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Alejandro Sawa, Articoli dimenticati

edizione di Luigi Motta

 

Alejandro Sawa

Alejandro Sawa

Appositamente per il primo numero di Artifara vengono raccolti ed esaminati alcuni testi non ancora conosciuti o mai sin d’ora commentati dai critici occupatisi dell’insieme degli articoli apparsi su pubblicazioni differenti in un periodo che va dal 1885 sino agli ultimi giorni di vita dell’autore. Partendo col considerare l’intera produzione giornalistica sawiana una sorta di percorso vitale trasposto esteticamente per l’esigenza di manifestare il proprio io artistico altrimenti inesprimibile, si è scelto di affiancare all'apparato critico destinato a evidenziare i problemi ecdotici una serie di note il cui contenuto, oltre che mirato ad affrontare gli aspetti di tipo storico, analizza alcuni argomenti stilistici che trovano corrispondenza nelle questioni trattate nello studio Il giornalismo vitalista di Alejandro Sawa, pubblicato sempre in questo numero. All’interno del gruppo esaminato solo tre pezzi non ebbero una riedizione parziale; alcuni furono inclusi esclusivamente all’interno di Iluminaciones en la sombra mentre altri vennero ricopiati in parte e riadattati per riviste ed epoche diverse o furono essi stessi seconde versioni di originali lontani nel tempo. La tabella successiva mostra i necessari dati di riferimento [a] ; in nota ad ogni articolo si esamineranno poi varianti, aggiunte e omissioni rispetto alle altre testate in cui furono presentati:

 

 

 

N.

Periodico e Titolo

Numero,

Anno, Pagina

Data

1

ABC, Gacetilla eterna

59 - I – s.p.

13/10/1903

2

ABC, Días pasados

85 - II - 2-3

12/01/1904

3

ABC, Días pasados

88 - II - 6-7

23/01/1904

4

ABC, Días pasados

93 - II - 4

10/02/1904

5

ABC, Días pasados

94 - II - 1

17/02/1904

6

Alma Española, Necrología

XXII – II - 8

23/04/1904

7

Alma Española, Jornada histórica

XXIII - II - 4

30/04/1904

8

Don Quijote, ¡Aleluïa!

14bis - XI - s.p.

04/1902

9

El Imparcial, Moral política

14852 - XLII - 3-4

20/07/1908

10

La Lucha, Crónica

9 - I – 2

03/04/1904

11

La Lucha, Historia vulgar

12 - I – 2

23/04/1904

12

La Lucha, Tristezas

13 - I – 5

30/04/1904

 

 


 

ABC                                                                                                                

13 de octubre de 1903

N° 59

Año I, s.p.

 

Gacetilla eterna [b]

 

Un[1] hombre y una mujer, de fisonomía moral más ó menos definida, se encuentran por la vida, se olisquean como los brutos ó se saludan arrobados como los serafines de Swedemborg, y se ayuntan. Los ha rozado con sus alas el amor al pasar junto á ellos. Están ya para siempre, ó para un largo lapso de tiempo, malditos y bendecidos. ¡El fuego[2] bello y terrible!

Ella es duquesa ó menestrala; él es príncipe ó villano. Son, á fin de cuentas. un hombre y una mujer ungidos por la ley de inmortalidad, que reverdece los campos to­das las primaveras y hace la vida amable muchas veces. Idéntica ley preside el amor de Romeo y Julieta y las nupcias del lobo y de la loba...

Todas las hembras superiores de la escala animal hu­yen para ser alcanzadas. La mujer coquetea, el hombre se torna arisco. Y un día el sol se nubla y la palabra sale casi inarticulada, con fonetismos rugientes, del fondo de la boca humana. Son esos los fatales equinoccios propios de los mares y de las almas, que tan bien conocen los nautas y los enamorados.

¿Que hubo naufragio; que un hombre ó una mujer fueros sorbidos por la gran avaricia del mar? No se pue­de culpar sino á la vida, que así lo tiene dispuesto.

Muchos desean intensamente, más preocupados de lo ético que de lo estético, que no fuera así. Pero ¿acaso hay modo de suprimir la tempestad, el terremoto y el rayo, ni tampoco las potentes marejadas de las almas?

Todos los días la Prensa[3], como reflejo escrito que es de la vida, tiene a su cargo la relación de un crimen, y todos los días es de ver el llantear unánime con que los periódicos comentan el naturalísimo fenómeno, que tuvo en Caín su gran aborigen y su más corpulenta representación[4] en la mala raza de los conquistadores.

Creo yo, contra todo el torrente de la vulgar -y por eso formidable- psiquiatría gacetilleresca,[5] que la extensión de la cultura más bien favorece que traba el desarrollo del crimen pasional. En Mogador ó en Tananarive es mucho menos frecuente que en París ó en Londres. Ninguna civilización histórica ha sido bastante, ¿qué digo para cambiar? para modificar simplemente[6], las entrañas del hombre.

La misma cantidad de bilis segrega el hígado moderno que el hígado ancestral, y Hobbes dijo, hace cerca de trescientos años que el hombre es un lobo con respecto al hombre: homo hominis, lupus.

Ojeo[7] un grueso cuaderno de estadísticas y en él advierto que España, según el último censo oficial, con una población de 19.000.000[8], tiene, descontando los menores de diez años, 11.874.890[9] analfabetos. En Francia son escasos. Leed, sin embargo, la Prensa[10] francesa. Da horror. Penden de sus columnas, como de los garfios de[11] una carnicería, diariamente, constantemente, los restos descuartizados, formando legión de víctimas y victimarios inmolados, ante la gran efigie invisible y ubicua del siniestro Molloch, que parece presidir los destinos de la vida. Los crímenes ingleses superan en horror á todo lo que Hoffmann-pudiera ver en el fondo de su gran jarro de cerveza negra.

No deduciréis de eso que el pueblo inglés sea el más liviano[12] de la tierra. Con el mismo rutinarismo histórico y fatal se desencajan las entrañas de la madre inglesa para echar á la vida á Shakespeare que á Jack el destripador. El vicio y la virtud son inmortales. La pasión también. Por eso, de toda eternidad, el hombre ama y odia: tiene igualmente apercibidos la dentellada y el beso. ¿Os vais a maravillar de que los Océanos tengan mareas y los hombres pleamares de angustias y deseos impotentes que se resuelven en sangre?

No quiero practicar la moral del mundo. Mi compasión abarca entre sus brazos al matador y a la víctima al pobre resto humano traspasado airadamente de boquetes sangrientos por donde la vida se fué, y al trágico desdichado que viéndose en un in pace hizo uso del hierro para salir, para matar. Porque no se mata así como así. ¿Sabéis cuántos como temblores de tierra; temblores de alma, se habrán producido en el mísero que alza su mano armada para romper de una vez y cruentamente todo cuanto amaba, lo que más amó sobre la tierra? Y además, que el homicida queda de pie; buen amasijo de carne para los saladeros penitenciarios...

A medida que avanzo por la ruta mortal, siento cómo se funden todos mis rencores en una gran misericordia. Y á pesar de las bellas puestas de sol, de las euritinias [sic] femeninas y de los[13] dulces días primaverales, vivir es tan amargo, que á las veces se me antoja como una extraña condena.[14] Largas caravanas de forzados son las generaciones, y de entre ellas, los díscolos y los anormales no son[15] los menos dignos de compasión.

«No matarás, es uno de los tres ó cuatro preceptos perdurables[16] de todas las religiones. Vése[17] en ello prueba de que el legislador religioso ha previsto la inmortalidad[18] de la ira, del odio, de la violencia, la inmortalidad[19] del mal sobre la tierra.»

Por eso, en mi sentir, la compasión por la víctima no expresa sino el cumplimiento de la mitad del deber: la otra mitad consiste, en compadecer también al delincuente, que cuando no es un loco furioso, es un desdichado que negó á su madre y quedó perdido para siempre, en el momento, después del de nacer, más culminantemente fatal de su triste destino humano...

 

Alejandro Sawa

 


 

ABC                                                                                                          

12 de enero de 1904

N° 85

Año II, págs. 2-3

 

Días pasados [c]

 

A B C publicaba en una de sus últimos números el retrato de Geraldine Farrar, la donosa cantante americana que ha suscitado tan fiero equinoccio de amor en el corazón del príncipe heredero de Alemania.

Vuelve la Crónica a hallar actualidad en esa figura de mujer, porque se presta al Kaiser la intención de hacer expulsar de sus Estados a la intérprete de Manon, á la heroína de este cuento azul, cuajado en plena realidad.

Que discutan otros la oportunidad y la justicia de tal medida. Yo me encuentro con la palabra Amor en mi relato, y como siempre que esto me ocurre, me detengo vacilante y confuso como ante el dintel de un mundo. Y pienso que isócronamente, monótonamente, los hombres desde el más confuso alborear de las edades, balbucean las letras iniciales del amor sin llegar á formar un alfabeto racional nunca. ¿Es placer ó tormento, vida ó muerte? En todas las encrucijadas del Misterio hay ángeles de misericordia con el índice posado sobre los labios, en actitud de imponer silencio...

No, el amor no admite definiciones ni leyes. Es uno e infinito y alado, viaja de Polo á Polo, siempre igual y siempre distinto. Por eso danza eternamente al compás de tantos ritmos, sagrados algunas veces, profanos las más, en todas las latitudes de la tierra.

Y algunos lo ven bajo las apariencias de una bayadera que baila con un puñal clavado en las entrañas.

Ha muerto Marinoni. Si para hacerlas palpables, fuera preciso encarnar las ideas en las personas, de Marinoni podría decirse que era el negocio hecho hombre. Y pienso al decir esto en la famosa frase de Dumas: «el negocio es el dinero de los otros.»

No fué, á pesar del Petit Journal, un periodista, en el grave sentido de la palabra, sino un editor de periódicos. Ni un inventor tampoco, no obstante las máquinas de imprimir que llevan su nombre, sino un hábil y afortunado aprovechador de concepciones ajenas. A propósito de eso, he oído contar historias tenebrosas que son hace tiempo del dominio público, pero que aquí en España están ignoradas, á lo que veo. Y en un manicomio de los alrededores de París mostraban, no ha mucho tiempo, un pobre demente en quien la opinión se placía en reconocer al verdadero inventor de esas máquinas que no llevan su nombre...

Es un drama sin sangre, en cuyo desenlace se ve, de un lado el dolor convirtiéndose en locura, de otro la expoliación transformada en gloria.

Malos aires corrieron anteayer en Madrid para los amigos del modo político actual. Como un gas nuevo, se mascaba la tempestad en la atmósfera. Tratábase de protestar contra el Gobierno que nos rige, por el desdichado nombramiento de Nozaleda para la mitra de Valencia, y la gente se arremolinaba, formando imponentes vórtices de cólera, alrededor de los centros donde se sospechaba que debía partir el rayo...

No surgió. Ni un rayo, ni un hombre, quiero decir un hombre nuevo. Gárrulos oradores trataron baldíamente de caldear la atmósfera con el mismo concepto iracundo que. machaqueado y enrojecido á una temperatura brutal, perdió todo aspecto de idea y toda consistencia de arma, para, amorfo, quedar convertido en uno de tantos lugares comunes que no sirven ni aun para enriquecer las lenguas.

 

Alejandro Sawa

 

 


 

ABC                                                                                                         

23 de enero de 1904

N° 88

Año II, págs. 6-7

 

Días pasados [d]

 

Semana blanca la que acaba de transcurrir... Ni hechos ni hombres, nada que fijar ó que comentar en estas líneas hebdomadarias. Ciego ¡está claro! quien crea que porque el cráter no luce la altanería amenazadora de su penacho, el volcán está muerto y las entrañas de la tierra sin cólera. Lo mismo pasa en la vida de los pueblos que, como un ingente y perdurable cristal refleja la Historia. No se diría, porque el tren se detenga en una estación de tránsito que ha llegado al final de su carrera. Ni de la vida tampoco, cuya estación de llegada no se conocerá jamás...

Rusos y japoneses blancos y encarnados, irreconciliables enemigos del da y fantásticos partidarios del do... Hablemos de cosas más modestas y que, por serlo, están más cerca de nosotros, y entre ellas de la iniciativa justa y generosa que han tomado los aragoneses proponiendo á su paisano Cavia para uno de los sillones de la Academia Española.

En otra sazón y en otro lugar he hablado yo de Cavia en los términos encomiosos que merece. Créolo el escritor de más raza de cuantos manejan una pluma aquí en España. Y decía de él:[20] muchos se placen en verlo[21] vestido con la camisa del hombre feliz. Dice en sus decires cosas aparentemente alegres: tiene popularidad, cosa que para muchos, para casi todos, es el ideal y el fin de una vida; gana, dadas las sórdidas costumbres literarias del día, ampliamente su vida; fué amigo de Lagartijo y Gayarre; El Imparcial acata[22] sus genialidades; en los cafés y en los corrillos de la Puerta del Sol, que son los únicos centros intelectuales de la Corte, se cita elogiosamente su nombre y se comentan sus gestos; y sin embargo ¡que melancolizante visión la de ese joven pálido, viudo de todos los amores, que hace, al decir de sus comentaristas de su casa una Trapa, permaneciendo en ella largas temporadas sin salir, que prefiere la luz del gas á la gloria del sol, y el zinc de los mostradores venenosos al ancho panorama de los campos brindando amores y salud y vida![23]

Si las candidaturas de la Academia se cubrieran por sufragio literario, hace ya muchos años que Cavia ocuparía por unanimidad de votos el sillón innominado que Mariano José de Larra, su gran pariente por línea espiritual, no llegó á ocupar jamás...

Es un fantasma...

Es un fantasma de la modernidad, de la belleza, del tálamo, del hogar y del solio...

La exemperatriz Eugenia va á venir á pasar una temporada entre nosotros.

Conservo hondamente grabada la huella de su visión en el álbum ideal de cosas y personas que llevo enclaustrado más bien en el corazón que en el cerebro. Es una anciana muy triste, vestida siempre de negro, que no guarda en la retina reflejos del sol meridiano al bruñir la plata del Genil o del Darno, cuya larga toga de vividez no recuerda para nada los pliegues mayestáticos de aquella corona imperial que fue de Francia... Atraviesa todos los años la ciudad de París y se va, se va corriendo al galopar eurítmico de sus caballos desolados, y no se donde, á través del mundo, seguida por el macizo escuadrón de sus recuerdos.

La huelga de los trabajadores del mar, los motines de Tarragona, el incendio del gran número de instalaciones en la feria de Valencia, son hechos que aunque diferentes en sí, parecen obedecer en sus causas á idéntico empujón inicial: la incorregible ferocidad humana.

Los incendios de Valencia, sobre todo, pertenecen, si hemos de creer lo que á ese propósito se dice, á las más siniestras galerías de la neurosis criminal. Manos convulsionadas de locos, movidas por livianos intereses, prendieron fuego á las más vistas barracas del Real de la feria, holgándose de la infamia, por anticipado, sus autores, en amenazadores avisos que hicieron circular profusamente por toda la ciudad.

Y aquí nos detenemos. Porque tales hechos sólo pueden comentarse con la carnicera lógica del odio.

 

Alejandro Sawa

 


 

ABC                                                                                                         

10 de febrero de 1904

N° 93

Año II, pág. 4

 

Días pasados [e]

 

Semana de pasión ésta en que, como inficionados por un mal aire, un tropel de gente ha buscado en la muerte la máxima[24] razón de la vida... Un hombre se ha rociado el cuerpo con petróleo y se ha puesto fuego después; otro ha salido trágicamente al encuentro de un tren en marcha; un tercero...

Pero el caso, no por lo común menos interesante, que yo desearía grabar á punzón, si me fuera posible, es el de esa bella joven que, lacerada por los ácidos de un amor no correspondido, dió cita y acudió puntualmente á ella, dió cita á la muerte allá en las rientes vecindades de la Moncloa. Contaba apenas veinte años, estaba ungida con el don supremamente aristocrático de la gracia; el día[25] era espléndido, clemente al dolor humano;[26] los enamorados pasaban rimando su insenescente canción de vida; jugaban los niños bajo la cúpula añil del cielo; trinaban los pajarillos sobre los doseles nupciales de las arboledas, y mientras tanto, aquel hermoso troquel de razas futuras se rompía...

Pues bien: esa niña que no quiso ser mujer, era[27] más que un atleta. Levantar veinte[28] kilos á pulso no requiere sino un mecanismo sólido de los bíceps y de los riñones. Pero coger á pulso la vida, la propia vida, y tirarla á la nada de una sacudida heroica y mortal, eso[29] es, cuando se tiene veinte años[30] y todo es alrededor nuestro, hasta donde quiera que la vista alcanza, auroras y rosicleres, eso es la epopeya de un ser, no menos grande que la epopeya de un pueblo.[31] A los treinta años, con el paladar amargado por las bascas de la existencia, es lógico[32] morir voluntariamente, y más allá de los cincuenta llegaré[33] á decir, si me apuran mucho, que es hasta digno... Pero morir en plena florescencia de belleza y por[34] propio arbitrio, á los veinte... Yo[35] no conozco motivos más lúgubres para el duelo.[36]

Murió de hambre. Un hermano nuestro ha muerto de hambre, en Madrid, en pleno día, sobre el empedrado de la calle. Esta noticia es de ayer, pero lo mismo podría ser de la víspera, ó de la antevíspera, ó de hace un mes ó ciento. Es la vieja infamia eternamente renovada. La fiera tiene su cubil y su ración de vida palpitante; pero hay en estas sociedades que se llaman á sí propias civilizadas, hombres que carecen de un boquete bajo techado en que cobijarse y que, faltos de todo, se  acuestan donde los perros vagabundos repugnarían hacerlo, y viven -mueren ¿no sería mejor?- de lo que seria un detritus hasta para los gusanos que surgen y se regodean en los cuerpos muertos. ¿Pobres transeúntes de la vida consagrados reyes de la creación por decreto de la Historia Natural que enseñan en los colegios, y destituidos de cuantos derechos alcanzan á los micos!

Bueno: pues al día siguiente de celebrarse el baile de caridad organizado por la condesa de San Luis, un hombre en Madrid se murió de hambre

La prisión arbitraria del Sr. Oneca, autor del melodrama titulado Los vampiros del pueblo, recientemente estrenado en el teatro de Novedades, no podía prevalecer. Hubiera marcado, si no, con la demencia de los gobernantes, la agonía de un régimen. En estas latitudes del planeta y á estas alturas de tiempo, esas mordazas y esos hierros no son ya posibles. Con la cabeza nimbada de luz y las plantas sólidamente posadas en el continente de que forma parte, España está resuelta á no continuar siendo una negación y un anacronismo en las luchas mondiales por la dignidad y la justicia. Roído de idiotez el que no lo vea.

La vasta alma de Dicenta clamó desde las columnas de un periódico vertical contra el hecho á que sirven estas líneas de iracundo comentario é hizo un llamamiento en favor del Sr. Oneca. Dispone el tribuno de Juan José de todas las campanas del Kremlin para divulgar por los aires sus bellos gestos de rebeldía. Yo tengo también mi esquila, y allá van sus tintineos á sumarse con las magní­ficas vibraciones que escucho...

Ya es desde anteayer ún hecho la ruptura de relaciones entre Rusia y el Japón.

Tienen en España los asuntos internacionales muy es­casos aficionados; pero con todo, la simple enunciación de la palabra "guerra" es tan pródiga de lúgubres sugestiones, que la opinión del país, perezosa y mal advertida, parece como que comienza á incorporarse y á mirar con fijeza más allá de las fronteras y los mares.

Ni Rusia ni el Japón inspiran en España muy vehementes simpatías. Pero zumban en muchas memorias con fatigoso susurreo las frases agoreras que señalan en la hegemonía amarilla o en la moscovita la muerte de nuestras civilizaciones occidentales, y eso quizás, más que el duelo en sí de las dos grandes potencias, es lo que puede mantener tenso el interés de la opinión pública en España.

 

Alejandro Sawa

 


 

ABC                                                                                                          

17 de febrero de 1904

N° 94

Año II, pág. 1

 

Días pasados [f]

Leo: «11 de Febrero de 1873. - Proclamación de la República en España.» Y quedo absorto al pensar, ante el apercibimiento categórico del almanaque, en lo que un pueblo animado de voluntad pudo haber hecho en treinta y un años de vida vertical y de combate: en las tristezas de ayer, en las indeterminaciones medrosas de mañana...

Durante ese tiempo ¡qué sé yo! ha muerto un rey sin dejar sucesión masculina conocida; se ha consumido una regencia de diez y seis años; hemos quedado reducidos á las angostas proporciones de nuestro viejo hogar; fuego del cielo ha llovido sobre nuestras cabezas, y la imagen de la regeneración aparece cuando se evoca, no menos fría y lejana que esas estrellas del cielo que alumbran sin calentar... Ananké es una palabra que lo mismo se graba sobre el lomo de los hombres que de los pueblos.

Todo, dígase lo que se quiera, marea el estigma de nuestra debilidad.[37]

El día 12[38] se cumplió el tercer aniversario de la muerte de Campoamor, que fué nuestra última gran figura literaria. No vi en parte alguna flores nuevas nimbando su recuerdo... Los periódicos seguían ocupándose de si Villaverde, de si Montero...-Y al consignar el hecho, otra vez me ocurre quedar absorto.

Señor -me digo,- ¿por qué? Campoamor fué un hombre bueno y un hombre nuevo; Campoamor tuvo el sufragio de los ancianos, la adoración de las mujeres y la pleitesía de los mozos; dio toda su miel en sabrosísimos panales que afirmarán la insenescencia de la lengua castellana. Artista, labró alguna vez palabras, como un lapidario gemas; y pensador, tuvo huracanados coloquios con la Esfinge. El laurel fué familiar á sus sienes y como un ornamento natural de ellas, y al morir no quedó en toda la extensión literaria de España un solo mojón que obligara al viandante á detenerse, asombrado ó seducido...-Es la estepa, os digo, la estepa...

Poco creyente en los aniversarios, que, después de todo, no son sino una coincidencia casual de fechas, yo me pondré de acuerdo un día de salud y de sol con algún poeta y con una linda mujer, para los tres unidos, coger á brazadas todas las flores vistosas que podamos y formar con ellas el gran ramillete permanente y fresco que debemos al mago de las Doloras los enamorados, la Mujer y[39] los poetas...

 

Alejandro Sawa

 

 

 

 

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Apparato critico

 

[1] add. Para mi querido amigo el doctor Rovirosa. Recientemente, y en estas mismas columnas de El Liberal, se ha publicado un artículo en que el Amor y la Muerte eran como los dos polos de la esfera. Yo, pecador, también he gustado de glosar el tema inmortal, cuyas proporciones limitan á esto: Un     B

[2] juego bello    IL

[3] prensa     B

[4] más alta aristocracia en     B

[5] vulgar y por ende formidable psiquiatría reporteril, que   B || por ende formidable   IL

[6] modificar siquiera las     B

[7] Per errore IL trascrive Hojeo  un     IL

[8] de 19 millones, tiene     IL

[9] años, cerca de 12.000.000 de analfabetos     B

[10] prensa     B

[11] Per errore om. de     B

[12] más perverso de     IL

[13] de  estos dulces     B

[14] add. condena  sin redención posible. Largas     B

[15] add. son  , ciertamente, los     B

[16] preceptos  inmortales de      B

[17] Véase en     IL

[18] la  perdurabilidad de     B

[19] la  perdurabilidad del     B

[20] La parte che precede questa nota fu un’aggiunta in confronto all’originale pubblicato su Helios; rispetto a «Dietario de un alma», tuttavia, è del tutto mancante il seguente incipit, che, invece, fu nuovamente posto all’inizio della redazione riportata in Iluminaciones en la sombra (pag. 101); Ayer una carta de Rubén Darío –“Mariano de Cavia se muere, se está muriendo. Vamos á verlo.” Y abandonando citas, compromisos, quehaceres improrrogables, fui á su casa como quien va á un entierro... Por esta vez la alarma del corazón fue falsa. El enfermo no se quejaba de ninguno otro mal sino del insomnio. “No puedo dormir, mis nervios se burlan del cloral y de la morfina.” – Y al pasar por sus ojos -¡quién sabe!- quizás una idea de muerte, tuvo en los labios esta exclamación, tan propia de Atenas como de Beocia: “¡Cuán poco somos!”. Luego dijo que aquello le había herido como una puñalada, que se sintió muerto, que se vió morir. Los periódicos habían hablado de una fiebre catarral. Realmente fue un ataque de neurosismo. Rubén me contó, á ese propósito, historias de Pantagruel, que á Rabelais hubieran desazonado...  Muchos se || ataque de neurosis   IL

[21] en ver al ático cronista -¡cuán justo ahora, aquí, el adjetivo!- vestido     A/IL

[22] Imparcial respeta sus     A/IL

[23] Da qui in avanti il testo differisce completamente dall’originale su Helios. Si può affermare che Sawa eliminò solo un ultimo paragrafo, in quanto la parte restante fu poi ripresa in «Hace once años», El Imparcial (los lunes de), n. 14664, annoXLII, 13/01/1908, s.p. ||  Muy triste visión la de un hombre que pudo ser amado del Amor y de la Gloria – y que por poco se nos va de entre las manos expulsado por el empujón de un tabernero     A/IL

[24] la misma razón     IL

[25] Per le ragioni evidenziate nella nota introduttiva è assai diverso l’incipit dell’articolo originale. El otro día un niño murió en Madrid. Contaba apenas quince años, vivía en un lugar de árboles y pájaros allá por las rientes vecindades de la Moncloa;  el día     A

[26] día ,como propio de esta estación, era espléndido y clemente al pobre; los     A

[27] del cielo á cuantos juegos creó Dios para solaz eterno de la infancia, vivir era bello y dulce - y mientras tanto la pobre criatura que es asunto de estas líneas, clavaba en la pared un grueso clavo á la mayor altura que sus bracitos alcanzaron, suspendió de él una cuerda, se la ató al cuello y deshaciéndose bruscamente de la silla que fué pedestal de su vigorosa iniciativa de hombre y también peldaño de su voluntario cadalso, quedó suspendido en el vacío, como si sus alas al quebrarse tuviesen aún bastante fuerza de tensión para sostenerlo á unas cuantas cuartas por encima del ras de la tierra. / Los periódicos al dar cuenta de la noticia dijeron que el niño había comunicado á algunos camaradas, hacía ya tiempo, su propósito de suicidarse. / ¡La bella energía tronchada en flor al amanecer de una vida! / Yo cojo ese caso y quiero mirarlo, con atención: piadosamente también - ¡no fallaba más! - y hasta con mimo, como si el pobre niño aún pudiera llorar... Veo en él, como en un vasto conjunto que domino; una briosa, una muy gallarda manifestación de voluntad. ¡Ah la noble palabra á la que tratan los mansos de corazón de dar una significación plebeya! ¡Voluntad, reina del mundo! / Ese niño era aún más    A

[28] Levantar cien kilos     A

[29] y mortal ... eso      IL

[30] tiene quince años     A

[31] es la hazaña de un semidiós que hubiera vivido confundido entre nosotros. A     A

[32] A los treinta años es lógico     A

[33] cincuenta , llegaré      IL

[34] digno. Morir por     A

[35] los quince... Yo     A

[36] más tentadores para la Oda.   A || Sawa escluse il prosieguo dell’articolo originale dando vita a un testo che, viste le proporzioni di quanto aggiunse, può realmente definirsi assai differente; la parte finale su ABC non fu tuttavia poi ripresa in Iluminaciones en la sombra. Ecco invece a seguire la conclusione del pezzo originale pubblicato su La Correspondencia de España Los espíritus superficiales pueden ver en estas líneas que estampo algo como la apología de la voluntad... Ya sé yo que la voluntad se anfibia, que puede el bien y el mal, que tiene dos caras como Jano, que la vieja tradición cristiana se llamó el Arcánger Miguel y el diablo; pero del luminoso escuadrón de verbos que forman el habla humana, esta simple combinación de sílabas, que-rer, parece como un conjuro de los dioses y el hombre que se lo apropia y lo mete en su sangre como un principio orgánico de la vida, es siempre el hombre fuerte que todos los humanos quisieran ser: Napoleón en Dresde, Bismark en Versailles, Cecil Rhodes en África, el creador, en fin, de pie como una afirmación y un reto, sobre las eminencias de su obra.  / Me diréis que estos hombres, chispeantes como un puñado de pedrería,  son  excesivos  para   la gloria de un suicidio punto menos que anónimo, y cuya sola nota original está en la edad del protagonista. Pero yo respondo, insistiendo, que en esa circunstancia, la edad, está su grandeza. [a capo] Yo me figuro á ese niño, en sazón de extender el privilegio de sus alas, al frente de una expedición que tuviera por objeto remover las arenas africanas para inquirir los pródromos de nuestra vida histórica, al propio tiempo que, con el gesto augusto del sembrador que esparce la semilla, iba señalando el trazado de los nuevos caminos, que la Humanidad había de recorrer... / Yo me lo figuro, si su inteligencia corría parejas con su voluntad, encerrado meses y años en un laboratorio, á densísima distancia de la realidad ambiente, más hondo que una madrépora en el fondo de los mares y más alto también que un lucero en el firmamento, concurriendo, brujo del bien, brujo moderno, con Berthelot Pasteur, al triunfo definitivo de la vida... / Yo lo veo, según el curso de mi fantasía, en una plaza sitiada, al frente de la guarnición, por ejemplo de Santiago de Cuba, en la hora lúgubre de nuestros últimos desastres, respondiendo al sajón, que intimaba la entrega de las llaves de la ciudad, con la frase diamantina de heleno: «Ven á tomarlas...». / Yo creo profundamente que los hombres debemos vestirnos de duelo cuando alguna gran voluntad se extingue

[37] nuestra delicuescencia.   IL || add. De seguir de este modo, pulposos e invertebrados, habrá aquí en este viejo hogar, simbolizado por castillos y leonos, que arrojar sal, para que la vida no perdure ignominiosamente.     IL

[38] Días pasados se     IL

[39] los enamorados y los poetas     IL


 

 


Note

 

[a] Nelle successive collazioni verranno indicati con la lettera B e C i testi più recenti, mentre per gli originali si adopererà la lettera A; tali sigle verranno assegnate di volta in volta all’interno della prima nota introduttiva ad ogni testo, indicandole in corsivo e tra parentesi tonde; si citerà infine con l’acronimo IL l’eventuale riedizione, anche parziale, nel postumo Iluminaciones en la sombra.

[b] Come la maggioranza degli articoli di Alejandro Sawa, anche «Gacetilla eterna» (A) si presenta come un insieme frammentato in più parti, intendendo per frammentarietà discorsiva nella scrittura quel caratteristico modo di avvicinare all’interno di uno stesso articolo argomenti apparentemente distanti, mediante l’utilizzo di associazioni mentali che non rispettano nessun ordine cronologico-strutturale. E’ questo l’equivalente linguistico del voler rompere i limiti fra i codici definiti: usando un modo compositivo che rispettasse l’aspetto formale del linguaggio, egli riusciva a sovvertire le norme fondendo e con-fondendo le barriere fra linguaggio artistico ed espressione intima. Il tema amoroso che funge da filo conduttore si dimostra funzionale nel dimostrare come né l’individuo si converte in criminale per una predisposizione ereditaria ed ineluttabile, né la società può totalmente influenzarlo; una visione chiaramente contraria tanto a quella realista, quanto al determinismo dell’estetica naturalista. La fusione degli ambiti con conseguente rinnovamento della visione comunemente accettata, si completa e chiarisce tramite le seguenti affermazioni: “Mi compasión abarca entre sus brazos al matador y a la víctima [...]. A medida que avanzo por la ruta mortal, siento como se funden mis rencores en una gran misericordia [...]”. Un’ottica così moderna da richiamare sia le considerazioni di Foucault sui diversi metodi sociali di punizione ed esclusione in argomenti quali la follia e il carcere, sia anche alcune delle correnti dell’attuale criminologia americana o della filosofia new age, viene adoperata per suggerire la propria visione unitaria di quegli aspetti della realtà che assumono significato solo se non considerati separatamente ma come complementari. Il testo con aggiunte ed emendamenti venne riproposto a circa quattro anni di distanza in «Crónica. Un viejo tema» (B), El Liberal, n. 10081, anno XXIX, 29 maggio 1907, pp. 1-2; il primo e quindi il più vecchio dei due fu inserito quasi integralmente in Iluminaciones en la sombra (pagg. 119-21), come verrà di volta in volta segnalato in nota. Un’ultima considerazione prima di esaminare il corpo dell’articolo, per sottolineare come la scelta degli aggettivi eterna e viejo rimanda a un modo di intitolare i propri testi che in Sawa non fu mai casuale: l’autore cercò sempre di opporre alla concezione lineare del tempo l’immagine di una struttura circolare, ripetitiva e in ciò si fa evidente l’intenzione di percorrere un cammino vitalista, alternativo a quello adottato dall’ideologia dominante.

[c] Il testo del secondo articolo su ABC non ebbe alcuna riedizione successiva, né fu ripreso all’interno di Iluminaciones en la sombra. Le vicende di Geraldine Farrar e di un oscuro inventore che per non aver brevettato la propria creazione si vide privato oltre che della fama, dei mezzi di sussistenza, fatto questo che lo condusse alla follia, servono da spunto all’autore per condannare la grettezza delle regole borghesi che da una parte creavano limiti di casta invalicabili e dall’altra forgiavano modelli esclusivamente imperniati sul profitto e sull’arrivismo. Sawa afferma trattarsi di “...un drama sin sangre, en cuyo desenlace se ve, de un lado el dolor convirtiéndose en locura, de otro la expoliación transformada en gloria.”. Nell’immagine finale la delusione per la mancata comparsa di “un hombre nuevo”, un superuomo che facesse giustizia delle iniquità politiche; “la gente se arremolinaba, formando imponentes vórtices de cólera” è solo uno dei tanti esempi di come a livello linguistico si possa rendere il concetto di circolarità, tanto caro all’estetica dell’andaluso.

[d] Si ritrova in «Días pasados» (B) del 23 gennaio 1904 la frammentarietà tematica a cui si accennava rispetto all’articolo in apertura; sono, infatti, molti gli argomenti trattati e il filo logico che li lega è proprio l’alternarsi di ricordo, riflessione personale e pretesto estratto dalla cronaca quotidiana. L’attacco alle istituzioni ha stavolta come obiettivo la Real Academia, rea di non accettare nelle sue fila un letterato come Cavia: Sawa afferma che “Si las candidaturas de la Academia se cubrieran por sufragio literario, hace ya muchos años que Cavia ocuparía por unanimidad de votos el sillón innominado que Mariano José de Larra, su gran pariente por línea espiritual, no llegó a ocupar jamás”. Va notato come nel paragrafo riguardante la figura della ex imperatrice Eugenia, il sivigliano offra un esempio di scrittura vitalista proprio nella terminologia adoperata: utilizza, difatti, un’ampia serie di espressioni che richiamano il concetto di dinamicità come, ad esempio, le forme verbali atraviesa, se va, se va corriendo, galopar, seguida, unite ad aggettivi quali eurítmico e desolados. L’autore, servendosi della figura di questa anziana che vaga “a través del mundo”, unisce qui l’aspetto esteriore della vita all’interiore, quando afferma che la donna nel suo errare è “seguida por el macizo escuadrón de sus recuerdos”. Come si segnalerà, alcune parti del testo furono una riedizione di «Dietario de un alma» (A), Helios, s.n., anno XI, novembre 1903, pagg. 436-48; in Iluminaciones en la sombra appaiono alle pagg. 101-3.

[e] In «Días pasados» (B) del 10 febbraio 1904 Alejandro Sawa ricorre all’espediente di affiancare due immagini distinte della morte per far risaltare la differenza tra un atto volontario al quale vengono assegnate connotazioni positive, coerentemente col suo credo estetico, e uno involontario, utilizzato, una volta in più, come denuncia dell’ipocrisia della società tutta. Se nel caso della “bella joven que, lacerada por los ácidos de un amor no correspondido, [...] dio cita a la muerte” il gesto estremo viene interpretato quale espressione della volontà del soggetto di manifestare la propria interiorità, la morte per stenti di un “hermano nuestro”, causata dall’indifferenza di fronte alla dilagante miseria, sottolinea lo squilibrio all’interno delle relazioni sociali, che si evidenzia nella frase “[...] pues al día siguiente de celebrarse el baile de caridad organizado por la condesa de San Luis, un hombre en Madrid se murió de hambre”. Il testo proposto è una parziale riedizione di «De la vida. Notas y comentarios» (A), La Correspondencia de España, n° 16334, anno LIV, 23/08/1903, s.p., suplemento dominical al n° 16633. Con le variazioni di soggetto che si notano nell’edizione qui presentata il brano fu ripreso anche alle pagg. 99-100 di Iluminaciones en la sombra.

[f] Nell’ultimo breve articolo su ABC intitolato «Días pasados», del 17 febbraio 1904, viene richiamato il tema delle commemorazioni, avvenimenti che Sawa considerava superflui in quanto in accordo col concetto di circolarità del tempo essi “no son sino una coincidencia casual de fechas”. Contrappone qui la rievocazione della nascita della Repubblica alla scarsa attenzione che venne data dai giornali dell’epoca al terzo anniversario della morte di Ramón de Campoamor e si domanda se non sarebbe stato meglio celebrare il ricordo di un grande poeta scomparso, che definisce nietzscheanamente “un hombre bueno y un hombre nuevo”, piuttosto che soffermare l’attenzione su di un evento che nella sostanza si rivelò un fallimento degli ideali democratici. Già qualche mese prima, in «Dietario de un alma», Helios, n. XII, anno I, dicembre 1903, pag. 570-6, l’autore aveva attribuito l’insuccesso del tentativo repubblicano all’incapacità dei quattro presidenti succedutisi. Aggiunge, inoltre, che “la imagen de la regeneración aparece cuando se evoca, no menos fría y lejana que esas estrellas del cielo que alumbran sin calentar...” e conclude con enfasi che riparerà lui stesso quell’incongruenza, recando “en un día de salud y de sol [...] todas las flores vistosas que podamos [...]”.  Il brano viene ripreso alle pagg. 146 e 168-9 di Iluminaciones en la sombra.

 


 

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