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Funciones del conector pragmático y en la conversación

Felisa Bermejo

 

1. Introducción


1.1. Conector pragmático


Se estudia aquí la conjunción y como conector pragmático dentro del grupo constituido por los marcadores del discurso, para analizar su función en la unidad monológica -en el encadenamiento de enunciados en una intervención- y en la unidad dialógica -al comienzo de una intervención. En este segundo caso realiza enlaces con enunciados de intervenciones anteriores o con el sentido general dado por lo comunicado hasta ese momento.

Las páginas siguientes ofrecen una descripción de las funciones del conector y en las unidades monológicas y en las unidades dialógicas con el objetivo de establecer cuáles son sus valores semántico-pragmáticos.

Portolés ofrece una definición muy clarificadora de conector: "Un conector discursivo es un tipo de marcador que vincula semántica y pragmáticamente dos miembros del discurso de modo que se obtienen inferencias determinadas del conjunto de los dos miembros relacionados y no de cada uno de ellos por separado. La significación de los conectores tiene en cuenta la orientación argumentativa tanto del primer miembro del discurso como del segundo" (Portolés 1996: 211).

Briz incluye la unidad y entre la clase funcional heterogénea que conforma el grupo de los conectores pragmáticos: "conjunto de señales de naturaleza diversa que explicita la relación entre los enunciados, del antes con el después" (…) y cuya función es "encadenar las unidades de habla y asegurar la transición de determinadas secuencias del texto (hablado), colaborando así en el mantenimiento del hilo discursivo y la tensión comunicativa" (Briz 1998: 167).



1.2. Significación convencional y funciones pragmáticas del conector y


La primera cuestión que hay que plantearse es la relativa al valor de los conectores o, si se quiere, al de la significación de las unidades lingüísticas que vinculan dos miembros del discurso.

Por lo que se refiere a la conjunción y, ya M. Victoria Escandell dedicaba un capítulo específico para su caracterización semántica y pragmática. Tras un profundo análisis de los valores que se atribuyen a la conjunción y, llega a la conclusión de que el significado convencional de y es de 'suma', 'adición' o 'unión' (Escandell 1996: 157-167).

Algunos gramáticos consideran también como un valor de su significado convencional el de 'conexión' o 'sucesión'. Por último, hay quien han visto otros valores en la conjunción y como los de la expresión de la relación causal, de la relación condicional y de la locativa. Escandell demuestra que todos estos valores no pertenecen a su contenido semántico propiamente dicho, sino que su interpretación se debe a factores pragmáticos (1996: 157-167). Así pues, gracias al estudio que se lleve a cabo desde el punto de vista pragmático, se podrán dar respuestas satisfactorias a las cuestiones que se plantean a la hora de interpretar los distintos valores de y.

En relación con esto, cabe recordar la distinción entre significado convencional y conversacional, a partir de la distinción que establece Grice[1] entre implicaturas convencionales y no convencionales. Las primeras derivan directamente de los significados de las palabras y no de factores contextuales o situacionales. Las no convencionales se subdividen a su vez en conversacionales (generalizadas y particularizadas) y no conversacionales.

Las funciones semántico-pragmáticas de la conjunción y son fruto de un proceso de inferencia y, dentro de la línea de Grice, la implicatura a que da lugar esta conjunción y es conversacional y generalizada (Escandell 1996: 163). De todas formas, la misma Escandell advierte, páginas antes, que las implicaturas generalizadas dependen del significado de las palabras, así que no es difícil confundirlas con las implicaturas convencionales (Escandell 1996: 85).

Otro autor, Carston[2], describe los valores de y considerándolos explicaturas: "contenido explícitamente comunicado que a veces sobrepasa, sin embargo, el significado literal" (Escandell 1996: 164).

Portolés también se hace eco de la visión de este autor y señala que Carston considera muestras de la existencia de las explicaturas los sentidos de temporalidad y causalidad que percibimos en oraciones coordinadas copulativas, como en Antonio corrió hasta la raya y saltó o en Juan se enteró de que María lo quería y se declaró. "Ahora bien, sólo complementados pragmáticamente hemos podido interpretar de este modo los enunciados. La conjunción y [como tal conjunción] no posee en un caso un significado temporal y en otro causal. Ha sido un proceso inferencial el que nos ha proporcionado este sentido" (Portolés 1996: 204). Efectivamente, mediante un proceso inferencial se llega a la compresión e interpretación de los valores del conector y.

Por su parte, Enric Serra da inicio a su artículo con los valores que se infieren de y, entre los que recoge conexión, oposición, simultaneidad, sucesión, causal, condición …, pero luego deja aparte estas cuestiones y se centra en su función como conector textual. Este autor, basándose en el carácter esencialmente temático del habla y en la dificultad que el hablante encuentra en sacar adelante el tema de la conversación, sostiene que el conector y tiene la función de hacer avanzar el discurso coloquial. Asimismo, indicando la continuidad misma del discurso, marca la continuación del turno del hablante o, por el contrario, la irrupción de un nuevo turno de palabra (Serra 1996: 395-399).



1.3. Distinción entre nivel monológico y dialógico


Es también muy importante distinguir entre unidades monológicas y unidades dialógicas: las unidades monológicas comprenden el enunciado y la intervención mientras que las unidades dialógicas abarcan el intercambio y el diálogo. Las intervenciones pueden ser iniciativas, iniciativo-reactivas o reactivas.

La distinción entre nivel monológico y dialógico es fundamental para el análisis del conector pragmático y. “De cara al análisis conviene no olvidar que la interpretación depende del plano del discurso en que nos situemos. Desacuerdo remite al plano dialógico (el desacuerdo se manifiesta con respecto a lo expresado por una voz distinta a la nuestra) y oposición preferentemente al plano monológico (...) Es decir, que la primera noción guarda relación con las funciones interactivas y la segunda con los valores argumentativos” (Pons 2000: 213). Asimismo el valor de un conector pragmático puede variar según se presente al principio, en medio o hacia el final de esa intervención o si forma parte de una intervención iniciativa o reactiva.

Cabe recordar también que el acto argumentativo es un acto valorativo y presenta siempre una intención, es decir, sirve a la negociación del acuerdo. Considerando este hecho, la distinción entre los dos niveles adquiere mayor utilidad puesto que "dos enunciados pueden presentar una simple relación semántico-argumentativa dentro de unidades monológicas o, dentro de una interacción, esta relación puede ser además el trazo de una actividad intercomunicativa, manifestación estratégica de un propósito negociador" (Briz 1998: 166).

Concretamente, respecto al conector y, se aprecian funciones distintas si opera en un nivel u otro. En el nivel monológico, el conector y funciona como conector argumentativo. En el nivel dialógico, el conector y introduce intervenciones que expresan acuerdo o desacuerdo con el interlocutor; sirve para atenuar peticiones en intervenciones iniciativas o en los rechazos en intervenciones reactivas, especialmente si la modalidad del enunciado es interrogativa.

Por lo que respecta a la función metadiscursiva, ésta se observa tanto en el nivel monológico como dialógico.



2. Clasificación de las funciones del conector pragmático y


Como ya se ha indicado, los conectores constituyen un tipo determinado de marcadores del discurso. Por lo que respecta a las funciones de los marcadores y concretamente de los conectores, existen diversas clasificaciones: en 1998 Portolés publica una primera clasificación; ese mismo años, Briz, centrándose en el español coloquial en la conversación, plantea la organización de los distintos niveles en la conversación y establece sus unidades, y más concretamente pone en evidencia los distintos valores de los conectores pragmáticos. En 1999, en la Gramática Descriptiva, Martín y Portolés publican una nueva clasificación. Por su parte, Pons Bordería establece en el año 2000 una clasificación basándose en los principios y criterios dictados por Briz tanto en su obra de 1998 como en esa misma del año 2000.

En cuanto a envergadura, enfoque y representatividad respecto a la gramática en general, se puede establecer una correspondencia entre La Gramática Descriptiva de la Lengua Española y la Grande Grammatica Italiana di Consultazione. Esta equivalencia da pie a señalar aquí también la clasificación realizada por Bazzanella en esta última.


En este análisis, se han seguido los principios y las directrices que Briz expone en su obra de 1998 y en la de 2000. En esta última se encuentra también la clasificación de Pons Bordería basada en la de Briz, de la que difiere en algún punto.

Briz pone de relieve la importancia de la función argumentativa que desempeñan los conectores (función que Bazzanella no señala en su clasificación). Dicha función se observa no sólo en los enunciados e intervenciones de un mismo hablante, es decir, en las unidades monológicas, sino también en el intercambio, en las unidades dialógicas. Pons Bordería, sin embargo, incluirá estas últimas funciones entre las de marcación de la modalidad.

Para el presente estudio se ha tomado como base la clasificación realizada por Pons Bordería en el capítulo dedicado a los conectores en la obra coordinada por Briz y publicada en el año 2000, autor cuyos criterios subyacen en la clasificación de Pons, aunque la distribución es ligeramente distinta.


La clasificación de los conectores establecida por Pons Bordería es la siguiente:


La marcación del discurso: valores relacionados con los conectores:



Conexión Función argumentativa  
Función metadiscursiva Estructuración Demarcación
Formulación
Regulación
Reformulación  
   
Modalidad acuerdo  
desacuerdo
atenuación
intensificación
Control de contacto  


En el corpus analizado, el conector y cumple la función de conexión, tanto argumentativa como metadiscursiva. En la función argumentativa, el conector y introduce argumentos orientados y conclusiones. En la función metadiscursiva, sirve para la estructuración: puede ser demarcativo o regulativo según opere en el nivel de la secuencia o del intercambio y la intervención. Contribuye en la coherencia interna a la vez que favorece la progresión del discurso y a veces introduce el cierre.

Con respecto a la modalidad, Pons distingue cuatro valores: acuerdo, desacuerdo, atenuación e intensificación y los sitúa en el intercambio. El conector y marca la manifestación de acuerdo y desacuerdo y es marcador de la atenuación. Sin embargo, aunque introduce enunciados que poseen elementos intensificadores, no es propiamente un intensificador.

Cabe recordar que las manifestaciones de acuerdo y desacuerdo, Briz las pone en relación con la función argumentativa. La de atenuación e intensificación la sitúa en la interacción; no obstante cuando trata los conectores les otorga ciertos valores de “refuerzo”, que se cumplen también en la interacción, pero que son “distintos de la retórica de la atenuación e intensificación”.



3. Corpus: El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio


Antes de pasar a describir el corpus utilizado para este trabajo, conviene recordar la definición que de la conversación ofrece Briz: "Una conversación es un tipo de discurso oral, la manifestación prototípica de lo oral, dialogal, caracterizado por la inmediatez comunicativa, su dinamismo y carácter cooperativo y por la alternancia de turno no predeterminada". Puntualiza que "el rasgo pertinente y definidor de la conversación es la alternancia de turnos no predeterminada, no negociada previamente" (Briz 2000: 51).

El corpus seleccionado para el análisis de los valores pragmáticos del conector y está constituido por los diálogos de las cien primeras páginas de El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio[3]. Es un texto que reúne características peculiares que resultan idóneas para el estudio del español coloquial, porque El Jarama es una “novela más dialogada que descriptiva, cuyo mayor atractivo se encuentra precisamente en la naturalidad de las elocuciones de los personajes, ampliamente concordes con los hábitos y maneras del habla cotidiana” (Hernando 1988: 11). Efectivamente, ofrece una excelente versión de la representación de conversaciones en un registro coloquial; de ahí que resulte tan interesante y apropiado para este análisis, puesto que ofrece una variada muestra, mediante una imitación fiel, de la dinámica de la conversación, reuniendo todas las características propias de la misma: varios interlocutores, alternancia de turno, coherencia estructural y progresión conversacional.

Los ejemplos seleccionados van en cursiva. El conector y de dichos ejemplos introduce enunciados dentro de la intervención (nivel monológico) o dando inicio a la misma (nivel dialógico). Considerando que es un texto escrito, la puntuación ha servido de criterio para el establecimiento de la división en enunciados, y concretamente el punto. Con ello no se incurre en el riesgo de confundir el conector pragmático con el conector sintáctico-proposicional (conjunción), recordando que "la peculiaridad funcional del conector pragmático respecto a la denominada «conjunción» viene ya determinada inicialmente por el distinto tipo de unidades que aquél relaciona (unidades de habla) y el distinto ámbito y dimensión a que éstas pertenecen (conectores transfrásticos, del discurso)" (Briz 1998: 170); es decir, el conector pragmático puede afectar tanto al nivel del enunciado como al nivel de la enunciación.



4. Conexión. Función argumentativa


NIVEL MONOLÓGICO

En el plano monológico el conector y introduce un enunciado que se encuentra en el interior de una intervención.

Como ya hemos señalado, la conjunción y explicita ‘suma y adición’ a la vez que permite interpretar otros valores que se infieren del contexto discursivo. Para apoyar dicha interpretación serán las propias unidades lingüísticas que conforman el contexto lingüístico del enunciado o enunciados las que nos servirán de prueba demostrativa.

El conector y une enunciados y constituyentes de los mismos. En el enunciado que introduce están presentes unidades lingüísticas que hacen referencia anafórica a elementos mencionados en los enunciados anteriores (en este apartado, dichos enunciados pertenecen a la misma intervención y por tanto al mismo hablante). Se encuentran también repeticiones de términos idénticos o pertenecientes al mismo campo semántico, como se verá más adelante a través de ejemplos concretos.

A su vez, el conector y se combina con unidades como además, luego, en cambio, … que completan y definen su valor pragmático. El conector y se presenta en ocasiones como catáforico respecto a esas unidades, de esta manera establece la unión con lo anterior y a la vez preludia la relación última con lo siguiente. “Cuando los conectores aparecen agrupados suele suceder que los de significado más general se sitúan en primer lugar y los más especializados después de estos (y entonces) (...) En este caso, los conectores de valor interactivo preceden a los de valor gramatical” (Pons 2000: 216-17).

A propósito de unidades que hacen referencia anafórica, se presentan muchos casos de enunciados con y que contienen pronombres personales y demostrativos. El enlace establecido por el conector y se solidifica con los puentes que crean estas referencias.



4.1. Conector de argumento coorientado


Hay algunos casos en los que y simplemente une dos segmentos lingüísticos. Que el conector siga a un punto responde a la necesidad de crear una pausa y dar realce a ese segmento, sin aislarlo, puesto que continúa unido mediante el conector y, adquiriendo singularidad y destacando. En este sentido, el conector y señala partes del discurso, a los que da mayor relieve mediante la segmentación.


- Pues... Que nos ponga ocho, por ejemplo. Yo creo que con ocho habrá bastante. Y otra grande de vino. La que tienen abajo debe de estarse ya finiquitando, a estas alturas. (p. 82)


Hay otros casos en los que la conexión de argumentos coorientados es muy clara. “Dos argumentos son coorientados cuando sirven a una misma conclusión” (Briz 1998: 178). El conector y como instrucción para interpretar la orientación del argumento e inferir una posible conclusión resulta muy claro en estos ejemplos.


- Para la moto, hombre; con pantalones va mejor. Y más decente. (p. 17)

- Es una escandalosa. Y una repipi como la copa un pino. No la aguanto, palabra. (p. 53)

- Bastante han hecho ya con ir, los pobres - dijo Paulina -. Y sin ninguna obligación. No hay derecho a quejarse, tampoco; eso es lo cierto. (p. 90)


En las siguientes intervenciones, al estar caracterizadas emotivamente por otras unidades lingüísticas, el enunciado que presenta y está revestido también de emotividad. Además de enlazar, aporta un grado más de tensión a los argumentos ya aducidos, especialmente porque recoge expresiones idiomáticas: aguar la fiesta, toda la pesca o perífrasis de obligación: tener que. Nótese que en ambas intervenciones, el argumento introducido por y afecta al grupo en general y no sólo a los interlocutores que protagonizan el intercambio, explicitado con el pronombre nos (nos agüe, vestirnos), y, de hecho, posee mayor fuerza argumentativa, dando vía libre a la conclusión: "no vuelvo a decirte", en el primer caso; "nos quedamos aquí", en el segundo.


- Pues, hijo, yo lo decía por tu bien. Y para que no se nos agüe la fiesta. Pero descuida chico, que no vuelvo a decirte ni media palabra. Allá tú. (p. 38)

- Aquí, naturalmente. ¿Quién es el guapo que se mueve ahora? ¡No es nada!, ¿sabes? Y tener que vestirnos y toda la pesca. (p. 70)




4.1.1. Conector de argumento coorientado en intervenciones discontinuas


En el siguiente ejemplo, encontramos el segmento incluido en otra intervención, aunque del mismo hablante. El hablante, Fernando, ofrece una información. Su intervención provoca una reacción en su interlocutor que a la vez solicita respuesta. Así, ante la pregunta de su interlocutor, que pone en entredicho lo afirmado por Fernando y pide más datos, el mismo Fernando responde directamente a la pregunta en su sentido literal, otorgándole seguridad, y coloca el pronombre personal de primera persona en primer lugar. Sigue, ahora, con el enunciado introducido por y que enlaza con el enunciado del propio Fernando: “hacían el café con cositas de estas”.


Sonaba el crujir continuo, como una pequeña trituradora. El cartucho estaba en el suelo, en medio de todos. Caían las cascarillas [de los cacahueses] sobre los muslos desnudos. Fernando decía:
- Pues el año cuarenta y el cuarenta y uno hacían el café con cositas de estas.
- ¿Quién te lo ha dicho?
- Yo que lo sé. Y con algarrobas y cosas peores. Así era el café de asqueroso. (p. 86)




4.1.2. Combinación de conectores de un argumento coorientado


Encontramos varios ejemplos en que y va acompañado por el adverbio además. En todos ellos su valor es el de añadir un argumento coorientado, que, además, cierra la intervención. El uso simultáneo de y además confiere mayor fuerza argumentativa a ese enunciado y da por concluida la cuestión, es más la da por zanjada, comunicando a su interlocutor que no admite réplica.

Aunque Briz señala que además posee fuerza argumentativa neutra a diferencia de encima o incluso (Briz 1998: 179), en estos ejemplos, debido a la combinación con y junto con la colocación del enunciado en última posición, se puede afirmar que posee fuerza argumentativa.

Es interesante observar que la intervención de la página 8 y de la página 75 son manifestaciones de desacuerdo con respecto a la anterior. Pero los argumentos entre sí están orientados hacia la misma conclusión.


- No es cuestión de lo que se vea o se deje de ver. Yo no sé ni siquiera si lo veo; pero me gusta que esté abierto, capricho o lo que sea. De la otra forma es un agobio, que no sabes qué hacer con los ojos, ni dónde colocarlos. Y además, me gusta ver quién pasa. (p. 8)

- Hablaron de que iban a no sé qué sitio que conocen ellos - decía Tito, escarbando en el polvo -. Y además no los precisamos para nada... (p. 30)

- Ya te lo he dicho yo. No es la primera vez. Siempre se cree que andan todos a vueltas con ella. Y además es lo que la gusta; lo está deseando. (p. 53)

- ¿Por qué voy a callarme? Tras que saco la cara por ti. Y además no me hablas tú de esa manera. (p. 75)



Un caso ligeramente distinto es el de la página 88. El argumento que presenta es coorientado y el adverbio además indica un refuerzo que se focaliza en la causa "por ellos", corrigiendo así la implicatura del enunciado anterior. Carece, en cambio, a diferencia de las anteriores, del valor de cierre de la intervención.


- Si es lo pesados que se ponían, y la manera tan ignorante y tan sin gracia de hablar con una chica. Te sientes como gallina en corral ajeno. Deseando marcharte cuanto antes. Ves que quieren hacerte reír y que no lo consiguen, que lo único que te pones es más violenta cada vez. Y estás violenta por ellos, además. Por el poquísimo humor que ves que tienen los pobrecitos y los esfuerzos que hacen por divertirte. En mi vida pasé rato más malo en una fiesta, ni lo pienso pasar. (p. 88)


Vale la pena incluir otro ejemplo, en este caso con el adverbio luego, que posee también el mismo valor de adición de argumento orientado:


- Pues yo, mira tú, a mí los pueblos no me disgustan. Una vida tranquila... - se detuvo, pensando- . Y luego, todo el mundo se conoce. (p. 89)




4.1.3. Participación en enunciados de un argumento antiorientado (conector en cambio)


“Son argumentos antiorientados cuando sirven a conclusiones inversas” (Briz 1998: 179)

El conector y no es un conector de argumentos antiorientados. Puede, sí, introducirlos, pero el conector “guía” de la inferencia es otro; entre los ejemplos del corpus, los conectores de argumentos antiorientados son: en cambio, pero.

En cambio es un conector «contraargumentativo», según señala Portolés, siguiendo a Roulet[4]. Contrasta elementos equiparables. Sólo puede formar parte de contraargumentaciones restrictivas (no exclusivas). Puede insertarse en diferentes tipos de oraciones: finales, concesivas, adversativas …” (Portolés 1998b: 247)


El conector y introduce el enunciado, enlazándolo con el anterior, pero es el conector en cambio el que le confiere valor de contraste y su presencia no deja duda a la interpretación opositiva del enunciado con respecto al anterior, unidos, eso sí, por el conector y. Seguramente el efecto de contraste producido por en cambio resulta más de efecto precisamente porque el enunciado va introducido por y, que es conector de argumentos coorientados.


- Chica, es una delicia andar en moto; no se nota el calor. Y en cuanto paras, en cambio, te asas. Esos tardan un rato todavía. (p. 15)

- Y la gente que viene - decía ella sentándose - ; cada año viene más. Y nosotros, en cambio, vaya facha de río. Vaya un Manzanares más ridículo, que parece una palangana, con ese agua tan marrana que trae, que es la vergüenza de un Madrid. (p. 98)




4.2. Conector introductor de conclusión


Esta serie de argumentos que nos ofrece esta intervención tiene como intención y conclusión última la de 'no tomar bebidas alcohólicas fuertes', intentando incidir sobre el interlocutor para que no lo haga. Los argumentos se exponen con enunciados que presentan modalidades diferentes. Aquí nos interesa la condicional, cuya apódosis está constituida por tres segmentos.

Presenta el esquema:

- prótasis (imperfecto de subjuntivo): tuviera

- apódosis (condicional -con la variante del imperfecto de indicativo-): diría / reiría / aborrecía.

Nótese que la prótasis: Como tuviera usted… y el primer segmento de la apódosis: entonces ya me lo diría usted, forman parte de un mismo enunciado. El siguiente enunciado se yuxtapone: no se reiría. El tercer y último segmento va introducido por y, indicando el final de la enumeración e ilustrando la conclusión con la bebida concreta: la cazalla.


- Usted se ríe - le decía el Chamarís -. ¡Qué bien se ven los toros desde la barrena! Como tuviera usted una úlcera, o una gata, como muy propio lo dice aquí el señor Lucio, mordiéndole por dentro, entonces ya me lo diría usted. No se reiría tanto. Y aborrecía usted la cazalla, pero rápido. (p. 59)




5. Conexión. Función metadiscursiva


5.1. Regulación. Progresión


Dentro de la función metadiscursiva y en el seno de la estructuración, Pons distingue entre demarcación, formulación y regulación. “El regulativo es un valor que asume la función conexión en la intervención y en el intercambio y consiste en marcar el inicio, continuación o final de la unidad en que se inserta” (Pons 2000: 208).

Las funciones del conector y se inscriben en la regulación y principalmente como marca de continuación o progresión. Como señala el mismo autor, esta función se superpone a la argumentativa.


- Y Fernando es un buen amigo, pero ya ves las cosas que tiene. Di tú que porque era él; que si llega a tratarse de otro cualquiera, en seguida lo aguanto yo, conforme se puso allí en el agua conmigo. Y todo eso por la Mely, que la culpable fue sólo ella. (p. 76)


Los siguientes ejemplos presentan intervenciones encabezadas por el conector y que expresan una petición, bien de una cosa concreta, bien de información o bien de una opinión o parecer. La continuidad da pie al uso del conector y como enlace. Se trata de intervenciones iniciativas, aunque no es la primera que realiza el hablante. El hilo de continuidad pasa a través del hablante y a través de la línea temática. Obsérvense los siguientes ejemplos:


¡Qué bien te está ese gorro! ¿Y dónde dices que lo compraste? (p.49)

Llegaba Sebas, jadeante:
- ¿Qué os pasa?
- Nada. Tú, que confundes el nadar con una lucha libre; parece que te vas peleando con el agua.
- Ah, cada cual tiene su estilo - contestaba riendo Sebastián.
- Eso sí, desde luego.
- ¿Y qué hacéis?
- Nos han estado éstos contando el altercado.
- Me lo supuse. Pero, oye, ¿y Daniel, no se baña? (p. 60)

Luci asentía.
- Pues venga.
- ¡Dentro de breves momentos procederemos al sorteo! - decía Sebas con voz de charlatán-. ¡Oído a la carta premiada!
Ya Lucita se había colocado.
- ¿Y quién se lleva el mono?
- ¡Va bola, señores! - dijo Miguel-. ¡Tira, Lucita; saca ya el primero!
- Ya está. ¿Para quién es?
Miguel miraba todo el corro, sonriendo:
- Paraaa... ¡para Santos!
- Y ahora, ¿qué hago? ¿Lo tengo que abrir?
- Pues claro; a ver lo que pone. (p. 73)





5.2. Referencias anafóricas al contexto lingüístico


NIVEL MONOLÓGICO


5.2.1. Combinación del conector y con demostrativos


A la coherencia y progresión que y aporta al discurso contribuyen sustancialmente las referencias que llevan a cabo, entre otras unidades, los demostrativos. Pueden referirse al enunciado o a la intervención.

Analicemos varios ejemplos de y como conector monológico. En los dos primeros se ve inmediatamente la referencia al enunciado o enunciados anteriores. El neutro eso se refiere a la idea en su conjunto y no, a un elemento concreto. En el primer ejemplo, y enlaza un argumento valorativo; en el segundo, uno justificativo.


- Aquí lo conocen a uno demasiado - decía Lucio, riendo -. Y eso es lo malo. Que lo calen a uno en algún sitio. (p. 16)

- Y Fernando es un buen amigo, pero ya ves las cosas que tiene. Di tú que porque era él; que si llega a tratarse de otro cualquiera, en seguida lo aguanto yo, conforme se puso allí en el agua conmigo. Y todo eso por la Mely, que la culpable fue sólo ella. (p. 76)


Diferente es el caso siguiente. Aquí hay una trama densa de referencias que colaboran entre sí.

En primer lugar la repetición de río, en segundo lugar el adverbio también que insiste sobre el mismo referente. En el primer enunciado la interjección confiere una valoración peyorativa. Pues bien, en el enunciado introducido por y, esta valoración peyorativa es recogida y reproducida por el demostrativo eso, aludiendo con un neutro a un término que no sólo posee contorno físico sino que también ha sido mencionado previamente.


- Pues vaya un río... - dijo Mely -. ¿Y eso también es un río? (p. 26)


Tiene referencia concreta e indentificable en el enunciado anterior el demostrativo ese que hace referencia a Tito.


- Yo no meto cizaña, ¿sabes? Tito me vino a molestar. Y a mí ni ese ni nadie me pone las manitas encima, ¿te enteras? (p. 53)




5.2.2. Combinación del conector y con pronombres personales


También los pronombres personales no sujeto contribuyen a la coherencia interna del texto en convivencia con el conector y.

En el mismo enunciado, el pronombre acusativo retoma el sustantivo "gorro" de la oración anterior.


- ¡Qué bien te está ese gorro! ¿Y dónde dices que lo compraste? (p. 49)


Los pronombres lo y la reutilizan la información dada en la oración anterior combinada con otros verbos: lo (andan todos a vueltas con ella) + gustar o + desear; la (ella).

También aquí encontramos el adverbio "además", que fortalece la función de enlace de la conjunción y, añadiendo, concluyendo y aportando fuerza argumentativa.



5.2.3. Repetición de unidades léxicas


Hay un buen número de ejemplos que ilustran, en los enunciados presentados por el conector y, la aparición de las mismas unidades léxicas de enunciados anteriores, es decir, aparecen repetidas. Esta repetición asegura, junto a la continuación y progresión de y, la pervivencia y el enriquecimiento del tema.


- Pues vaya un río... - dijo Mely -. ¿Y eso también es un río?

- Si es lo pesados que se ponían, y la manera tan ignorante y tan sin gracia de hablar con una chica. Te sientes como gallina en corral ajeno. Deseando marcharte cuanto antes. Ves que quieren hacerte reír y que no lo consiguen, que lo único que te pones es más violenta cada vez. Y estás violenta por ellos, además. Por el poquísimo humor que ves que tienen los pobrecitos y los esfuerzos que hacen por divertirte. En mi vida pasé rato más malo en una fiesta, ni lo pienso pasar. (p. 88)

- No es cuestión de lo que se vea o se deje de ver. Yo no sé ni siquiera si lo veo; pero me gusta que esté abierto, capricho o lo que sea. De la otra forma es un agobio, que no sabes qué hacer con los ojos, ni dónde colocarlos. Y además, me gusta ver quién pasa. (p. 8)


En el siguiente ejemplo, el hablante, en una intervención discontinua, tras el intercambio originado por los saludos de la presentación, retoma el tema del "cante" y le da continuidad. De ahí las locuciones sobre todo y en particular que precisan el tipo de "cante" que es el flamenco. Como se puede apreciar, el sustantivo cante se encuentra varios renglones arriba y pertenece al mismo emisor. Así que este emisor continúa (tal y como nos asegura el narrador) su discurso. En la continuación, repite la palabra cante, punto central del tema que expone.


El alguacil no atendió a lo que el otro le decía; se había dirigido a Miguel, con entusiasmo:
- Perdone, me va usted a permitir que lo salude. Carmelo Gil García me llamo yo; soy acérrimo del cante.
Le hablaba como a una celebridad de la canción.
- Mucho gusto.
- El mío. Y sobre todo y en particular de lo que es el flamenco - continuó el alguacil - . Mire, este invierno pasado no, el otro invierno anterior, tuve que hacer el sacrificio: me compré el aparato. O sea que me eché los Reyes, eso es. Y todo por el cante; no se crea usted que no me tuve que privar de poco. Y por bien empleado lo doy. Sí, hombre, y Pepe Pinto y Juanito Valderrama, los ases de la canción, todos esos nombres me los conozco, ya lo creo, ya lo creo... (p. 79)




5.3. Marcas de la enunciación


NIVEL DIALÓGICO


En el nivel dialógico, el conector y sirve para mantener la continuidad y la progresión del discurso; para ello cuenta con la contribución de referencias anafóricas que enlazan con lo anterior; las más usadas son los demostrativos. "Sin duda el procedimiento de repetición más habitual, cuando sólo se trata de hacer presente en un enunciado una referencia de otro enunciado anterior, sin intentar manifestar ningún tipo de avance (o confiando a otros recursos el avance temático), es el recurso a signos especializados en marcar la enunciación (pronombres, demostrativos, posesivos, fóricos)" (Núñez / Del Teso 1996: 136). Así pues, dichas referencias anafóricas reciben el nombre de marcas de enunciación. Son signos especializados en marcar formalmente la enunciación y sirven para mantener en varios enunciados la referencia a los mismos individuos.

El conector y desempeña dos funciones fundamentales: mantiene la permanencia temática del texto a la vez que abre el camino de la progresión y desarrollo del mismo. Engancha con lo anterior y sienta las bases para una nueva información.

Para estas funciones el discurso dispone además de otros procedimientos. Para la permanencia del tema uno de los procedimientos más usuales y simples es la repetición textual. Fases más avanzadas son la que usan correferentes, hiperónimos y marcas de la enunciación. Las marcas de enunciación son signos especializados que comprenden pronombres, demostrativos, posesivos, adverbios de lugar y tiempo. El uso de estas marcas de enunciación indica, a la par que el conector y —en relación de solidaridad—, que hay continuidad con el tema tratado y a la vez hay progresión, puesto que estas marcas "representan" lo conocido como base necesaria para introducir la información nueva y que ésta sea aceptada y comprendida. "La información nueva debe presentarse de manera que supere la resistencias naturales de quien la va a recibir. Resistencias de orden psíquico, pues se acepta mejor lo que se acomoda a nuestras expectativas, y resistencias de orden cognitivo, pues lo excesivamente nuevo es también ininteligible" (Núñez / Del Teso 1996: 220). Por tanto, no se trata sólo de la coherencia interna del texto, sino también de los mecanismos de la enunciación, con la participación activa en el mensaje de sus protagonistas: emisor y destinatario.

Por tanto, el conector y es un conector metadiscursivo centrado en la salvaguardia de la cohesión del discurso. Su función se vincula a la organización de la actividad discursiva: por un lado, está al servicio de la estrategia de la intercomunicación y, por otro, es marca de la estructuración del discurso.



5.3.1. El conector y junto con referencias al contexto


Como ya se indicaba en el nivel monológico, la presencia del conector y junto a la presencia de referencias anafóricas en el mismo enunciado se justifican recíprocamente. Ambas marcan a la vez la continuidad y el avance del tema de la conversación.

Asimismo, en el nivel dialógico, el demostrativo o las repeticiones léxicas hacen referencia a un elemento de otra intervención. De esta manera, junto a la continuidad aportada por y, la cohesión del discurso cuenta también con estos enganches referenciales.



5.3.1.1. Demostrativos


Los demostrativos realizan varios tipos de referencias:

o     Hacen referencia al contexto lingüístico (cotexto):


- ¿Y qué con eso? (p. 35)

- ¿Y qué muertos son ésos? (p. 40)

- ¿Y usted por qué estaba seguro de eso? (p. 85)

- A mí me aburre lo tranquilo - dijo Mely - , me crispa; la tranquilidad es lo que más intranquila me pone. Y eso de conocerse todo el mundo, ¡vaya una gracia!; ¿pues qué aliciente va a tener la vida si conoces a todos? No me convence la vida de los pueblos, lo siento; debe ser el tostón número uno. (p. 89)


o     Hacen referencia a personajes conocidos por los interlocutores (presentes o ausentes):


- Ya. ¿Y aquel alto, que cantaba tan bien? ¿Viene ése? (p. 15)

- Y ese otro se debió de creer que tú eras un Fleta, o poco menos. (p. 90)


Realizan una señalación espacial a uno de los personajes presentes en la situación comunicativa:


- ¿Y ése qué hace? ¿Durmiendo todavía? (p. 70)




5.3.1.2. Repetición de unidades léxicas



- ¡Qué va! Fue Mely, que se paraba cada veinte metros, diciendo que no está para esos trotes, y que nadie la obliga a fatigarse.
- ¿Y para qué trotes está Mely? (p. 20)

- ¡Qué bien cantaba ese muchacho!
- Y canta. Los hemos adelantado ahí detrás, en la autopista Barajas. Cerca de media hora tardarán todavía, digo yo. ¿Pues no son dieciséis kilómetros al puente? (p. 15)

- Y lo mismo te coges una garza de no te menees. El noventa por cien de la carne del Dani debe ser puro alcol.
- Y el otro diez por ciento, mala leche - añadía Fernando. (p. 92)





6. Modalidad


NIVEL DIALÓGICO


Incluimos todas las ocurrencias en las que el conector y encabeza una intervención. De un total de 64 enunciados, 41 son interrogativos, 18 enunciativos y 5 exclamativos. Así pues, dos tercios son preguntas, o sea, tienen modalidad oracional interrogativa.

Siguiendo la línea de Briz, en el nivel dialógico, y es conector argumentativo, pero de un interlocutor con respecto a otro; lo que Briz denomina manifestación de acuerdo o manifestación de desacuerdo en el nivel dialógico. Pons, en cambio, incluye estos dos tipos de manifestaciones en la función que denomina modalidad.

Especialmente para manifestar desacuerdo, el hablante se sirve de formas de negativa atenuada y para ello utiliza, entre otros procedimientos, la modalidad oracional interrogativa, es decir, lo plantea en forma de pregunta. Además, el uso del conector y tiene también valor refutativo, aunque menos explícito y menos directo que el conector pero, por ejemplo.

Una distinción importante es la que se lleva a cabo en el seno de los enunciados interrogativos. En un principio, una pregunta es una intervención iniciativo-reactiva, es decir, inicia y solicita una respuesta, una reacción, por parte del interlocutor, que puede ser de información o de acción. En cambio, muchas de las preguntas del corpus son intervenciones reactivas, en general, de manifestación de desacuerdo. La modalidad interrogativa sirve de atenuante a la expresión de dicho desacuerdo o de esa negativa.

A continuación clasificamos las ocurrencias según el valor de y como conector de manifestación de acuerdo y de desacuerdo en intervenciones iniciativas, iniciativo-reactivas y reactivas. Después se pasa revista a una de las funciones más importantes de y que es la de atenuante en secuencias que presentan una determinada modalidad oracional (interrogativa) y un determinado orden de palabras (marcado). Todo ello, teniendo presente que el conector y actúa, asimismo, de marca de enunciación o aparece combinado con otras marcas de enunciación en la interacción hablante-oyente (véanse también los ejemplos en su función metadiscursiva).




6.1. Manifestación de acuerdo


Y marca la adición argumentativa dialógica de dos hablantes diferentes. Vale la pena observar los diálogos en su contexto, porque se aprecia claramente la dinámica de los mismos, la recepción del movimiento iniciativo y la respuesta de concesión que no aparece expresa y que se infiere claramente al añadir un argumento con la misma orientación que la de su interlocutor.

El enlace se realiza con la intervención que hace el interlocutor. El hablante en su manifestación de acuerdo conecta un argumento en el mismo nivel y con la misma orientación del argumento de su interlocutor. Se trata por tanto de una reacción colaborativa: lo que dice B se conecta con lo dicho por A

Sirvan de ejemplo estos diálogos en los que, a la razón aportada por el interlocutor, el hablante añade otra razón del mismo signo.


- Lo que tiene de grande lo tiene de infeliz.
- Incapaz de nada malo. Un buen muchacho, sí señor.
- Y el poco orgullo que tiene, que le dices cualquier cosa y escapado te la hace, como si fuera suya. Otros, a sus años, se te ponen gallitos y se creen que los quieres avasallar... (p. 12)


- De hierba no es que haya mucha, la verdad.
- El ganado se la come.
- Y los zapatos de la gente. (p. 29)


- No, si quejarse, aquí nadie se queja - dijo Santos -; el que protesta es el estómago.
- Pues, claro; a ése sí que no hay quién lo calle. Siempre te dice la verdad.
- Y a la hora en punto; va con Sol. (p. 90)


- No dejéis nada - dijo Petra.
Careaba a sus hijos por delante, hacia el corredor. Luego entró ella, y los cuñados, y Felipe el último. Lucio decía al hombre de los z. b., señalando con la cabeza hacia la puerta por donde todos habían salido:
- Éste ya puede agarrarse al volante de firme, con esos cuatro lobeznos en casa pidiendo pan.
- Y destrozando calzado... - añadía el otro. (p. 101)






6.2. Manifestación de desacuerdo


6.2.1. Intervenciones iniciativo-reactivas


El hablante espera de su interlocutor que deje de hacer o de pensar como hasta ahora. Se lo plantea como una pregunta para que haga suya la justificación que conlleva.

En los siguientes ejemplos, el conector y involucra al oyente. En su enunciado hay muestras del "tú", como son la forma verbal quieres (9), los pronombres ti, te (17), el pronombre te (17), la forma verbal hablas (89).


- La niña no tiene por qué estarse aquí sacrificada todos los domingos; también tiene derecho de ir al cine.
- Nadie la quita de que vaya al cine. Yo sólo digo que se les ocurra otro día.
- ¿Y cómo quieres que le dé al otro tiempo, en día de diario, venir desde Madrid y volverse con ella, si sale a las siete y media de trabajar, o más tarde?
- Pues bueno, mujer, no he dicho nada. Que hagan lo que quieran. (p. 9)


- No se te ocurra cometer la tontería de bañarte antes de las once y media; se te puede cortar la digestión.
-Vaya; cómo me cuidas, Pauli. ¿Me vas a cuidar igual cuando nos casemos?
- ¿Y a ti qué más te da? Total, para el caso maldito que me haces. No sé ni de qué me sirve.
- Lo que tú dices sirve siempre, Lucero. Me agrada a mí el que lo digas.
- Anda, ¿y qué gano yo con que te agrade?, si luego no lo llevas a la práctica.
- Pues que te quiero más: eso ganas. ¿Te parece poco? (p. 17)


- Pues en un caso como ese - dijo Mely- , lo que hace una es meterles el lío y tomarles el pelo por todo lo alto.
- Eso es lo que harías tú, seguramente. Pero yo no sirvo para tomarle el pelo a ninguna persona; ni quiero. Tú sí, no me cabe duda; a ti eso te divierte, ya lo sé.
- ¿Y a qué me hablas ahora de esa forma? No lo comprendo, Carmen, la verdad. (p. 89)



En el ejemplo de la página 49, se ha preferido, en cambio, la impersonalidad:


- Ya podían enterrar esas carroñas.
El carnicero:
- ¿Y quién se pone en este tiempo a excavar hoyos bajo el sol, con lo durísimo que está el terreno? (p. 49)


Como se puede observar, son intervenciones que utilizan la modalidad oracional interrogativa, que atenúa la negatividad de la reacción. A esta atenuación, como veremos más adelante, contribuye activamente el conector y.



6.2.2. Intervenciones reactivas


En todas las ocurrencias que hemos encontrado, la intervención reactiva equivale a una negativa.

Equivale a una manera "elegante", "amable" o "irónica" de decir que no. En definitiva, sin dejar de ser una negativa, utiliza una forma atenuada para rechazar la petición. No espera respuesta. Sí, en cambio, pretende la aceptación por parte del interlocutor, procurando que asuma su parte de responsabilidad y por consiguiente el merecimiento de dicha negativa.

Es precisamente en esta dinámica de la recepción del mensaje por parte del interlocutor donde juega también su papel atenuador el conector y, que consigue introducir estas interrogaciones evitando que resulten bruscas o agresivas.


- ¿Y tú no piensas almorzar, entonces?
- Pues ahí está. Si también se me acercan a recogerme la comida... Allí en la mesa la cocina me lo debe tener la cuñada, todo ya preparado. Así, pues me evitarían tener que ir.
- ¿Y luego qué más, señor marqués? ¿No ves que van a venir cargadas, para encima tener que ponerte a ti la merienda a domicilio?
- Ah, pues déjalo, entonces, mira. Si me entra gana, me acerco. Y si no a la noche, es lo mismo. (p. 19)


- Mira, Sebas, si quieres puedes poner aquí tus cosas, al lado de lo mío.
Le señalaba el sitio, junto al tronco.
- ¿Y qué más da?
- Ah, no; por si querías; mejor quedaba ahí... Vamos, a mí me lo parece.
- Es igual, hombre; ahora no tengo ganas de levantarme. (p. 41)


- Hala, pues va a ser rápido como el cemento - dijo Miguel -; vais a ver. Se echa a los papelitos. ¿Quién tiene un lápiz? ¿No tenéis nadie un lapicero?
- ¿Y a quién se le va ocurrir traerse un lápiz al campo? ¿Qué querías que hiciésemos con él? (p. 71)


- Oye, es verdad; y la tartera del Dani, ¿qué hacemos con ella?, ¿la bajamos por fin?
- Naturalmente. ¿Cómo querías que le hiciésemos una guarrada semejante?
- Pues él nos la hizo a nosotros el primero.
- ¿Y te vas a tomar el desquite por esa tontería?
- No, ¡qué va! Yo no tengo ningún interés. Vosotros lo dijisteis. Si es por mí, se la bajamos, desde luego, y no hay más que hablar. (p. 83)



Si observamos el siguiente ejemplo, la reacción de rechazo resulta más brusca que si la hubiese planteado como una interrogación. De hecho, el hablante para suavizar la situación le dirige una pregunta a su interlocutora (este enunciado sería iniciativo; no, el introducido por y)

Téngase en cuenta, de todas formas, que el conector y mitiga la agresividad de la reacción.


- Oye, ¿a ti qué te parece de la Mely?
- ¿La Mely?, ¿en qué sentido?
- Si te resulta simpática y esas cosas; no sé.
- A ratos.
- Tiene buen tipo.
- Seguramente.
- De todas formas presume demasiado, ¿no lo crees tú también?
- Y yo qué sé, hija mía. ¿Por qué me haces hablar de la Mely, ahora? Vaya preocupación.
- De algo hay que hablar... (p. 64)




6.3. Atenuación


6.3.1. Modalidad interrogativa y orden de palabras. El conector y como marca de atenuación


El corpus presenta una serie de ocurrencias en las que, desde el punto de vista funcional, podría resultar difícil justificar la presencia inicial del conector y como enlace dialógico. Sin embargo, hay una buena razón y ésta tiene que ver con la alteración del orden de palabras, unido a la modalidad oracional interrogativa. Dicha alteración origina, primero, la presencia del conector y, para, después, dar lugar, también, a la parcelación y focalización de determinados constituyentes.

La atenuación es un valor pragmático del conector y que se da en determinadas condiciones. La modalidad interrogativa es una estrategia de atenuación que utiliza el emisor cuando formula una petición o un rechazo, con el fin de ganarse, de esta manera, la colaboración y la aceptación del interlocutor. Esta estrategia se une sinérgicamente a la función atenuante del conector y al inicio de intervención. El conector y ocupa esta posición en el enunciado debido a un determinado orden de las palabras, que resulta un orden marcado puesto que se trata de interrogativas. Si al conector y le siguen pronombres personales sujeto, generalmente o usted, además de los motivos ya aducidos, se produce un contacto directo con el destinatario, técnica que forma parte también de la estrategia para llamar la atención del mismo y hacerle presente su papel activo en la interacción y por tanto favorecer su buena predisposición para la negociación.

La característica común de un elevado número de estos enunciados es su modalidad interrogativa. La interrogación confiere el papel iniciativo a la intervención (salvo casos de formulación atenuada, como ya se ha visto). Tratándose, pues, de intervenciones iniciativas, en estos ejemplos, el emisor lleva a cabo una petición de información o de acción.

El empleo del conector y va unido a la alteración del orden de palabras en las interrogativas.


- ¿Y tú has estado de boda en algún pueblo? (p. 88)

- ¿Y en esa jarra, qué traéis? (p. 91)

- ¿Y mi oveja, quién es? (p. 92)


De los ejemplos que nos estamos ocupando, el orden no marcado sería:

¿Has estado (tú) de boda?

¿Qué traéis en esa jarra?

¿Quién es mi oveja?


El conector y parcela los segmentos que el hablante quiere resaltar colocándolos en primera posición (dislocados a la izquierda). Esta alteración del orden no marcado de las interrogativas requiere el uso del conector y, que, además de ser metadiscursivo, actúa también como atenuante, puesto que sin el conector y la pregunta adquiriría una brusquedad inusitada y expresaría una intención del hablante completamente distinta. Nótese la diferencia entre:

¿Mi oveja, quién es? / ¿Y mi oveja, quién es?



6.3.2. Orden de palabras y tematización


Tal y como se ha indicado, la presencia del conector y está unida a un determinado orden de palabras de los miembros del enunciado. "Las palabras se adelantan a menudo como preludios de las expresión organizada, a modo de titulares que presentan y anuncian la idea que se pretende desarrollar. Tales adelantos informativos, pre-temas, pre-remas o, como los han llamado algunos autores, movimientos tópicos o dislocaciones a la izquierda, actúan, así pues, de presentadores temáticos o remáticos" (Briz 1998: 77).

La alteración del orden de palabras en el enunciado tiene consecuencias en la comunicación, y Briz, por tanto, lo considera un orden estratégico: "se aprovechan referencias anteriores y se lanzan las palabras que anticipan la petición de información. Desde el punto de vista conversacional pueden servir como peticiones de toma de turno que introducen un cambio temático suave o brusco". Concretamente, al hablar de las interrogativas, citando a A. Narbona, señala que hay "voluntad de desmembrar y parcelar una estructura interrogativa de modo que el primer miembro se erige en trampolín preparador y desencadenador de la pregunta propiamente dicha". (Briz 1998: 77).

Reflejan esta voluntad ejemplos ya citados:


- ¿Y en esa jarra, qué traéis? (p. 91)

- ¿Y mi oveja, quién es? (p. 92)


Y también otros como:


- ¿Y el Dani?, ¿dónde anda? (p. 31)


Pero no sólo afecta a interrogativas. La tematización se produce también en otras modalidades oracionales, con la consiguiente presencia del conector y:


- Y el Dani que no se escurra del sorteo (p. 72)

- Y Fernando es un buen amigo, pero ya ves las cosas que tiene. Di tú que porque era él; que si llega a tratarse de otro cualquiera, en seguida lo aguanto yo, conforme se puso allí en el agua conmigo. Y todo eso por la Mely, que la culpable fue sólo ella. (p. 76)

- ¡Y usted me parece a mí que quiere saber mucho! Además nadie le ha dado confianza para que me tutee! ¡Pues vaya ahora con el viejales sabihondo! (p. 66)

- ¡Y a cuentas, y gramática, y geografía, y a todo, me pongo yo con este señor en cuanto quiera! A ver si es verdad que sabe tanto como quiere saber! Uno no ha estado siete años rompiéndose los codos, para que luego te venga un panadero retirado a llamarte ignorante ni a darte lecciones de nada! (p. 67)

- Y que se priva uno de mucho. Y dolores y latas y el mal humor que se cría. (p. 59)





6.3.3. Focalización de pronombres personales sujeto


El orden de palabras explicaría el empleo del conector y en otros casos de interrogativas, agrupadas entre sí por presentar una característica común: la colocación del pronombre personal sujeto como primer término del enunciado, tras el conector y.


- ¿Y no piensas almorzar, entonces? (p. 19)

- ¿Y usted entonces, por qué no la toma, imitando el ejemplo de aquí? (p. 58)

- Y yo qué sé, hija mía. ¿Por qué me haces hablar de la Mely, ahora? Vaya preocupación. (p. 64)

- ¿Y yo qué quieres que le haga? ¿No lo vas a llevar a la fuerza? (p. 74)

- ¿Y qué crees?, ¿que Fernando va detrás de Mely?- preguntaba Tito. (p. 77)

- Oiga: ¿y usted no podría dejarnos una jarra y unos cachos de hielo, para poner una sangría? (p. 81)

- Bueno, ¿y qué harías en un Madrid?, vamos a ver. Cuéntanoslo. (p. 84)

- ¿Y usted por qué estaba seguro de eso? (p. 85)

- ¿Y has estado de boda en algún pueblo? (p. 88)

- ¿Y , Daniel? ¿No me quieres probar las empanadas? - dijo. (p. 96)


Nótese que en todas los enunciados anteriores, aunque hay dislocación a la izquierda, no se trata exactamente de "titulares temáticos focalizados". Efectivamente ha habido focalización, pero no de un tema, sino del interlocutor (tú o usted) y del emisor (yo), es decir, de los protagonistas de la enunciación.

Además de los dos criterios anteriores: el orden de palabras y la dislocación a la izquierda, hay que destacar que, una vez focalizados los participantes en la producción y en la recepción de la comunicación, saldrán a la luz las estrategias de negociación y de participación de los mismos.

El acto de la comunicación se concentra en la toma de contacto directo y en la llamada de atención al interlocutor, con la relativa referencia al marco de la enunciación y actualización del hecho de ser protagonistas de la enunciación. El interlocutor se siente llamado a prestar más atención. La presencia del conector y se justifica como atenuante y sirve para evitar precisamente que se produzca una mala predisposición por su parte.

En este sentido, es necesario recordar que en las intervenciones de manifestación de desacuerdo, cuando hay réplicas con refutación, uno de los procedimientos para "agredir" es usar en las interrogativas el pronombre o usted en primer lugar. Ejemplo:


- ¿Usted cree? - le decía ahora Lucio, clavándole los ojos; adoptó un tono nuevo, paciente -. Vamos a ver, ¿y cuántos años tienes, muchacho? Me parece que van a ser muy pocos para saber nada de aquello. Andaríais a lo sumo jugando a los bolindres... (p. 66)


Para poder establecer un cotejo, hemos rastreado en el texto las interrogativas que inician con el pronombre personal, sin ir precedidas por el conector y. Hemos encontrado pocas numéricamente: dos son de ofrecimiento (p. 48, 71); una es retórica e indica control de recepción (p. 58). La siguiente es una petición no explícita (p. 33). Y la última es de enfrentamiento (p. 66).


- ¿Usted también quiere? (p. 48)

- ¿ quieres, Ali? (p. 71)

- ¿Usted también? - le dijo -. ¿Usted también con úlcera? (p. 58)

- ¿ no traías Bisontes, Mely? (p. 33)

- ¿Usted cree? - le decía ahora Lucio, clavándole los ojos; adoptó un tono nuevo, paciente -. Vamos a ver, ¿y cuántos años tienes, muchacho? Me parece que van a ser muy pocos para saber nada de aquello. Andaríais a lo sumo jugando a los bolindres... (p. 66)



En las de ofrecimiento y control de recepción (p. 48, 71, 58), el pronombre personal en primer término se explica por la voluntad de enfatizar, focalizar y poner en primer plano al destinatario.

En la petición (p. 33), como tal petición, cabría esperarse un atenuante. En el ejemplo concreto (¿Tú no traías Bisontes, Mely?), además de aducir la informalidad de la situación y la edad de los interlocutores, lo realmente significativo es que el hecho de haber traído Bisontes es un rasgo positivo del que sentirse orgullosa y ese es el mensaje que hace pasar el emisor. Efectivamente si se lee la continuación del diálogo, los Bisontes son tabaco rubio, producto más refinado, de más prestigio y por tanto más deseado que el tabaco negro. De ahí que no tenga necesidad de atenuación. Es más, en este sentido Briz ofrece un ejemplo similar e indica que "aparece atenuada por elisión de la conclusión (acto de habla indirecto) 'dame un cigarro'." (Briz 1998: 154)

En resumen, salvo en la intervención en la que se muestra un movimiento de desacuerdo (p. 66) y por tanto se busca la brusquedad y la agresividad, en las demás intervenciones el emisor no sólo no ve la necesidad de atenuar, sino que busca enfatizar al interlocutor con la presencia explícita en primer plano, puesto que la intención del hablante es, digamos, positiva hacia el interlocutor y no necesita atenuantes para conquistarlo.



6.4. El conector y en estructuras que expresan intensificación


Aunque el conector y no es un intensificador, dedicamos este apartado a la función de intensificación, porque el corpus ofrece ejemplos de enunciados encabezados por el conector y que son estructuras exclamativas o enfáticas.

En dichas estructuras, la contribución del conector y en la intensificación deriva de su función aditiva y se basa en su capacidad de hacer presente y de actualizar otros elementos –citados previamente, aunque no necesariamente– de tal forma que el elemento introducido por el conector y se suma a esos otros; por tanto no se trata de un elemento aislado, sino que añadiéndolo lo incorpora a un universo compartido y consabido por los participantes en la comunicación.


El conector y en estructuras exclamativas


El conector y enlaza la bici con la moto. Miguel, el emisor, acaba de llegar y él ha venido desde Madrid en bici, junto con los otros amigos; en cambio, Sebas y su novia han viajado en moto. Unir bici y moto da más realce a la moto, porque exalta las ventajas de esta última.


- ¡Y qué bien presumimos de moto! - dijo Miguel, acercándose a Sebas y su novia. (p. 19)


La situación del diálogo es la llegada a la venta tras kilómetros de recorrido en bici bajo un calor sofocante. El emisor expresa la culminación de una dura prueba y el premio merecido. El conector y expresa la culminación, como final, de ese proceso.


- ¡Y qué vasazo de agua me voy a meter ahora mismo! Como una catedral. (p. 21)



El conector y en construcciones enfáticas


Son construcciones de relativo sustantivadas que expresa ponderación.


- Y la gente que viene - decía ella sentándose -; cada año viene más. Y nosotros, en cambio, vaya facha de río. Vaya un Manzanares más ridículo, que parece una palangana, con ese agua tan marrana que trae, que es la vergüenza de un Madrid. (p. 98)




7. Conclusiones


Analizando las ocurrencias del corpus utilizado se observa que, concretamente, el conector y, manteniendo la significación convencional de ‘adición’, realiza las funciones pragmáticas de conector argumentativo, metadiscursivo y de modalidad. Como conector argumentativo, introduce argumentos coorientados. Como marcador metadiscursivo, desempeña la función estructuradora de continuidad y de progresión, facilitando el avance de la conversación. En el intercambio, vincula intervenciones que expresan acuerdo o desacuerdo e interviene en la atenuación de intervenciones iniciativas y reactivas.

No es de extrañar que el conector y desempeñe más de una función. Sirvan las siguientes palabras para comprender la dinámica de los conectores: “comenzar el análisis desde las funciones permite explicar la polifuncionalidad de un conector y, más importante aún, el que una ocurrencia de un conector se pueda analizar desde distintas, aunque complementarias, perspectivas. La polifuncionalidad (...) es una necesidad para entender el funcionamiento de estos elementos en la conversación coloquial.” (Pons 2000: 209)


Sinopsis de las funciones del conector y con ejemplos del corpus


Conexión. Función argumentativa


NIVEL MONOLÓGICO


conector de argumento coorientado


- Es una escandalosa. Y una repipi como la copa un pino. No la aguanto, palabra. (p. 53)


conector introductor de conclusión


- Usted se ríe - le decía el Chamarís -. ¡Qué bien se ven los toros desde la barrena! Como tuviera usted una úlcera, o una gata, como muy propio lo dice aquí el señor Lucio, mordiéndole por dentro, entonces ya me lo diría usted. No se reiría tanto. Y aborrecía usted la cazalla, pero rápido. (p. 59)



Conexión. Función metadiscursiva


Estructuración: progresión


NIVEL MONOLÓGICO


- La Mely es una lianta. Toda la culpa la tuvo ella. Y luego va y lo cuenta por ahí. Y ahora, Daniel; que no sube. Total, que hoy no levantamos cabeza, está visto. Vamos de una, en otra peor. (p. 76)



INTERVENCIÓN DISCONTINUA


Luci asentía.
- Pues venga.
- ¡Dentro de breves momentos procederemos al sorteo! - decía Sebas con voz de charlatán-. ¡Oído a la carta premiada!
Ya Lucita se había colocado.
- ¿Y quién se lleva el mono?
- ¡Va bola, señores! - dijo Miguel-. ¡Tira, Lucita; saca ya el primero!
- Ya está. ¿Para quién es?
Miguel miraba todo el corro, sonriendo:
- Paraaa... ¡para Santos!
- Y ahora, ¿qué hago? ¿Lo tengo que abrir?
- Pues claro; a ver lo que pone. (p. 73)



NIVEL DIALÓGICO


- ¿Que?, ¿es que te gusta Mely a ti también?
- ¿A mí? ¡Bueno! Me tiene absolutamente sin cuidado. Y desde hoy más, fíjate. Lo que es desde hoy ya, cruz y raya. Se ha terminado la Mely para mí: «Hola qué tal» «Adiós buenas tardes», eso va a ser toda la Mely para mí, de aquí en adelante. Textual.
- Chico, pues vaya unas determinaciones que tomas tú también. Te pones tajante.
- Pues así. Tiempo tendrás de verlo. Hombre, es que ya es mucha tontería la que tiene. Donde ella esté, no hay más que líos a diestro y siniestro. Una lianta y una escandalosa, lo único que es.
Sonreía Miguel mientras se ataba el cinturón.
- Chico, vaya un encono que has cogido. Yo ya estoy; cuando quieras.
- Vamos.
Echaban a andar.
- ¿Y a quién decías que le gustaba Mely? - decía Tito.
- ¿Yo? A nadie. No sé nada.



Modalidad

NIVEL DIALÓGICO

acuerdo

- De hierba no es que haya mucha, la verdad.
- El ganado se la come.
- Y los zapatos de la gente (p. 29)


desacuerdo

- Ya podían enterrar esas carroñas.
El carnicero:
- ¿Y quién se pone en este tiempo a excavar hoyos bajo el sol, con lo durísimo que está el terreno? (p. 49)


atenuación

- ¿Y en esa jarra, qué traéis? (p. 91)







Referencias bibliográficas


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Berruto, G.
   (1985)
Per una caratterizzazione del parlato: l’italiano parlato ha un’altra grammatica? in Holtus G., Radtke, E. (eds.) 1985, pp. 120-153.
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Notas


[1] Grice, H.P. (1989): Studies in the Way of Words, Cambridge, Harvard University Press, citado en Escandell 1996.

[2] Carston, R.. (1988a): "Implicature, explicature, and Truth-Theoretic Semantics", en R. Kempson (1988): Mental Representations. The Interface between Language and reality, Cambridge, Cambridge University Press, pp151-181, citado en Escandell 1996 y Portolés 1996.

[3] Sánchez Ferlosio, Rafael, El Jarama, Madrid, Ediciones Destino, 1980 (4ª), pp. 7-101.

[4] Roulet, E. (1987): "Complétude interactive et connecteurs reformulatifs", Cahiers de Linguistique Française, 8, 111-140, citado en Portolés 1998: 243-264.





— per citare questo articolo:

Artifara, n. 4, (gennaio - giugno 2004), sezione Monographica, http://www.artifara.com/rivista4/testi/conector.asp


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ISSN: 1594-378X



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