, viendo tal rumbo,/ cala el techo y del se guiña". (Hill, 78)
"Ay que si la Pérez/ se tarda mucho,/ biue Dux que a de auer/ bofetada y rumbo". (Hill, 104). Acepción que también aparece en Hidalgo, en Salillas (44), en Cárcel (103) y Hill (80,...);

la tercera es la 'noticia':


"Suena el rumbo por la trena/ cómo libró el Souerano/ a Ranchal de la cadena". (Hill, 41)
"Cuando oyó el rumbo, aprestose/ de su baldeo y quadrado". (Hill, 87)
"Con gran fuño andaua el rumbo/ de vna parte a otra en la percha,/ condenando y asoluiendo". (Hill, 101);

también se refiere al ‘donaire' y la 'gracia':


"Y tú, marca godeña entre las godas,/ hecha de rumbo, entolda tu navío". (Hill, 47)
"La uide venir tanbién,/ no con godeñas campanas/ ni con el rumbo que suele/ porque sin él haze rayas". (Hill, 43),

y, por último, al ‘ruido’ y ‘alboroto’:


"Con grande rumbo y tropel/ a la trena lo han lleuado". (Hill, 62)
"Plega a Dios que el rumbo que hemos hecho y alboroto no nos salga á la cara". (Mazalquiví, 67)

Las prostitutas son damas de todo rumbo y manejo:


"Sucedió que en este tiempo llegó a aquella ciudad una dama de todo rumbo y manejo". (Vidriera, 198);

y al hecho de marchar a otro lugar, buscando vientos más favorables, se le llama mudar rumbo:


"Entre la gente mezclado/ mudó rumbo y caló velas/ del Corral de los Naranjos". (Hill, 88)
"Mudó rumbo y dio en garfiña:/ rastillaua en cruz y en garo". (Hill, 84)

Para singlar (‘ir ‘, ‘andar’: "No sé cuándo,/ andava tras mí singlando/ una moça asaz garrida". Representaciones, 152) y mudar rumbo era necesario calar las velas. Pero si lo que necesitaba un jaque era apresurarse, debía meter velas a la nave o, utilizando todo su potencial, ir a remo y a vela:


"Entre la gente mezclado/ mudó rumbo y caló velas/ del Corral de los Naranjos". (Hill, 88)
"Al que aferran en sus garras/ de faxas los guarnecían./ Por esso calo las velas/ y me voy para Seuilla". (Hill, 74)

"Pilla azuelos y varales,/ tenaza, escoplo y martillo,/ mete velas a la nave,/ por timón lleva el oydo". (Hill, 64)

"Y vi a este Garuño estar velando/ y qual si fuera grulla en centinela;/ y al difunto los pies encaminando/ acudía a su socorro a remo y vela". (Hill, 162)

Las marcas, izas, pobretas, maletas y todo género de prostitutas o fragatas pasan la vida en movimiento bien bogando o ya navegando y navegando en ansias, es decir, fornicando. Veamos algunos ejemplos:


Bogar: "Sospecha que algunas izas/ de las que en Sevilla bogan/ se le usurpan y sonsacan". (Jac., 1217)
"No ay miedo que se escape/ de aquestas quatro fragatas;/ aunque sitiado me tienen/ yo me voy de boga arrancada". (B. dram. 7)

Navegar: "La niña, como novata,/ no sabe navegar, no".(Bailes, 1265)
"Haz tu curso, niña/ si es que navegas;/ no de puerto en puerto,/ de puerta en puerta". (Bailes, 1277). También en Hill (33) y Jac. (1219).

Navegar en ansias: "Yo que fui norte de guros,/ enseñando a navegar/ a las godeñas en ansias,/ a los buzos en afán". (Jac. poe., 352). También en P. sat. (603) y Bailes (1263).

Las prostitutas, a las que remolcaban los jácaros ("Esta ansia traya la marca/ llena de imaginaciones,/ sin cuydar de la cayría/ sino de quien la remolque". Hill, 79-80; también en Hidalgo) daban o palmaban las ganancias que obtenían con su navegación a sus bravos que, además del oficio de chulos y matantes, tenían el de ladrones. La cofradía ladronesca, la caleta, pasaba la vida rabeando y mareando, tras lo cual recalaban en los puertos de posadas y mancebías:


"Introdújome en caleta/ con cartas de no sé dónde;/ o el achaque daba lumbre,/ o cobraba dellas portes". (Jac, 1226)

"¡O rufo taymado,/ qué bien has hablado!,/ respondió la niña;/ del desorejado/ no en balde te veo,/ señal de rabeo,/ del asa menguado,/ miçor de la cerra". (Hill, 27)

"Yo pulo el turrón e sé marear". (Reinosa, 73)

Puerto: ac. 1: ‘posada’: "Y sin pasar sorna en puerto/ ni dar el nauío a la piltra...". (Hill, 74; Hidalgo)
"... a un buen puerto la encamina/ de un amigo y camarada/ que muy bien lo conocía./ Dales percha, piltra y roço". (Hill, 75)
Ac. 2: ‘mancebía’: "Llora segura en el puerto,/ madre de las del partido". (Hill, 66)

Puerto se llama también a la vagina y al himen:


"... Tomó este nombre porque mucho tiempo estovo que no pudo passarse su puerto, por causa de la fuerte roca que la defendía, hasta que un devoto frayle de Salamanca llamado fray Porrilla con grandes artes hizo una senda, y después acá el camino se ha muy ensanchado". (Prov. 184)
"Mas en esta hora piensa tomar puerto mi presuroso bajel". (Justina, 765)

Y es voz de uso frecuente en la picaresca española. Por ejemplo:


"A buen puerto habéis llegado/ vendeja del daca y toma". (P. sat., 900)
"Haz tu curso, niña/ si es que navegas;/ no de puerto en puerto,/ de puerta en puerta". (Bailes, 1277)
"En todo había echado mis derechos, como si fueran alcabalas de puertos secos (...) mis manos por candil". (Guzmán)
"A qué puerto irá mi naue/ sin alma y sin Catalina;/ pues mi biuir es torneo/ en pensar que te perdía". (Hill, 76)

Asimismo, la calle del puerto es el seis de la baraja, probablemente porque las figuras están enfrentadas, como las casas de las calles, dejando un espacio de paso entre ellas:


"Basta saber que llaman a los seises calles del puerto". (Fiel, I, 246)

Todos los de la jacarandina, desde los esportilleros y ladronzuelos hasta el trono subido, eran diestros y avezados en trampas y fullerías. Los jaques ya tenían, o podían montar, un garito de juego al que acudían tahúres, fulleros, floreadores y tramposos de todas las especies con la intención de engañar y desplumar a cuantos blancos (o jugadores bisoños) pudieran. Regularmente el juego era ganancioso pero a veces, las menos, se alijaba la nao[18] o hacía agua el navío, es decir, se perdía dinero:


"En la pérdida de alguno siguen metáforas de navegación: agua hace este navío, alijar la nao...". (Fiel, I, 243)

Aunque los garitos debían cerrarse a partir de la medianoche, era en la madrugada, en la hora de la modorra, cuando las apuestas eran más altas y arriesgadas; por ello los gariteros contravenían las leyes manteniendo el juego hasta la mañana. Esto obligaba a los oficiales de la justicia a hacer racias frecuentes. Cuando las postas que avizoraban la calle daban la voz de alerta, en los antros los tahúres huían, escondían las barajas, quitaban las apuestas de la mesa, etc. Para todo ello hay nombres diversos, algunos relacionados con la navegación, como desaguar, hacer agua el navío, sacar las bombas, etc.:


"Entiéndense las centinelas y avisos que tienen para este fin con unas metáforas extrañas: al tiempo que desaparecen los tahúres suelen decir desagua esa gente, sáquense las bombas que hace agua el navío, que viene tal juez". (Fiel, II, 215)

En ningún lugar donde hubiera cierta concurrencia de germanos se movía nada ni nadie sin permiso o conocimiento de los rufianes tenidos y principales, es decir, de los jayanes de popa[19]:


"Escriuió cartas piadosas/ a los del trono subido:/ jaques, iayanes de popa". (Hill, 66)
. "Item porque no haya ruydo,/ alboroto ni pendencia/ entre los acompañantes/ de la germanía y birlesca,/ ordeno que los birlescos/ vayan a la mano izquierda,/ y los iayanes de popa/ en su lugar a la diestra". (Hill, 99)
"... en el qual los más diestros germanes o enbalentados o brabos o rufos o jayanes de popa, que por todos estos nonbres son llamados,...". (Relación)
"Acá entre los hormigueros llamáis asas ó aldabas, allá entre los jayanes de popa no llamamos". (Teatro, 599).

Metáfora general, común a varios campos semánticos es calar. Dos son las actitudes vitales en el mar, y ambas designadas con dicho verbo: calar ‘arriar o bajar un objeto bajando sobre otro -por ejemplo las velas-’ y, por otra parte, ‘disponer en el agua un arte de pesca, generalmente en dirección a la corriente’. En germanía ambas acepciones tienen en común el sema ‘meter’, ‘introducir’:


Ac. 1: 'Meter la mano en la faltriquera para hurtar lo que hay dentro': "Y aquellos que sin pluma multiplican,/ calando entre nobeles larga cerra/ y a cuarenta mentises no replican". (Pícaro, 306) también en Hidalgo y en Hill (58).
Ac. 2:'Entrar en un sitio'. 'Entrar en una casa para robar', 'Meter': "Y allá, en viniendo la sorna,/ en el monte se a calado". (Hill, 59)
"¡Si es Andrés! Ya entre la chusma/ usma la tierra y se cala". (B. dram., 35). También en Hill (63, 65, 187,...); Hidalgo, Salillas (37).



1. 3. El tercer campo léxico de la navegación es el de las artes y aparejos de pesca, la mayoría relacionados con las redes.

La cárcel es la red y la trena[20], el término general para designar el presidio:


Red: "Ya voy huyendo de ellos como de la horca y faltó poco para subirme a ella, porque de sus manos me sacó la justicia y me pusieron tras la red". (Guzmán, 643).
"Detrás de la red la ponen,/ adonde la da la guarda,/ por ser ave de rapiña,/ un calabozo por jaula". (Isabel, 574)

Trena: "Son también bienhechoras nuestras las socorridas que de su sudor nos socorren, así en la trena como en las guras". (Rinconete, 82). Voz que recogemos, asimismo, en Isabel (574), en Jac. (1712), en Hidalgo, en Hill (22, 41, 90...), en P. sat. (1001), en Hija (111), en Niña (1336), en Diablo (1648), en Gregorio (1698), Cárcel (99) y Estebanillo (1712).

En la trena encierran a los anzuelos (‘prostitutas’ y ‘ladrones’):


Prostituta: "Y él, por huir de la caça,/ de la Coneja se mofa,/ y se cebó en el ançuelo/ con que pesca Iuan xde Arjona". (Hill, 194)

Ladrón: "Aquel pescador de araña,/ aquel ançuelo de mosca/ que le viene a media pierna/ qualquiera lance de bolsa". (Hill, 170),

a los que tienen manos como anzuelos:


"... tiene los ojos como candiles, las manos como anzuelos, juega de alivión constantemente y tan sotilmente como si jugase de passa passa sigue burdeles". (Caraji, 209),

y a los que usan este aparejo:


"Aquella que con anzuelo/ capas y sombreros pesca,/ y visita como hurón/ las más hondas faldriqueras,/ (...) las pinzas de los bolsillos,/ la langosta de las tiendas/ y de pájaros noveles/ la liga que más se pega". (Capeadora, 553)

Los germanos (o hermanos, o los de la carda, los de la cofradía, los de heria y pendón verde, o la hermandad, o...) eran, genéricamente, los de la jábega o los pícaros de jábega[21]:


"No obstante que hasta aquí eran necesarios otros dos de jábega, y sea tenida por profesa". (Guzmán, 370)
"Acudan moscovitas al reclamo/ de aquellos que a la jábega se aplican/ cantando de la hiza y del caramo". (Pícaro, 306). También en Fregona (143) y Hill (87).

"Aquí hallarás (...) el recogido en su albergue, las flores de la fullería, (...), las preeminencias de los pícaros de jábega". (Estebanillo, 1711),

gentes que tiraban la jábega, viviendo al modo de la rufianesca:


"Fui paje, fui soldado, fui pícaro, estuve cautivo, tiré la jábega, anduve al remo..." (Viaje 31-32)
"El otro se hacía caballero castellano y era hermano de quien tiró la jábega en la playa de Málaga". (Pasamonte, 30),

engrosando con ello la chusma jabeguera:


"Te toldó de una campana/ y te hizo estar parado/ con una rueca en la cinta/ todo el espacio del claro,/ a la chusma iabeguera/ de quien eras columbrado". (Hill, 87)

que vivía de la jábega, ‘el robo’:


"De aquellos que a la jábega se aplican/ cantando de la hiza y del caramo". (Pícaro, 306),

convertida en cedazos o ladrones que seguían el uso de las almadrabas; es decir, robaban cuando podían:


"Ya no se fiaban de mí; llamábanme uno cedacillo nuevo, otro la gata de Venus; y se engañaban que mi natural bueno era". (Guzmán, 315)

"El cual, como estaba hecho al trato de las almadrabas, donde se ejercita todo género de rumbo y jácara...". (Fregona, 182)

Como hemos visto más arriba, había una jerarquía entre los hermanos de la cofradía rufianesca. Pasados los primeros años de esportilleros y mandilandines, los rufianzuelos se convertían en traineles[22], criados de un rufián o de una prostituta:


"Yo, Estebanillo González,/ que fui (...)/ trainel de toda braveza,/ mandil de toda hermosura". (Estebanillo, 1712)
"No tardará mucho en venir Silbatillo, tu trainel". (Rinconete, 91). Voz que recogemos, además, en Cárcel (102), Hill (60, 66, 188...) , Rinconete (98) e Hidalgo.

En ocasiones, a pesar de meter velas a la nave, a los rufos les fallan los esquifes o el rumbo o el timón (“Pilla azuelos y varales,/ (...)/ mete velas a la nave,/ por timón lleua el oydo./ Vase el rufo a mariscar". Hill, 64), con lo que la justicia los detiene y les condenan a penas de azotes; anguilazos que les dan con el calabrés, anguila de cabo o arco de pipa en la cárcel, en el castigo público y en las galeras:


"¿No eran mejor las guitarras/ que los calabreses largos?" (Bailes, 1274)

"Porque si le sirven a él por amor, a el cómitre por temor del arco de pipa o anguila de cabo, que nunca se les cae de la mano". (Guzmán, 884)

"El golpe que el cómitre da con el rebenque se llama anguillazo, porque tiene el tal azote forma de anguilla". (Covarrubias)

Estos anguilazos también los reciben los bolicheros ‘gariteros’ que abren un boliche[23] o garito:


"Y por no sornar ocioso/ a su boliche se ha ydo". (Hill, 64; también en Hidalgo). Bolichero ‘garitero’ (en Hidalgo).

Y los reciben asimismo los ladrones, los que van a los percheles ‘a robar’ metiendo las anclas ‘manos’[24] donde pueden o usando el tajamar -o tajalmar o tajalnar- ‘cuchillo de campo’ sin mesura:


Perchel: "A los percheles fui el año/ que tú fuiste a los percheles;/ y con el matapecados siempre e sido matasiete". (Hill, 190)

Anclas: "... fue porque soñe esta sorna/ que te vías por la Flores/ en un rumbo en que vasías/ peor que en anclas de un boche". (Hill, 80)
"Unas le aferran las anclas,/ otras del baldeo le cogen,/ otras del hopo le prenden". (Hill, 81)

Tajalnar: "Su tajalnar y antuuiada/ al de Hoces a eccedido". (Hill, 62); en Hidalgo aparecen las voces tajamar y tajalnar; tajalmar sólo lo documentamos en Salillas (38).

A las prostitutas se les consideraba carta de marear avezadas en entender la aguja de marear ‘el arte y trabajo de las putas’. No todas las putas eran igual de cotizadas ni de requeridas. Lógicamente la clientela de las jóvenes era mucho mayor y más generosa que aquellas cuyo rostro era carta de navegar, que sólo servían ya para coberteras, terceras, alcahuetas, madres o tías:


"... una pobre mugercilla/ que es carta de marear/ la mejor que hay en Castilla". (Hill, 32)

" ¿Uzed, reina, de qué vive?/ Mantengo mi gravedad/ con no comer, por vestir,/ con lo poco que me dan./ ¿Y ay siempre quién dé?/ A mí, sí,/ porque yo, para sacar/ para galas, bien entiendo/ la abuja de marear". (B. dram., 168)

"Reíme de mirarte ese gesto, de carta de navegar, según las diversidades de aguas [arrugas] tienes en él". (Segunda, 353)

El dinero que las prostitutas ganaban en sus toldos se lo daban -lo palmaban- a los rufianes para que ellos, con gran toldo, toldaran o entoldaran su navío. Es decir, se visitieran con ricas prendas, medias calzas, zapatos, cinturones,..., se compraran gavias[25] o gaviones ‘sombreros’ de excelente calidad, una red o capa que todo lo cubriera y adquirieran las armas necesarias para llevar bien artillado el navío. Veamos estas voces en su contexto:


Toldo: Ac. 1: ‘botica de la prostituta’. "Mandó llamar la marquisa,/ que en su toldo estaua abaxo./ Vino cubierta de luto/ y en la zerra vn gran rosario". (Hill, 91)
Ac. 2: ‘gravedad, presunción, entonamiento’: "... a recebir los iayanes/ que ya por el cerco entran;/ qual con enroscado toldo/ campaneando de braueza,/ qual leuantando el baldeo,/ y qual la gauia endereça". (Hill, 96; también en Hidalgo)

Toldar: Ac. 1: 'vestir': "Estiuole la cigarra/ con couas y muchos granos/ con que toldasse el nauío/ que estaba desbaratado". (Hill, 59). También en Hill (71).
Ac. 2: 'cubrir': "La sorna toldaua el mundo,/ ya ningún garlo se ohía". (Hill, 75)
"Hasta que toldó la sorna/ con oscura niebla el garo". (Hill, 92). Con esta acepción también en Hidalgo y en Hill (87).

Entoldar: "Yo le entoldaré el navío/ de rico jaez morado". (Hill, 21)
"Y tú, marca godeña entre las godas,/ echa de rumbo, entolda tu navío". (Hill, 47)

Gavia: Ac. 1: ‘sombrero’: "Y después, cuando nos avizoran en la agonía, cálanse las gavias y no conocen a nadie". (Guzmán, 640). También en Hidalgo y en Hill (58, 63, 75,...).

Gavión ‘sombrero’: "Al sombrero gauión/ llamaron nuestros mayores;/ pero quita y pon se llame,/ porque se quita y se pone". (Hill, 196). Esta acepción también aparece en el Vocabulario de Hidalgo, en Isabel (575), Hill (71) y Jac. (1248).

Red ‘capa’[26]: "Perdió también los alares/ y las tirantes y el sarzo;/ perdió la red y la gavia". (Hill, 58)
"Red de payo de sayal/ y un peloso guarnecido". (Hill, 64)
"La red con que curo el árbol/ mil guzpátaros tenía". (Hill, 79). Con esta acepción también en Hidalgo, Salillas (43), Hill (63, 64, 68, 71,...) y en Teatro (601).

Artillado: "Por temor de algún descuerno/ lleua el nauío artillado". (Hill, 20)
"... mas el furaño se esfuerza,/ como está bien artillado". (Hill, 22). Con esta acepción también en Hidalgo, en Salillas (43) y en Hill (59, 81).
Artillar ‘armar’ en Hidalgo.

Las prostitutas se ganaban la vida con el copo[27] ‘órgano sexual femenino’:


"Me maravillo cómo pueden vivir munchas pobres mujeres que han servido esta corte con sus haciendas y honras (...) que no les bastaban puertas de hierro y ponían sus copos por broquel y sus oídos por capacetes". (Lozana, 182). También en Lozana (171).

Es bastante posible que otros términos de germanía también tengan relación con los aparejos y artes de pesca. Así, el pujamiento, que es la cuerda que refuerza los bordes de la vela, lo usa Quevedo ("Sajóles el escribano/ de plata algunas ventosas,/ con que bajó luego al remo/ el pujamiento de soga", Bailes, 372; y en "Pujamiento de garnachas/ pienso que os ha de acabar,/ si el avizor o el calcorro/ algún remedio no dan" Jac. poe, 358. Garnacha ‘juez’ por metonimia); y los alares ‘zaragüelles o calzones’ pueden tener su justificación en los alares, una parte de la red de jábega; relación que parece más evidente en los versos: . "Perdió también los alares/ y las tirantes y el sarzo;/ perdió la red y la gavia". (Hill, 58. Con esta acepción lo recogemos, además, en Hidalgo; Hill, 20, 59,...; Viaje, 201; Salillas, 43).


1. 4. El cuarto campo léxico lo integran los otros términos relacionados con el mar y la navegación. Grupo amplio y heterogéneo.

"En este mar de la Corte/ donde todo el mundo campa,/ toda engañifa se entrucha/ y toda moneda pasa", en el golfo cortesano[28], en las plazas de Toledo, en los mercados castellanos o en la babilonia sevillana hay tres actividades fundamentales: pescar, mariscar y marear, ejercidas por maestros y oficiales de primera, y que han favorecido diversos derivados.

Así, de pescar ‘robar’


"Decía que estaba preso por liberalidades; y entendido, era de manos en pescar lo que topaba". (Bs. 81)
" A la Lombriz azotaron/ por pescar una pollera./ Siempre a las lombrices suele/ hacerles daño la pesca". (B. dram., 78). También en Hill (214), Capeadora (553) y P. sat. (1054).

pasamos a ‘conseguir mediante engaños la puta un cliente, un hombre a una mujer, etc.’


"Sucedió pues que la Colindres (...) pescó un bretón". (Coloquio, 324)
"Yo, negro cudicioso de pescar mujer, determineme". (Bs. 90). También en B. dram. (78), Coloquio (327) y Hill (194),

y a ‘prender, detener’


"Si te parlo de la hoseta/ pésqueme la gurullada". (Hill, 31)

El que tiene por oficio pescar es el pescador, ladrón que hurta con ganzúa, también llamada pescada:


Pescador: "Aquel pescador de araña,/ aquel ançuelo de mosca,/ que le viene a media pierna/ qualquiera lance de bolsa". (Hill, 170)
"Esto de echarnos a peces/ misterio acaso tendrá,/ porque aquí pescado es/ quien fue pescador allá". (Hill, 205). También en Hidalgo.

Pescada: "Que sangraua con la cerda,/ que cambiaua a plata estaño,/ que sornaua con pescadas/ y jugaba de bocado". (Hill, 84). También en Hidalgo, en Salillas (39), Hill (161,...) y Teatro (600).

Con lo que lo robado y lo hurtado con ganzúa era el pescado:


"Como es buen Xrtiano el Manco/ no es mucho que confessasse,/ si a que come de pescado/ más de quatro Nauidades". (Hill, 166)
"Malos milagros hará/ quien tiene el pecho dañado;/ mas bien los podrás tú hazer/ aunque ayunes todo el año:/ pues que tú comes de carne/ y yo como de pescado". (Hill, 193). En Hidalgo pescado es ‘la persona a la que roban tras entrar en su casa con una ganzúa’.

Los peces más avisados, por su cercanía a las redes, son los pejes de puerto, hombres astutos y sagaces que hacen la pesquería simple o bien la de alta mar:


"Los pejes de puerto juegan también sobre abonos o sobre prendas, que es muy ordinario en hijos de familias". (Fiel, I, 193)

Pesquería ‘ cualquier juego en que la apuesta es baja pero la ganancia considerable': "No trataré della, sino de cierta coima que llaman de pesquería o de la chusma; un jueguecillo de gente miserable, que de solos dos maravedís que sacan de barato, en llegando la suerte o resto a ganancia de un real, vale al tablajero cincuenta y aún sesenta reales". (Fiel, II, 239)

Pesquería de alta mar: 'juego en el que los fulleros y tahúres consolidados se mezclan con los honrados para hacer su pesca o agosto': "Veréis frente a frente los tristes campos de enemigos y cómo se introducen aquí hombres diestros en la pesquería de alta mar, más difícil que río revuelto". (Fiel, II, 239)

Otra actividad propia de los navíos, los traineles y los jabegueros es la de marear o robar, oficio en el que son diestros los mareadores y los mareantes:


Marear: "Yo pulo el turrón e sé marear". (Reinosa, 73)

Mareador: "Fui muy gentil caleta, buzo, cuatrero, maleador y mareador". (Guzmán, 634)
"Acúdenme con dineros/ maniblages y quatreros,/ murciélagos, polidores,/ candiles y mareadores,/ con otros mil cicateros". (Hill, 34). Término que recogen también Hidalgo, Teatro (602) y Hill (62).

Mareante: "... guardamarcas, lleuatrapos/ y todos los mareantes". (Hill, 84)
"Dio en ser viento a mareantes/ de guiñón dissimulado". (Hill, 85). Aparece, asimismo, en el vocabulario de Hidalgo.

Sin alejarse de la costa, lo que puede hacerse es mariscar ‘robar’ un marisco fresco, un buen botín:


Mariscar: "... luego me ocupaba en ir a mariscar para poder pasar". (Guzmán, 266)
"Que marisquen por su parte/ y te acudan al chillido". (Hill, 64). Voz recogida también en Hidalgo, Cotorreras (51) y Guzmán (641).

Marisco: "Con esto y mostrarme liberal fue asegurarle la persona que no me dejase. Porque habiendo de buscar marisco, no pudiera hallar compañero más a propósito ni tan bueno". (Guzmán, 631). También en Hidalgo.

Es evidente que lo atingente a la navegación y la marinería no lo podrían conocer los de tierra adentro, sino los hombres de la costa que trabajaban de buzos, farabusteadores y pilotos[29], remedando en su afán a los pulpos y merluzas:


Hombre de la costa ‘rufián’, ‘jaque’: "Paseábame mientras me daban lugar de entrar en la casa tres hombres de la costa, que así llaman allí a los valientes". (Estrada, 271)
"Y hallóse ser tres ladrones, rufianes de la costa". (Pasamonte, 272)

Buzo ‘ladrón muy diestro o de buena vista’: "Yo que fui norte de guros,/ enseñando a navegar/ a las godeñas en ansias,/ a los buzos en afán". ( Jac. poe., 352). También en Hidalgo, Guzmán (634) y Anteojos (57).

Farabusteador ‘ladrón diligente’: Hidalgo.

Piloto ‘ladrón que guía a los otros ladrones’: "Corona le ha dado Cádiz/ de piloto en Puerto Chico". (Hill, 62). También en Hidalgo y en Salillas (38).

Pulpo ‘ladrón’: "Aquí festeja el cardo a la pimienta,/ y al pulpo el labrador al campo saca". (Pícaro, 309)
"... el otro el Birlo, el otro el Pulpo, el otro el Draque. Y las posturas y tallas decían bien de sus nombres". (Justina, 758)

Merluza ‘ladrón’: ".... del dinero del gasto, que nos daba remitido en cédulas para un hombre que se llamaba Julián Merluza". (Bs. 24)


Todo este trabajo lo hacían aun a riesgo de un enfriamiento -que curaban con un “fregamiento de espaldas”[30] - porque debían zambullirse y capuzar lo pescado:


Zambullirse ‘meterse en algún lugar’: "Éntrome, ladroncitos en cuadrilla;/ zambúllome, cernícalos rateros". (Rufián, 142)
"El carcelero, pareciéndole que por no dejarme zabullir en el horado le daría otro doblón...". (Bs. 81)

Capuzar ‘esconder’: Probablemente es cruce de un deriv. de capuz 'vestidura larga y holgada con capucha' y chapuzar 'sumergir en el agua': "El menos diestro de ello, si capuza/ el dos de vastos". (Pícaro, 313)


En ocasiones, a los más reincidentes en la mojadura los zampuzaban y les obligaban a ser nadadores, de penca o de rebenque, según el estilo para el que estuvieran más dotados: Zampuzar ‘meter en la cárcel’[31]: "Vamos todas tres á verle/ zampuzado en el banasto". (Plemática, 842)


"Y apenas me çampuçaron/ en el infernal albergue,/ quando una mandria llegó/ y me pidió la patente". (Hill, 175)
"Zampuzado en un banasto/ me tiene su majestad,/ en un callejón Noruega,/ aprendiendo a gavilán". (Jac. poe., 352)

Nadador ‘azotado’: "Por pedigüeño en caminos,/ el que llamándose Juan,/ de noche, para las capas,/ se confirmaba en Tomás,/ hecho nadador de penca,/ desnudo fue la mitad". (Jac. poe, 357)
"Desnudo de medio arriba como nadador de revenque". (Hora, 72)

La pesca más codiciada era el cachucho ‘oro’ que hacía el cachuchero ‘ladrón de oro’ (ambas metáforas son de Hidalgo).

Como buenos marineros, los de la cofradía germanesca debía prever el tiempo, conocer el temporal y mirar por brújula, en aras de una navegación sin sobresalto y de que no cayera hombre al mar:


Temporal 'situación del juego o de los jugadores': "Bien así nuestros tahúres o fulleros (o vivanderos), de quien hablamos, conociendo, como ellos dicen, el temporal, viven de hacer una o dos apuestas desde fuera, sin tomar el naipe, retirándose luego". (Fiel, II, 63)

Mirar por brújula 'por las marcas o flores del naipe, reconocer las cartas del contrario': "Algunos tahúres sentados a la mesa no tratan de otra cosa, con un barajar y revolver de cartas, o mirarlas por brújula, mudando una y otra mano”. (Fiel, I, 102)

Hombre al mar 'perder en el juego todo lo que se lleva': "No es menor pasatiempo cuando, en la pérdida de alguno, siguen metáforas de navegación: agua hace este navío, alijar la nao, dar la bomba y hombre al mar, con que entienden el estado en que anda el que va de pérdida hasta acabar con todo". (Fiel, I, 243)

Y cuando su oficio marineril les dejaba tiempo, debían adiestrar a los grumetes, a los de media playa ‘tahúres de poca relevancia’:


"Introdúcense las leyes de la coima o saca del naipe, sale a plaza dinero fresco y tahúres que llaman de media playa". (Fiel, I, 193)


En la dura tarea de ganar el pan, colaboraban las izas y las truchas, putas las primeras y ‘putas elegantes’ (por extensión su cliente) las segundas:


Iza: "De aquellos que a la jábega se aplican/ cantando de la hiza y del caramo". (Pícaro, 306)
"De quantas coymas tuue toledanas,/ de Valencia, Sevilla y otras tierras,/ yças, rabiças y colipoterras,/ hurgamanderas y putaraçanas". (Hill, 32). También aparece esta voz en los bailes de Quevedo (1276, 1285), Isabel (574), Jac. (1203), Segunda (557), Reinosa (68), Hill (30,...), Viaje (201) y en Hidalgo, que además expone que izado es ‘amancebado’.

Trucha: Ac. 1: ‘Prostituta elegante’: "En este charco soberbio,/ adonde infinitas damas/ hoy pasan plaza de truchas/ y ayer eran gusarapas". (Isabel, 574)
Ac. 2: ‘Cliente de la prostituta': "Que soy Lombriz de ymportancia/ bien claro entenderse se deja,/ pues pesqué dozientas truchas/ y me quedé tan entera". (B. dram., 78)
"La estera es palma nueva;/ que aunque tantos ha cogido,/ truchas a bragas enjutas.../ lo que en la vida se ha visto". (Hill, 213)


Tampoco estaban exentas de la condena de ganar el pan con su sudor las señoras trinquete y las garduñas de la trinca, prostitutas que laboraban en el trinquete[32] o trincadero:


Señora trinquete ‘prostituta’: "Por Dios que voy oliendo, señora trinquete, que lo tengo de echar todo a doce". (Rinconete, 103)
Garduña de la trinca ‘prostituta’: "¿Qué garduña de la trinca/ se entretiene en murmurar/ deste tigre germanesco/ y de esta onza marcal?". (Ortegón, 594)

Trinquete ‘cama de cordeles. Por extensión, trabajo de la prostituta’: "Por hacerme formidable/ el diablo que nunca duerme,/ con andar de cama en cama/ y de trinquete en trinquete...". (P. sat., 1014). También en Hidalgo, Hill (47, 105, 209).

Trincadero ‘burdel’, ‘camastro de la prostituta’: "... cuando muy brava sentí mi pixona,/ y luego me lleva la vieja matrona/ a mil trincaderos que putas tenían". (Prov., 176). También en Prov. (171) y Mazalquiví (67).


Todo lo que caía en la red, lo que se pescaba o se mariscaba se aferraba[33] ‘se asía con fuerza’:


"Al guro soplan mil vientos,/ trae mil señales y espías./ Al que aferran con sus garras/ de faxas los guarnecían./ Por esso calo las velas/ y me voy para Seuilla". (Hill, 74). También en Hill (81, 104).

Acerrar 'aferrar': "Azerrado por el hopo/ lleua el mandil de la Flores". (Hill, 78)
"... azerráuales las leyuas/ y guiñaba el búho al amo". (Hill, 84). También en Hidalgo.
Aferrar la cierta es ‘morir’: "Y antes que aferre la cierta,/ si te plaze, yo querría/ poner en orden mi alma". (Hill, 76)

Los que aferran son los aferradores ‘corchetes’, ‘criados de justicia’[34].

Vemos, pues, que una gran parte de la germanía toma el léxico marinero y tiene todos los recursos típicos de la creación del léxico popular. Hay otras referencias a hechos de navegación, pero no los hemos atendido porque sólo nos hemos ceñido a los términos de marinería que designan metafóricamente en germanía otros referentes.






REFERENCIAS Y FUENTES[35]


Alejandro:
Salas Barbadillo, Jerónimo de,
El curioso y sabio Alejandro, fiscal de vidas ajenas. En Costumbristas españoles I (Ed. de E. Correa Calderón), Madrid, Aguilar, 1950.
Anteojos:
Fernández De Ribera, Rodrigo,
Los anteojos de mejor vista (Ed. de V. Infantes de Miguel), Madrid, Legasa Literaria, 1979.
Bailes:
Quevedo, Francisco de
Bailes. En Obras completas (ed. de J. M. Blecua), Barcelona, Planeta, 1963, pp. 1259-1307.
B. dram.:
Merino Quijano, G.,
Los bailes dramáticos del siglo XVII, Madrid, Universidad Complutense, 1981.
Bs.:
Quevedo, Francisco de,
La vida del Buscón (Ed. de F. Lázaro Carreter), Barcelona, Planeta, 1982.
Capeadora:
Quiñones de Benavente, L.,
Entremés famoso: La Capeadora. En Colección de Entremeses, loas, bailes, jácaras y otras piezas cortas del teatro, I y II (Ed.de Cotarelo y Mori), NBAE, Madrid, 1911.
Caraji:
Anónimo
La carajicomedia. En Cancionero de obras de burlas provocantes a risas (Ed. de P. Jauralde Pou y J. A. Bellón Cazabán), Madrid, Akal, 1974.
Cárcel:
Anónimo
Entremés famoso de la Cárcel de Sevilla. En Cotarelo y Mori (cit.).
Coloquio:
Cervantes, Miguel de,
El coloquio de los perros. En Novelas ejemplares II (Ed. de H. Sieber), Madrid, Cátedra, 1985.
Corte:
Quevedo, Francisco de,
Vida de la Corte y oficios entretenidos de ella. En Obras completas (Ed. de Luis Astrana Marín), Madrid, Aguilar, 2ª ed., 1941.
Cotorreras:
Quevedo, Francisco de,
Premática de las cotorreras. En Obras completas. Prosa (Ed. de L. Astrana Marín) (cit.).
Diablo:
Vélez de Guevara, L.,
El diablo cojuelo. En La novela picaresca española (Ed. de A. Valbuena Pratt), Madrid, Aguilar, 1962.
Estebanillo:
 
Vida y hechos de Estebanillo González. En La novela picaresca española (cit.).
Estrada:
Duque de Estrada, D.,
Memorias de D. Diego Duque de Estrada. En Autobiografías de soldados (Ed. de J. Mª de Cossío), Madrid, BAE, 1956.
Fiel:
Luque Faxardo, F. de,
Fiel desengaño contra la ociosidad y los juegos, Madrid, Clásicos Españoles, 1955.
Fregona:
Cervantes, Miguel de,
La ilustre fregona, En Novelas ejemplares (Ed.de H. Sieber) (cit.).
Garduña:
Castillo Solórzano,
La garduña de Sevilla. En La novela picaresca española (cit.).
Gregorio:
Enríquez Gómez, A.,
Vida de don Gregorio Guadaña. En La novela picaresca española (cit.).
Guía:
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Guía y avisos de forasteros que vienen a la Corte. En Costumbristas españoles (cit.).
Guzmán:
Mateo Alemán,
El Guzmán de Alfarache (Ed. de F. Rico), Barcelona, Planeta, 1983.
Hidalgo:
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Vocabulario de germanía, en J. M. Hill, Poesías germanescas, Indiana University, Bloomington, Indiana, 1948.
Hija:
Salas Barbadillo, Alonso de,
La hija de la Celestina y la ingeniosa Elena (Ed. de J. Fradejas Lebrero), Madrid, Instituto de Estudios Madrileños, 1983.
Hill:
Hill, J. M.,
Poesías germanescas, Indiana University, Bloomington, Indiana, 1948.
Hora:
Quevedo, Francisco de,
La hora de todos y la fortuna con seso (Ed. de L. López Grigera), Madrid, Castalia, 1974.
Isabel:
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Jácara de doña Isabel, la ladrona, que azotaron y cortaron las orejas en Madrid. En Colección de entremeses... (cit.).
Jac.:
Quevedo, Francisco de,
Jácaras. En Obras completas (Ed. de J. M. Blecua) (cit.).
Jac. poe.:
Quevedo, Francisco de,
Jácaras. En Obras completas. Poesía (Ed. de Astrana Marín) (cit.).
Jauja:
Lope de Rueda,
La tierra de Jauja. En Pasos (Ed. de F. González Ollé y V. Tusón), Madrid, Cátedra, 1981.
Justina:
López de Úbeda,
La pícara Justina. En La novela picaresca española (cit.).
Lozana:
Delicado, F.,
La Lozana andaluza (Ed. de Bruno Damiani), Madrid, Castalia, 1969.
Mazalquiví:
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Moro:
Quiñones de Benavente,
Los ladrones, el moro Hueco y la parida. En Colección de entremeses... (cit.).
Niña:
Castillo Solórzano,
La niña de los embustes. En La novela picaresca española (cit.).
Ortegón:
Quiñones de Benavente,
Jácara que se cantó en la compañía de Ortegón. En Colección de entremeses... (cit.).
P. sat.:
Quevedo, Francisco de,
Poesía satírica. En Obras completas (Ed. de J. M. Blecua) (cit.).
Pasamonte:
Pasamonte, Jerónimo de,
Vida y trabajos de Jerónimo de Pasamonte. En Autobiografías de soldados (cit.).
Pícaro:
Anónimo,
La vida del pícaro (Ed. de Bonilla). En Revue Hispanique, IX, 1902, págs. 295-330.
Plemática:
Quiñones de Benavente,
Jácara nueva de la plemática. En Colección de entremeses... (cit.).
Prov.:
Anónimo,
Cancionero de obras de burlas provocantes a risas (Ed. de P. Jauralde Pou y J. A. Bellón Cazabán), Madrid, Akal, 1974.
Quijote:
Cervantes, Miguel de,
Don Quijote de la Mancha (Ed. de Martín de Riquer), Barcelona, Labor, 1986.
Relación:
Chaves, Cristóbal de,
Relación de la Cárcel de Sevilla. En Sociedad y germanía en los Siglos de Oro. La Cárcel de Sevilla (Ed. de C. Hernández Alonso y B. Sanz Alonso), Valladolid, Universidad,1999.
Reinosa:
Reinosa, Rodrigo de,
Poesías de germanía. (Ed. de Mª Inés Chamorro Fernández), Madrid, Visor
Representaciones:
Horozco, S. de,
Representaciones (Ed. de F. González Ollé), Madrid, Castalia, 1979.
Rinconete:
Cervantes, Miguel de,
Rinconete y Cortadillo (Ed. de J. M. Oliver Cabañes), Madrid, Castalia, 1987.
Rufián:
Cervantes, Miguel de,
El rufián dichoso (Ed. de J. Talens y N. Spadaccini), Madrid, Cátedra, 1986.
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Silva, Feliciano de,
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Teatro:
Lope de Rueda,
Teatro completo (Ed. de A. Cardona de Gibert), Madrid, Bruguera, 1979.
Torres:
Torres Villarroel, Diego de,
Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras (Ed. de D. Chicharro), Madrid, Cátedra, 1980.
Urdemalas:
Cervantes, Miguel de,
Pedro de Urdemalas (Ed. de J. Talens y N. Spadaccini), Madrid, Cátedra, 1986.
   







Notas


[1] Cf. Hernández Alonso, C. y Sanz Alonso B., Germanía y sociedad en los siglos de oro. La cárcel de Sevilla, Valladolid, Universidad, 1999, pp. 59 y ss.

[2] Cf. Trueba, E., Sevilla marítima. S XVI, Sevilla, Padilla libros, 2ª ed., 1990.

[3] Cf. Alvar, C., “La terminología naval de Tomé Cano”, en Alvar, M. (Ed.), Terminología marinera del Mediterráneo, Madrid, 1977, pp. 63 y sigs.

[4] Cf. Mira Caballos, E., La armada guardacostas de Andalucía y la defensa de la Carrera de Indias, Sevilla, Muñoz Moya ed., 1998.

[5] Para mayor información sobre estos temas, cf., entre otros, el estudio de R. Cerezo Martínez, Las armadas de Felipe II, Madrid, Ed. San Martín, 1988.

[6] Cristóbal de Chaves, Relación de la Cárcel de Sevilla, en Hernández Alonso, C. y Sanz Alonso, B., Loc. cit., p. 304.

[7] El navío es el buque de línea del XVII, quizá el barco más importante de la travesía a Indias. Su antecesor, y buque genuíno del XVI, fue el galeón.

[8] Para no hacer interminable el artículo, damos sólo algunas ocurrencias más relevantes o significativas, pero no todas las de cada término. Para una mayor información, cf. Hernández Alonso, C. y Sanz Alonso, B, Diccionario de germanía, Madrid, Gredos (en prensa).

[9] Bergantín -buque de dos palos y vela cuadrada o redonda- se llama también al pistolete ("Y sin decirle "¡agua va!"/ le arrojó su bergantín/ dos balas y no de azúcar,/ mortales de digerir". Hija, 120) y a la cuchillada ("Di por esto un vergantín/ a aquel animado fuelle,/ con trece remos por banda,/ que le dieron puntos trece". Hill, 175).

[10] La carda es una galera menor movida por unos 40 remeros (DRAE).

[11] Voz de etimología desconocida. Tal vez formada a partir de frijolón < fríjol (lat. FASEOLUS, ‘legumbre’, ‘chalupa, navecilla’).

[12] El bajel era una nave velera que tenía una movilidad estratégica de la que carecía la galera en el ámbito oceánico. Por ello se relegó a las aplicaciones bélicas auxiliares y a otras actividades que las galeras no podían hacer.

[13] Deriv. del árabe gurâb ‘navío, galera’. Probablemente cruzado con un derivado regresivo de gurapas.

[14] O a las angustias (voz que aparece en Hidalgo), las ansias (Hidalgo; Hill; B. dram; Mamola), las casas movedizas (Urdemalas); la condenación salobre (Quevedo), la galería (Hill), las gurapas (Rinconete; Urdemalas, Bailes; Corte; Isabel; Hill; B. dram.; Quijote; Hidalgo), las guras (Rinconete), galilea (Hija, Estebanillo, Alejandro), las penas (Hidalgo), los rincones (Hill); el trabajo (Hidalgo), la yegua de Neptuno (Hill). Esta condena lo era a apalear lenguados (Quevedo), a dar de palos al agua (B. dram.), a dar de palos al mar (Hill), a batir la espuma (Hill), a dar de garrotazos al dios Neptuno (Alejandro), a escribir con el pino (Hill), a varear pescados (Quevedo), al hermano de Rómulo (Quevedo, Alejandro) o a trinchar (Quevedo). Todo ello porque al condenado le daban una escribanía (Hill), un ministerio de humedad (Quevedo); o le condenaban a los diez sin sueldo (Quevedo) o a los diez de remo (Quevedo).

[15]Para ponerlo por ajo/ en la ristra de la chusma,/ adonde el abril que viene/ irá a batir las espumas” (Hill, 188).

[16] También llamados en germanía ajo, angustiado, apaleador de sardinas, batanador de agua, batidor de espuma, canónigo de pala, cochero naval, cuenta, esclavo de su majestad, escribano, eslabón, Laín Calvo, Nuño Rasura, organista de palos, penado, pescado, prebendado del charco, sarta y tercerol.

[17] En las barcas hay dos ranchos, el de proa y el de popa. El de proa es más cómodo. En los barcos mayores hay literas en los dos ranchos; en las barcas, en el rancho de popa van las redes y los toldos.

[18] Alijar una embarcación es descargar un parte de su carga, lastre y efectos, con lo que la nave boya más desplazando menos agua. En las bocanas de los puertos y en la parte menos profunda del Guadalquivir, muchos barcos descargaban el lastre que les sobraba, para evitar encallar en las barras del río, con lo que en el fondo se crearon zonas negras contra las que chocaban los barcos. Para franquearlas, las naves debían descargar parte de su carga a otras chalanas, barcazas, etc. O sea, a los barcos alijos o simplemente alijos.

[19] La popa es también la espalda o el culo: "Porque se le lleban preso/ (...)/ al valiente y animoso/ Olmedo el de Calatraba,/ alça campanas en popa/ y dentro la andana se cala;/ las rodillas por el suelo/ a San Thelmo le rogaba". (Hill, 193). Son interesantes, aunque aquí no tenemos espacio para estudiarlas, las referencias a san Telmo que hay en las obras de germanía.

[20] Del ant. trena (< lat. vg. TRENA 'trenzada, trenza', tomado del fr. traine 'red' y cruzado con tresnar 'arrastrar'). Los abundantes nudos a que obliga el trabajo de un pescador se hacen con las tiras, cuerdas o trenas. Trenas se llaman también las sogas laterales que arman las redes de pesca, sobre todo las de arrastre de fondo.

[21] La jábega es un arte de arrastre de costa con el que se capturan toda clase de peces, que se hace en barcas sin cubierta, de 7 a 9 remos, y cuya tripulación es de 10 - 12 hombres. La jábega se hala mediante la tralla, una gaza grande de lona que se coloca en banderola con un cabo rematado por un cuero, cuyo chicote pasa por un agujero de un trozo de corcho y después se anuda para que no se zafe. (Cf. A. Cantos, “Las artes de pesca de bajura en Málaga”, en M. Alvar, Terminología marinera del Mediterráneo, p. 120).

[22] Trainel deriva de traína (< traer) ‘red de pesca’. La traína es un arte de pesca de cerco y jareta que se usa en las embarcaciones de pesca a la luz. La traína es una red rectangular cuyos extremos se recogen sobre dos paños de red vertical, la coa, de malla más ancha. Es un arte que se cala al anochecer en fondos limpios. Como es más alto en el centro que en los extremos, al halar la red se forma un bolso, el copo, en cuyo interior se reúnen los peces. Al llegar a tierra el extremo del arte, se colocan varios hombres por cada banda, halando de la relinga superior para cerrarla más y evitar que se escapen los peces.
Creemos que tiene cierta relación con esta voz el término calafate ‘ladronzuelo de baja condición' (ej.:"Señor, ya Sayavedra tiene dada relación de mí a Vuestra Merced, y sabrá que soy calafate zurdo, un pobrete como todos". Guzmán), puesto que los calafates son artesanos que hacen barcas, pero, sobre todo, los que las calafatean, es decir, los que las sellan con estopa y pez; trabajo ingrato y poco considerado. Incluso podemos apoyarnos para esta opinión en los versos "Pienso que vn descamisado,/ trainel de toda costura,/ vn mandria que fue, en Vtrera,/ pregonado por la empuga/ por unas baynas de seda/ fue de mi prisión el Iudas" (Hill, 188), ya que la costura es, según definición del DRAE, la línea de separación entre dos tablones puestos en contacto y que se calafatea para impedir que entre el agua.

[23] Del griego bolos ‘red pequeña’. El boliche designa una embarcación, similar a una jábega pequeña de 3 ó 4 m. de eslora, y las redes con las que se faena con dicha embarcación, que son pequeñas y de malla estrecha.

[24] Esta metáfora es doble, las anclas aferran, como veremos más abajo, pero, además, están rematadas por uñas, los ganchos de las anclas con los que se clavan en el fondo. Las anclas son de dos o cuatro uñas.

[25] Gavia en el DRAE se define, entre otras acepciones como “Vela que se coloca en el mastelero mayor de las naves, la cual da nombre a este, a su verga, etc. 6. Por ext., cada una de las velas correspondientes en los otros dos masteleros. El navío navega con las tresgavias, porque lleva gavia, velacho y sobremesana. 7. Cofa de las galeras”. La gavia y el gavión también designan metafóricamente la cabeza: "Llegan a ti sin lastre de consejo y da vaivenes la gavia, porque al seso le falta el peso" (Guzmán, 513); "... a recebir los iayanes/ que ya por el cerco entran;/ qual con enroscado toldo/ campaneando de braueza,/ qual leuantando el baldeo,/ y qual la gauia endereça" (Hill, 96); "Carrasco dio en la frente un estocada/ a Iuan Yzquierdo, el brauo de Seuilla,/ y el otro el gauión le abrió de un tajo" (Hill. 38); "Lleva el nauío artillado:/ rico mollerón de azero/ en su gauión plantado;/ dos limas y cotón doble,/ de cofradía estofado" (Hill, 20); "Y saliéndome después/ un virloche cordoués/ que de la oseta desflema,/ con un gavión de tema/ llegó a echárseme a los pies" (Hill, 32 33). Hidalgo también recoge en su Vocabulario el verbo engaviar ‘poner en alto’.

[26] Derivados de red ‘capa’ es redero ‘ladrón de capas’ (Hidalgo). Los ladrones en su oficio tienden las redes ("Agora es tiempo de tender nuestras redes, que la burullada están en grandísimo sosiego". Jauja, 159; "Lo encorporaron por iaque/ del Corral de los Naranjos/ donde tendía sus redes,/ y despechaua en el cambio/ dando pólizas al guro/ libradas en lo guisado". Hill, 85). Por eso, cuando se cobra o roba algo se deja en la red ("Déjele vuesa merced,/ que, pues ya dejó en la red/ las cobas vaya en buen hora". Urdemalas, 376).

[27] El copo es la bolsa o saco de red con que terminan varias artes de pesca. Es donde se meten los peces. En el interior del copo está la trampa, que es la red interior, más tupida, que impide a los peces salir una vez que entran.

[28] En Isabel, 574. Del golfo madrileño también se trata en germanía: "A ti, mi gancho, te escribo/ esa cebollosa carta,/ desde el golfo de la Corte/ a la galera sin agua" (Hill, 172).

[29] El mando de los buques estaba integrado por maestres y pilotos. A principios del XVI al aparecer la figura del capitán como mando superior y único, el piloto pasa a ser un mando técnico encargado de dirigir la navegación. En Sevilla eran necesarios los pilotos o “prácticos” en el Guadalquivir para no chocar con las barras del río y los escollos, como hemos visto. Para evitar la picaresca de muchos que se llamaban pilotos sin serlo y destrozaban las naves contra el fondo, la corona ordenó que a los pilotos los examinaran aquellos hombres de conocimiento reconocido y que siempre habían prestado buenos servicios.

[30] ‘Azotes’: "A mi salud rezetaron/ los señores de garnacha,/ por quitarme el garrotillo,/ un fregamiento de espaldas". (Hill, 173).

[31] Metáfora similar utiliza Quevedo en Hora (76): "Y diciendo esto se zampó en un bodegón"; y en las jácaras (1226): "Por hermano de la chanza/ zampaba en los bodegones,/ y era juez entregador/ de fulleros y de flores".

[32] El trinquete es uno de los palos de la arboladura de los barcos. La trinca es una pieza de la percha o verga de las barcas y, según el DRAE, es “Cabo o cuerda, cable, cadena, etc., que sirve para trincar una cosa. 5. Ligadura que se da a un palo, o a cualquier otra cosa, con un cabo o cuerda, cable, cadena, etc., para sujetarla o asegurarla de los balances de la nave”.

[33] Aferrar se define en el DRAE, entre otras acepciones como “Plegar las velas de cruz, asegurándolas sobre sus vergas, y las de cuchillo, toldos, empavesadas, etc., sobre sus nervios o cabos semejantes. 3. Atrapar, agarrar con el bichero u otro instrumento de garfio. 4. Asegurar la embarcación en el puerto echando los ferros o anclas. 5. Agarrar el ancla en el fondo”. Es un lexema marinero documentado en el ALEA andaluz (ALEA, L, 1036) y frecuente en Canarias (ALEICan. M. 842) con el significado de ‘recoger velas’ (Cf. Quilis Sanz, Mñ J., El léxico de las embarcaciones en España con atención a Hispanoamérica, Madrid, UNED, 1998).

[34] Esta voz se documenta en Hidalgo bajo la forma acerrador. En dicho Vocabulario también aparecen acerrado y aferrado con el significado de ‘asido’, ‘preso’. Aferrador como el que agarra lo documentamos en Hill (59): "Y un rodancho de mayor,/ zinguizangue atrauessado,/ manga y guante aferrador".

[35] Aunque hemos consultado todas las obras de germanía, solo traemos aquí aquellas citadas a lo largo del artículo.





— per citare questo articolo:

Artifara, n. 4, (gennaio - giugno 2004), sezione Addenda, http://www.artifara.com/rivista4/testi/marineria.asp


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ISSN: 1594-378X



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