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De cómo y por qué La tía fingida es de Cervantes

José Luis Madrigal

A Aldo Ruffinatto

 

 

 

La atribución cervantina de La tía fingida (TF) sigue siendo todavía hoy motivo de controversia, por más que todos los indicios, tanto internos como externos al texto, apunten de una manera casi inapelable al autor de Las novelas ejemplares. Enumeraré los más importantes:


1)   La TF apareció en una colección de principios del siglo XVII (el ms. de Porras de la Cámara, actualmente perdido) que contenía, entre otras obras, dos novelas de Cervantes, Rinconete y Cortadillo y El celoso extremeño, novelas que, como la TF, van sin nombre del autor, son versiones algo distintas a las publicadas posteriormente y comparten elementos en común con la temática algo procaz del entremés.

2)   Cervantes tiene un entremés titulado El vizcaíno fingido, de tema y tono bastante parecido a la TF.

3)   En el capítulo 47 de la Primera Parte del Quijote se mencionan “unos papeles” que recuerdan enormemente al manuscrito de Porras[1].

4)   Las semejanzas temáticas y estilísticas de la TF con respecto al resto de las obras de Cervantes abundan por doquier.

5)   La colección de Porras de la Cámara no puede ser posterior a 1609, pues el cardenal Niño de Guevara, a quien va dirigida la colección, muere en enero de ese año, con lo cual la posibilidad de un imitador de Cervantes avant la lettre resultaría poco menos que imposible[2].


¿Por qué entonces el escepticismo o el rechazo de tantos importantes estudiosos, de Andrés Bello a Foulché-Delbosc, de Icaza a Criado de Val? Es de suponer que la razón principal reside en la falta de una prueba definitiva. Sin un documento que lo avale, sin una mención del propio autor, sin el testimonio de algún contemporáneo que demuestre sin paliativos la autoría, los escépticos pueden desmantelar la atribución cervantina de la TF en unos pocos renglones: los tres primeros puntos arriba citados pueden pensarse que son casualidades; las coincidencias estilísticas o temáticas reflejarían a lo sumo la mano de un imitador; el imitador podría ser amigo de Cervantes... o el mismo Porras de la Cámara. No es que tenga mucha lógica ninguno de estos argumentos, pero, como dice Márquez Villanueva, “sin prueba a favor ni en contra de la paternidad de la novela”, la atribución de la TF, por más indicios que se tengan, no sale del “terreno de la pura convicción personal” o del gusto particular de cada uno[3].

La historia crítica en torno al texto así parece confirmarlo. Las únicas pruebas, de existir, serían las internas, pero hasta la fecha cualquier análisis estilístico se ha visto abocado al fracaso. Al principio ni siquiera se hicieron, aunque Bosarte, el descubridor del ms. Borras, sí tenía proyectado un estudio con “un gran número de frases y expresiones tomadas de las demás obras de Cervantes” donde pensaba demostrar que la TF, lo mismo que Rinconete y Cortadillo y El celoso extremeño, era “parto de su ingenio”[4]. La muerte, sin embargo, se lo impidió. García Arrieta[5], Navarrete[6] o José Bartolomé Gallardo[7], pareciéndoles evidentísima la paternidad de Cervantes, no creyeron ya necesario demostrar nada; y cuando alguien expresó alguna duda, en lugar de presentar pruebas o dar razones en favor de la atribución, se acogieron al insulto, a la descalificación o al sarcasmo. Tal actitud terminaría volviéndose en su contra, aunque por fortuna para ellos ninguno alcanzó a conocer el descrédito que la atribución cervantina de la TF llegó a tener en la crítica posterior.

Un punto de inflexión muy claro en el cambio de postura con respecto a la atribución de la TF está en la publicación del artículo de Foulché-Delbosc en 1899. Allí el hispanista francés hacía primero un riguroso repaso del estado de la cuestión y luego, tras ridiculizar las torpezas y excesos de los distintos estudiosos que hasta la fecha se habían encargado del estudio de la TF, desbarataba la supuesta autoría cervantina con los siguientes argumentos:


1)   tres obras encontradas en un mismo manuscrito donde dos son de un mismo autor no pueden llevar nunca a concluir que la tercera sea de ese autor también

2)   el aire de familia o las semejanzas de estilo entre la TF y el resto de la producción cervantina aducidas por los críticos son sólo una consecuencia de lo primero

3)   el aire de familia es una apreciación subjetiva; con un poco de buena voluntad y paciencia es fácil encontrar expresiones y frases semejantes prácticamente en cualquier obra coetánea[8]


Hay que decir que el hispanista francés, en su deseo por exportar cierto sano escepticismo, incurría de suyo en una falacia. Tres novelas de género, estilo y formato semejantes, encontradas las tres en un mismo manuscrito y donde dos de ellas se sabe que son de un mismo autor, no prueban, ciertamente, que la tercera sea del mismo autor, pero sí resulta un indicio poderoso que no puede desdeñarse. Bosarte, Arrieta o Gallardo nunca esgrimieron este indicio como prueba; las pruebas, según ellos, eran las semejanzas estilísticas y temáticas entre la TF y el corpus cervantino. Que no se molestaran en mostrarlas no quiere decirse que confundieran pruebas e indicios. La confusión pertenece, exclusivamente, a Foulché-Delbosc, así como la creencia de que las semejanzas estilísticas entre distintos textos son simplemente apreciaciones subjetivas sin mayor valor en la atribución.

Apráiz, unos años después, no sé si movido por la punzante crítica del hispanista francés, se decidió a llevar a cabo el cotejo estilístico entre la TF y el corpus cervantino que Bosarte proyectaba hacer cuando murió y que Arrieta, Gallardo o Navarrete no hicieron por parecerles cosa harto evidente. Los resultados de Apráiz, con todos los defectos que se quiera, arrojaban una cantidad de coincidencias estilísticas y temáticas que no parecían ser producto del azar. Bonilla[9] echó también su cuarto a espadas y complementó el estudio de Apráiz con otros paralelismos que volvían a poner la TF dentro de la órbita cervantina, aunque no por mucho tiempo.

La TF era una obra incómoda para ciertos cervantistas pudibundos. No era ya solo que la protagonista fuera una prostituta y el ambiente claramente prostibulario, porque, al fin y al cabo, gente de mal vivir y ambientes envilecidos hay en otras obras cervantinas; lo peor no era eso. Lo peor, lo que resultaba de todo punto inadmisible para muchos de estos críticos era que la protagonista, en lugar de morir tuberculosa o sifilítica en un hospital, se casara nada menos que con un estudiante de buena familia, como Preciosa se casa con Andrés Caballero o la ilustre fregona con el hijo de don Juan de Avendaño. Una historia así era impropia de Cervantes. No podía ser. Atentaba contra la moral y el buen gusto. El mexicano Icaza dio con la razón: “la novela de la Tía Fingida, que arbitrariamente se ha querido atribuir a Cervantes, no es, en lo esencial, sino un arreglo o adaptación al castellano de varias páginas de los Razonamientos del Aretino”[10].

Hoy, a más de ochenta años de distancia, el estudio de Icaza nos hace sonreír. La supuesta imitación, vista detenidamente, no contiene más que algunos motivos y situaciones puntuales con la obra de Aretino que no afectan ni a la estructura narrativa ni a los personajes de la TF. En comparación con otras muchas obras de la época, o incluso del mismo Cervantes -pienso, por ejemplo, en “El curioso impertinente”-, la deuda con la fuente italiana es mínima, casi irrelevante. Y desde luego es absurdo hablar de “adaptación” y no digamos de “traducción”. La TF, sin ser tan original como otras Novelas ejemplares, se construye con una serie de leitmotiv típicamente cervantinos, ya sea el recurso de los dos amigos, el joven caballero enamorado de una mujer de baja condición, la vieja dispuesta a explotar los servicios de su pupila o el matrimonio entre desiguales. Cualquiera familiarizado con la obra cervantina los reconoce de inmediato. ¿Se le escapaba a Icaza? Seguramente no, porque más adelante en su estudio dejaba caer la posibilidad de que la TF fuera una pastiche de varias obras, entre ellas algunas de Cervantes, pero por la mayor parte su estrategia consiste en ignorar todo lo que de cervantino hay en la TF y resaltar lo que, a su juicio, es diferente o ajeno al autor de las Novelas ejemplares.

Eso se ve muy claro, por ejemplo, cuando ataca el método empleado por Apráiz. Las semejanzas estilísticas, según Icaza, cuentan para poco. Cualquiera, con un poco de voluntad, como decía Foulché-Delbosc, puede hacerse con un ramillete de frases hechas, expresiones y giros repetidos en la obra de varios autores. Apráiz ofrecía una gama amplia y variada de ejemplos; Icaza se limita a denunciar aquellos pocos que encuentra demasiado comunes en la época. Pero el modus operandi de Icaza es sesgado cuando no claramente tendencioso. Según él, toda analogía apenas es indicio de nada, aunque haya docenas; en cambio, tres palabras nunca vistas antes en el corpus cervantino (“aferruzado”, “aficionado” y “apregonar”), son “indicio muy poderoso” de que el autor de la TF no es el autor de las Novelas ejemplares. Y prestemos algo de atención a esas tres palabras: el prefijo “a” en “apregonar” podría ser muy bien un postizo del copista, mientras que “aficionado” con el sentido de “enamorado” no es verdad que jamás aparezca en Cervantes: en La gitanilla, por ejemplo, leemos: “Preciosa algo aficionada (más con benevolencia, que con amor) de la gallarda disposición de Andrés...”. Nos quedaríamos así solo con la palabra “aferruzado”: una sola anomalía. Poca cosa, en verdad, para descartar sin más una atribución.

Icaza termina su trabajo con un cotejo negativo para impugnar definitivamente el método de Apráiz y elige para ello la obra de Salas Barbadillo. Ciertamente este tipo de comprobación es de rigor en cualquier análisis estilístico de atribución, pero no del modo en que Icaza lo hace. Su tendenciosidad es manifiesta. Ya se sabe que las palabras son de todos y de ninguno: una frase hecha, una expresión aquí y allá o grupos de palabras demasiado corrientes no prueban absolutamente nada. Icaza tiene en parte razón cuando dice que la exclusividad es lo que distingue un estilo de otro. Ahora bien: esa exclusividad es sutil y exige siempre un contexto determinado. Un refrán o un modismo pueden tener un uso muy distinto en boca de uno u otro hablante. Además, en toda atribución las semejanzas cobran valor a medida que aumenta su frecuencia: mientras unas cuantas pueden obedecer al mero azar, la repetición sistemática de un repertorio de expresiones y giros exclusivos no tiene normalmente otra explicación que la imitación, el plagio o ser obra de un mismo autor. El repertorio de Apráiz, sin ser completo ni desde luego riguroso, muestra un haz de coincidencias nada despreciable: muchas son típicas de Cervantes; otras, aunque más comunes, aparecen en contextos empleados igual en otras novelas cervantinas. Icaza, consciente de ello, escoge cuidadosamente, elimina el contexto y contrasta la frase, monda y lironda, sobre el fondo textual de Salas Barbadillo para demostrar ab absurdo, como él dice, lo absurdo y “fútil de la argumentación ideada por Bosarte y puesta en práctica con un siglo de retraso por sus editores”.

Han pasado casi otros cien años. Los argumentos de Icaza nos hacen quizá reír, pero su mala fe, su tono arrogante y sus continuas descalificaciones exigen sin duda un correctivo, especialmente porque la TF, en parte gracias a él y a otros como él, sigue en el limbo de las obras atribuidas a Cervantes. Me propongo, pues, a partir de ahora, vindicar el método de Bosarte y demostrar cómo y por qué la TF es de Cervantes.


*


Todos estamos condenados a repetirnos al hablar y al escribir. Repetimos las palabras que oímos y repetimos lo que recordamos. Hablar es recordar; recordar es escribir. De ahí la repetición: la memoria es selectiva y archiva siempre de un modo particular. La TF se inicia con esta frase en las dos versiones conservadas:

 

Pasando por cierta calle de Salamanca dos estudiantes mancebos y manchegos, mas amigos de Baldeo que de Bártulo y Baldo, vieron en una ventana de una casa y tienda de carne una celosía. Pasando por una calle... alzaron acaso los ojos a una ventana y vieron en ella una celosía puesta que otras veces no habían visto

 

Apráiz y Bonilla se hacen eco de un pasaje de El Celoso Extremeño, casi al principio de la novela, en donde se lee: “quiso su suerte que pasando un día por una calle, alzase los ojos y viese a una ventana puesta una doncella”. La coincidencia es clara, pero Icaza aduce hasta tres pasajes que coinciden también de algún modo con el inicio de la TF. Veamos:

 

Salas Barbadillo Villegas Selvago Mateo Alemán
Cuando fuere por esas calles alce los ojos y verá cuán pocas son las ventanas que tienen celosías Un caballero llamado Flerinanardo, generoso y de abundante patrimonio vino de la Nueva España en esta ciudad, donde un día por ella ruando, como acaso pasase por casa de un caballero anciano... de una fenestra vido una fermosa doncella Íbame yo paseando por una de las calles de Milán, a donde había tantas y tan varias cosas... que me tenían suspenso; y acaso vi en una tienda una cadena que vendían a un soldado

 

Los tres pasajes, en efecto, coinciden en algunas palabras y hasta cierto punto con la situación descrita, pero ninguno encierra exactamente el giro “pasando por una calle” de la TF. Esta exclusividad sólo está en Cervantes, quien en el Persiles ofrece otra combinación exacta, o casi, a la versión de Porras de la Cámara: “Y sucedió que, pasando un día por una calle que se llama Bancos, vieron en una pared della un retrato entero, de pies a cabeza, de una mujer que tenía una corona en la cabeza”. Ahí, en este giro peculiar repetido varias veces dentro de un mismo contexto, es donde yo veo, por así decir, el DNA de un escritor o, si lo prefieren, su modus scribendi.

Ahora bien: una golondrina no hace verano. Si yo tuviera que defender la autoría de la TF con esta sola frase, lo tendría ciertamente complicado. Ni con ésta ni con diez frases como ésta. Ya sabemos lo que les pasó a Apráiz y a Bonilla. Es necesario hacer algo mucho más espectacular. Propongo, pues, lo siguiente. Icaza empieza su estudio analizando varios pasajes de la TF que, a su juicio, no son sino una adaptación de los Ragionamenti del Aretino. Pues bien: yo voy a demostrar que esas supuestas imitaciones contienen prácticamente en cada renglón una correspondencia verbal idéntica con el corpus cervantino. Empecemos por el primer ejemplo:

 

La tía fingida Ragionamenti
A lo cual respondió uno de los pretendientes, hacedme regalo y merced, Señora dueña, de decir a mi Señora, que se ponga a esa ventana que la quiero decir solas dos palabras que son de su manifiesta utilidad y servicio Huy, huy, dijo la dueña, en eso por cierto está mi señora... Onde le disse il Cortigiano, fammi almeno una gratia, dille, che quando voglia ascoltare uno, che tu le porrai cosa inanzi... come potrei favellare a la Gentildonna? A modo niuno risponde ella, perche non ne vuole intender niente: e spiando egli, se io era doncella, gli rispose donzellissima..., ne le si vede altro che masticare Ave Marie... percioche ella non volle mai

 

Las semejanzas de la TF con este pasaje de los Ragionamenti, cuidadosamente arreglado por Icaza, son más bien de contenido y apenas incluyen una sola equivalencia verbal, salvo quizá el “fammi almeno una gratia” del principio. Frente a esto, veamos lo que nos depara el cotejo con los textos cervantinos:

 

La tía fingida Textos cervantinos
A lo cual respondió uno de los pretendientes,


hacedme regalo y merced, Señora dueña, de decir a mi Señora,
A lo cual respondió uno de mis compañeros (Persiles)

A lo cual Cornelia dijo... hacedme merced, señores (La señora Cornelia)

Hacedme merced de decirme quién sois... (La señora Cornelia)

menos mudas, señora dueña dijo Sancho
que se ponga a esa ventana Ponte, Leonela, a esa ventana... (Quijote I)
que la quiero decir solas dos palabras que son de su manifiesta utilidad y servicio os quiero hablar aparte dos palabras (Quijote II)

diréle unas palabras que sé al oído (La cueva de Salamanca)
Huy, huy, dijo la dueña, en eso por cierto está mi señora... dijo la dueña (frec)
Sepa, señor mío, que no es de las que piensa, sepa, señor mío, que no he de pelear (Quijote II)
porque es mi señora muy principal, muy honesta, muy recogida... porque es mi señora (Quijote II)
tan recogida y tan honesta era yo como cuantas doncellas hallarse pudieran
y no hará lo que Vuestra Merced le suplica, aunque le cubriesen de perlas. haré lo que vuesa merced me manda, aunque no sé para qué hay necesidad... (Quijote II)
de perlas (frec)

 

No sé realmente por dónde empezar. La densidad de concomitancias es tal que deberían sobrar los comentarios. No hay en todo el pasaje de la TF una sola frase que no tenga su correspondiente equivalencia con otra del corpus cervantino. Y no podemos hablar, claro está, de vagas semejanzas o usos de época: la frase hecha “hacedme merced” viene precedida en la TF y en la novela ejemplar de “a lo cual “respondió / a lo cual dijo...” y seguida por “de decir / de decirme”. La acción de asomarse a la ventana se expresa en los mismos términos:“que se ponga a esa ventana / ponte a esa ventana”; y lo mismo cuando hay que hablar algo en secreto: “quiero decir solas dos palabras / quiero hablar aparte dos palabras”. Otras combinaciones son igualmente llamativas: “sepa, señor mío”, “porque es mi señor” y, sobre todo, “haré/hará lo que Vuestra Merced... suplica/manda..., aunque...”, que es casi un calco de la otra. ¿Casualidad? Pasemos al siguiente pasaje:

 

La tía fingida Ragionamenti
Que su señora... estaba tan pulcela como su madre la parió..., mas que con todo eso, para su merced, que no habría puerta de su señora cerrada. Respondióla el caballero... le declarase la verdad... la cual era ... que su Señora estaba de tres mercados... y acabó con ella, que aquella misma noche lo encerrase en casa... y él quedó pensando en su ida y aguardando la noche que le parecía se tardaba mil años según deseaba e la mia figliuola, più pura che un colombo,... e rispondo a un servidor di messer tale: «Egli è il vero che Pippa mia ci è stata colta... non ci ha colpa, e da leal Nanna, una volta sola ha consentito... ti desidera, facendogli parer mille anni lo aspettarti una ora

 

No es cuestión de cebarse con el bueno de Icaza. La estética realista de los modelos vivos hace ya mucho que dejó de llevarse, como el concepto de originalidad que nuestros bisabuelos tenían; hoy, a veces con un celo igualmente pernicioso, apreciamos mucho más el juego intertextual, los guiños a la tradición o el reciclaje continuo que se hace con las formas del pasado y del inmediato presente. El autor de la TF debió leer al Aretino, como leyó, sin duda, la literatura celestinesca, pero nada más. Este pasaje y todos los otros pasajes aducidos por Icaza son sólo ecos (y a veces muy lejanos) de toda esa tradición, ecos y sólo ecos, porque la voz, como vamos a ver, tiene el timbre inconfundible de Miguel de Cervantes Saavedra.

 

La tía fingida Textos cervantinos
Que su señora estaba tan pulcela como su madre la parió está encantada como la madre que la parió (Quijote II)
mas que con todo eso, para su merced pero que con todo eso sus enemigos le acabaran (La señora Cornelia)
que no habría puerta de su señora cerrada no habría navaja que con más facilidad rapase a vuestras mercedes

ya no había puertas, ni llaves que lo impidiesen (Celoso Extremeño)
Respondióla el caballero... Respondióla el pastor a la intención (Persiles)
le declarase la verdad mejor declaraba esta verdad
le declarase (frec)
y acabó con ella que acabó con ella en un punto
que aquella misma noche lo encerrase en casa que aquella misma noche del día que sucedió esta plática

en cómo aquella noche se encerrase en la estancia de Croriano
aguardando la noche le aguardaré ese día
que le parecía se tardaba mil años según deseaba que le parecía que andaba más recatada que solía (La ilustre fregona)

se tardaba en la respuesta (Galatea)

Las largas noches del escabroso deciembre ... dieron... pesadumbre al amante... según deseaba la nueva luz (Galatea)

 

Las palabras, en efecto, son de todos y de ninguno. Aisladamente, "respondióla", "como la madre que la parió", "acabó con ella", o "aquella misma noche" son combinaciones "fútiles". Ahora bien: por muy fútiles que sean, si en cada párrafo que cotejamos nos aparecen indefectiblemente dos o tres de ellas, hay que pensar en algún tipo de relación por una mera cuestión de estadística; mucho más, claro está, si algunas operan en un mismo contexto. Tomemos, por ejemplo, "aquella misma noche". Se encuentra en el corpus cervantino varias veces y en una de ellas arrastra consigo la misma forma verbal "encerrase". Pasemos a la siguiente oración: "aguardando la noche que le parecía se tardaba mil años según deseaba". Llama la atención, una vez más, la aglutinación de frases idénticas entresacadas del corpus cervantino, pero más aún que "noche" y "según deseaba" aparezcan en una situación exacta tanto en la TF como en La Galatea; es decir, la del amante que espera impaciente.

Fijémonos ahora en el tercer pasaje que nos proporciona Icaza:

 

La tía fingida Ragionamenti
Muchas veces te he dicho, Esperanza mía, que no se te pasen de la memoria los consejos, los documentos y advertencias que te he dado siempre: los cuales si los guardas como debes y me has prometido, te servirán de tanta utilidad y provecho cuanto la mesma experiencia y tiempo, que es maestro Speranza, io ti vo' insegnar qui a cavar con la tua gentilezza il core a ognuno.
... se farai a mio senno, se aprirai ben le orecchie ai miei ricordi, beata te... Caso che tu voglia ascoltarmi e lasciar di baloccare ad ogni pelo che vola, avendo il capo ai grilli come usi di fare mentre io ti rammento il tuo utile... tu mi attenda senza trasognare, e fà conto che io sia il maestro

 

La relación formal entre la TF y este pasaje recosido por Icaza vuelve a ser escaso; hay, seguramente, una deuda temática con el diálogo "di messer Pietro Aretino nel quale la nanna ... insegna a la Pippa sua figliuola a esser puttana", pero los consejos y advertencias que la tía le da a la sobrina no pueden sonar más a Cervantes e incluso a don Quijote. Veamos:

 

La tía fingida Textos cervantinos
Muchas veces te he dicho como ya muchas veces te he dicho (Quijote I)
Esperanza mía, que no se te pasen de la memoria los consejos, los documentos y advertencias que te he dado siempre, los cuales si los guardas como debes y me has prometido, te servirán de tanta utilidad y provecho No se te pasen de la memoria, Chirinos, mis advertimientos principalmente los que te he dado para este nuevo embuste (Retablo)
pasa y repasa los consejos y documentos que te di por escrito... y verás como hallas en ellos, si los guardas, una ayuda de costa (Quijote II)
cuanto la mesma experiencia y tiempo, que es maestro dejad el cuidado al tiempo, que es gran maestro (Las dos doncellas)

 

El paralelismo de frases es total. Además, como en los otros pasajes ya comentados -aunque más acentuado aquí, si cabe- las repeticiones verbales surgen en contextos semejantes: "los consejos, los documentos y advertencias" que la dueña le pide a Esperanza que no olvide ("no se te pasen de la memoria") tienen su correspondencia casi exacta con los "advertimientos" que Chanfalla le da a Chirinos o con "los consejos y documentos" que don Quijote le dio a Sancho por escrito antes de que su escudero partiera para la Ínsula de Barataria. Desde luego una taracea así procedente de varios textos distintos no puede ser producto del azar; queda sólo la posibilidad de un imitador. ¿Es ello posible? Lo diré pronto, bien y en recio castellano: ni por pienso. Y, entre otras cosas, por esto: la TF, como muy tarde, se escribe en 1609; el Retablo de las maravillas y la Segunda Parte del Quijote están publicados en 1615, lo cual hace materialmente imposible que nadie leyera esas frases previamente.

No creo necesario seguir con el análisis detenido; los pocos escépticos que todavía queden pueden comprobar en el apéndice I, incluido al final, que todos los pasajes citados por Icaza como imitaciones presentan casi en cada renglón una equivalencia verbal con la obra de Cervantes. Esta constante no es casual: se da sólo y exclusivamente cuando se cotejan textos de un mismo autor o textos plagiados. La simple imitación no basta. El Quijote de Avellaneda, por ejemplo, apenas presenta rasgos iguales con todo el corpus cervantino en las primeras mil palabras; por el contrario, la misma operación llevada a cabo con seis novelas ejemplares nos depara aproximadamente los mismos números que la TF (ver apéndice II). Pero lo mismo ocurre si cotejamos una obra como la Numancia, en la cual encontramos, en poco menos de 150 palabras, hasta 6 combinaciones verbales casi idénticas con otros textos cervantinos (Apéndice III). En cambio, si hacemos la misma operación con El saco de Roma de Juan de la Cueva, no hay una sola en más de mil versos. Y lo mismo sucede si el cotejo se hace con las novelas de María de Zayas o con el Guzmán de Alfarache.

En fin, otros, si lo desean, podrán proseguir a conciencia el análisis estilístico, pero a mí me parece que con lo visto hasta ahora hay ya datos más que de sobra para afirmar sin el menor atisbo de duda que la TF es tan de Cervantes como La gitanilla, La ilustre fregona o El vizcaíno fingido. Deberíamos sentirnos felices por ello, pero no orgullosos: Bosarte, con el ordenador que tengo aquí delante, lo hubiera resuelto hace doscientos años.



 

Continua

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Notas


[1] "El ventero se llegó al cura y le dio unos papeles, diciéndole que los había hallado en un aforro de la maleta donde se halló la Novela del curioso impertinente... El cura se lo agradeció, y, abriéndolos luego, vio que al principio de lo escrito decía: Novela de Rinconete y Cortadillo, por donde entendió ser alguna novela y coligió que, pues la del Curioso impertinente había sido buena, que también lo sería aquélla, pues podría ser fuesen todas de un mesmo autor; y así, la guardó, con prosupuesto de leerla cuando tuviese comodidad".

[2] Los estudios en torno a la TF son numerosos. Recientemente Jorge García López, en su edición a Las novelas ejemplares, Editorial Crítica, Barcelona, 2001, hace un exhaustivo y modélico repaso del estado de la cuestión. Todo interesado en el polémico asunto debe leer, además, R. Foulché-Delbosc, "Étude sur La tía fingida" Revue Hispanique, IV (1899), pp. 256-306; Juan Apráiz, Juicio de "La tía fingida": copia de tres ediciones raras y edición crítica de esta novela, bibliografía razonada de la misma y elenco de voces y frases que hay en ella al par que en otras obras de Cervantes Madrid, Impr. de sucesores de Hernando, 1906; Francisco Icaza, De cómo y por qué "La tía fingida" no es de Cervantes, y otros nuevos estudios cervantinos, Madrid, 1916; y Márquez Villanueva, "La tía fingida: literatura universitaria" en Trabajos y días cervantinos, Alcalá de Henares, 1995.

[3] "La tía fingida: literatura universitaria", ed. cit., p. 158.

[4] Agustín García Arrieta, El espíritu de Miguel de Cervantes… pp. xxxvi-xxxvii (Foulché-Delbosc, ed. cit., p. 275).

[5] Decir que el autor de la TF "sea el incomparable Cervantes no hay para qué yo me detenga a demostrarlo. Pudiéralo hacer fácilmente, cotejando muchas de las expresiones, frases y modismos de esta Novela con otras que se registran en sus obras y que son hermanas carnales de éstas, por no decir idénticas; lo mismo que su giro, su estilo y su lenguaje, tan suyos y tan singulares, que no pueden equivocarse con los de ningún otro escritor. Pero esto sería hacer bien poco al discernimiento del lector, pues estoy seguro del que menos versado en la lectura de las obras de Cervantes conocerá a las primeras líneas de ésta que es hija legítima del escritor alegre, del regocijo de las musas, del famoso todo, y aun conocerá asimismo que es la más elegante, la más donosa y felizmente escrita no sólo de todas sus novelas, sino aun de todas sus obras", Foulché-Delbosc, p. 277.

[6] "Pues aunque en ninguna de las tres novelas del ms. Porras se expresa el autor, no dudamos serlo Cervantes de las dos últimas, ni podemos dudar que lo fue también de la primera si atendemos a su estilo y sus alusiones...", Foulché-Delbosc, p. 277.

[7] "disputar aquí más ahora si es o no de Cervantes La tía fingida, sería en nuestro sentir disputar a nuestros más discretos lectores el sentido común. Basta tener ojos en la cara para reconocer la mano de este gran pintor de la naturaleza en el rasgo más descuidado de su pincel vivaz. ¿Con cuáles podrán disputarse las líneas de Apeles? No hace, pues, falta alguna para acreditar que Cervantes hizo este cuadro moral de la humana flaqueza, el Cervantes fecit. Empeñarse, por otra parte, en hacer ver que no puede ser de otro, a personas que en este ramo de Bellas-letras no aciertan a distinguir de estilos ni colores, fuera empeño impertinente", Foulché-Delbosc, p. 282.

[8] «Les dissertations plus ou moins ingenieuses sur les ressemblances de style et l'air de famille ne conduiront jamais à une certitude: On ferait sagement, en Espagne, de se mefier de cette tendance au dogmatisme dont le manifestations sont par trop fréquentes, et de se rappeler qu'en matiere de recherches littéraires comme en bien d'autres, il est sage de professer parfois un agnoticisme resigné ", " Étude sur La tía fingida», ed. cit., p. 289.

[9] Adolfo Bonilla San Martín, Cervantes y su obra... la tía fingida, Francisco Beltrán, Madrid, 1916.

[10] De cómo y por qué la tía fingida no es de Cervantes, en Obras completas, tomo IV, p. 35.






— per citare questo articolo:

Artifara, n. 2, (gennaio - giugno 2003), sezione Monographica, http://www.artifara.com/rivista2/testi/tiafingida.asp


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ISSN: 1594-378X


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